Bahía Blanca | Martes, 24 de marzo

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El mejor amigo del perro

“Son mi vida”, cuenta el bahiense Guillermo Bercu.
Fotos: Pablo Presti-LaNueva.

Por Pablo Goicochea / [email protected]

   Guillermo Bercu es bahiense y se gana la vida paseando perros. Dice que sin ellos se enferma.

   Tiene 51 años y no sabe leer ni escribir. Tampoco sabe cuándo es su cumpleaños. Solo aprendió a contar para manejar su plata. Y para que no lo estafen.

   —Los perritos son mi vida, si me los sacan me enfermo. Si no los tengo no tiene sentido mi vida.

   Cuenta que no pudo ir a la escuela porque desde chico su papá lo llevó a trabajar con el carro y el caballo.

   —Comprábamos botellas y fierros para juntar plata y no pude ir a la escuela.

   Con gorrito de lana, lentes alupados y una mochila donde lleva el agua para cuando tengan sed, se reparte entre las dos manos las sogas de varios colores. Y arranca a caminar con sus perros. Ninguno es suyo, pero los siente propios.

   Desde hace casi 5 años, todos los días, le da más de 8 vueltas a la plaza Rivadavia.

   —Todo empezó cuando me crucé un día en el ascensor con una señora que tiene un cocker. Empecé a jugar y me preguntó si quería llevarlo a pasear. Así nació.

   Guillermo cobra 100 pesos por semana. Hasta ahora tiene 8 perros. De eso vive y dice que le alcanza.

   De vez en cuando le sale alguna changa para cortar el pasto en casas. Antes se las rebuscaba recorriendo los barrios con su bici como afilador.

   —Me encanta porque cobro barato y me dan más perritos.

   Guillermo, que tiene una discapacidad en la vista, siempre fue soltero y no tiene hijos. Vive con su hermano atrás de la terminal de colectivos.

   No alcanza a cruzar la plaza que la mujer que tiene el puesto de flores en la esquina de Sarmiento y Chiclana lo saluda.

   —Todo el mundo me quiere, me aprecia. Soy muy sociable.

   El sol empieza a esconderse. Guillermo termina de entregar los perros y espera la 517 que lo lleva de nuevo a su casa.

“Nunca es tarde”

   Hace unos años, cuando Guillermo todavía no sabía contar, fue a un supermercado y lo estafaron. Pero lo dejó pasar. 

   A partir de ahí, pensó muchas veces en ir a la escuela, pero se le complica por el horario.

   —Me gustaría ir a la escuela para aprender un poco, para leer y poder firmar. Es un objetivo que tengo porque soy grande.