El peor de los miedos de Cristina
La presidente Cristina Fernández teme que sus enemigos políticos infiltren la marcha del silencio.
El objetivo, enrarecer aún más el complicado clima social y echarle la culpa al gobierno de las consecuencias y eventuales desmanes de ese accionar.
Ese es en síntesis el redondeo del análisis que la mandataria hizo el lunes por la tarde en una reunión con sus colaboradores en la residencia de Chapadmalal, a donde había llegado el domingo a la medianoche procedente de El Calafate junto a su familia.
De esa rueda de evaluación de lo que podría ocurrir en la marcha de esta tarde participaron el secretario de Seguridad, Sergio Berni; la ministra del área, María Cecilia Rodríguez; el secretario General de la presidencia, Aníbal Fernández, y hasta se dice que estuvieron también altos mandos del Ejército y de las fuerzas de seguridad.
El temor de la presidenta es que algún sector de la oposición o grupos violentos a los que se tilda de "enemigos" que actúan básicamente a través de las redes sociales, intenten infiltrar la manifestación ciudadana con el propósito de producir desmanes y luego echarles la culpa a los sectores afines al gobierno más radicalizados, como Miles, de Luis D´Elía; el Movimiento Quebracho, de Fernando Esteche, y eventualmente fuerzas de choque vinculadas a la conducción de La Cámpora.
Como para abonar aquella línea de análisis, cerca del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, insinuaron que la oposición y otros grupos concentrados buscan generar "un clima de golpe blando" contra el gobierno, idea que por su parte enarboló también en la víspera y con firma al pie uno de los fundadores de Carta Abierta, Eduardo Jozami.
Más allá de lo rebuscado de esos argumentos, la presidenta ordenó armar un gran operativo de seguridad en los alrededores de la marcha con fuerzas de seguridad desarmadas, una especie de "encerrona" para evitar que los presuntos grupos violentos puedan infiltrarse entre los manifestantes que marcharán desde el Congreso a la Plaza de Mayo.
El secretario de Seguridad quedó encargado por la presidenta de montar el operativo. Berni dispondrá de entre 500 y 700 efectivos policiales, entre los que actuarían, además, agentes de civil, pero con una modalidad novedosa: los uniformados se ubicaran a no menos de 300/400 metros de la marcha, en toda su extensión y a sus alrededores, para ser vistos lo menos posible y evitar provocaciones. El mediático funcionario aclaró ayer que los policías tienen orden estricta de no portar armas con balas con munición de guerra o de goma,y que sólo llevarán sus bastones reglamentarios.
De todas maneras, y aunque Berni o cualquier otro funcionario al tanto del operativo se cuidó de mencionarlo, el operativo de seguridad será mucho más amplio en prevención de incidentes. Detrás de la Casa Rosada se apostarán carros de asalto, carros hidrantes, y personal de la Guardia de Infantería de la Policía Federal, que solo podrán intervenir en un caso extremo y bien identificado de antemano: frente a la posibilidad de que grupos violentos o los eternos aprovechadores de río revuelto pretendan cruzar el vallado que divide en dos la Plaza de Mayo a la altura de la histórica Pirámide, como ocurrió la noche posterior a la muerte de Nisman.