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A los 79 años, falleció Carlos "Tite" Boismené

11/08/2017 | 23:44 | Un entrenador apasionado y reconocido a nivel nacional e internacional. Sus restos serán velados de 8 a 12:30 en Estomba 255, sala F.

Por Fernando Rodríguez / ferodriguez@lanueva.com

   “Si Dios me da suerte, voy a morir en una cancha”, dijo Carlos Boismené, en “La Nueva”, a principios de 2011, cuando estaba reinsertándose en el básquetbol local.

   El final no fue como él deseaba. Aunque, fiel a su carácter sanguíneo y temperamental resistió hasta que esta noche, a los 79 años, se apagó para siempre.

   Sus restos serán velados en Estomba 255, sala F, de 8 a 12:30.

   Tite dejó un vacío en el básquetbol bahiense y nacional.

   De su personalidad había generado un verdadero personaje. Gritón, motivador, verborragico y protestón dentro de la cancha, características que bien pueden resumirse en un motivo: su pasión por el básquetbol.

   Todo esto contrastaba con una personalidad jovial y alegre fuera del rectángulo.

   “En las vida tuve muchísima suerte, aunque siempre en lo que hice traté de dar el máximo”, supo reconocer.

   Boismené, marido de Hilda “Piper” Casares, padre de Pamela y abuelo de Valentín, creció en el club Independiente.

   En su época de jugador resultó un base limitado que logró, de máxima, el elogio en “La Nueva” de 1963, un recorte que tenía guardado en papel y grabado en su memoria: “Boismené crea situaciones que generalmente pasan inadvertidas a los aficionados comunes”, rememoró él mismo.

   De todos modos, a los 26 años se convirtió en entrenador, casi de casualidad, dirigiendo a Estudiantes, posteriormente campeón de Segunda.

   Después pasó por 9 de Julio, Comercial, Sportivo, Barracas, Leandro N. Alem, Napostá, Olimpo y Rivadavia de Necochea.

   Con el aurinegro llegó a consagrarse campeón Argentino de Clubes, en 1978 en Santiago del Estero.

   Su salto de calidad y exposición se lo dio la Liga Nacional, dirigiendo a Olimpo, Pacífico, Estudiantes y River, además de Regatas Corrientes (Liga B), en 1999.

   Este recorrido le permitió posicionarse para dirigir la selección nacional, en el Mundial 1990, torneo organizado en nuestro país y del cual no guardaba los mejores recuerdos.

   “No veía la hora de hacer las valijas y volverme, porque fue todo una vergüenza, tanto en lo deportivo como en lo que concierne a la organización”, apuntó alguna vez.

   De todas formas, continuó en el cargo y estuvo en el Sudamericano de 1991 en Venezuela y el Panamericano de 1992 en Cuba.

   A nivel clubes, en el exterior dirigió a Regatas Lima (Perú) y Trotamundos de Venezuela.

   En Perú tuvo un aviso, con una situación que lo dejó al borde de la muerte.

   “A mí me puede pasar cualquier cosa, menos sentir presión. Aunque dirigiendo un partido femenino en Perú (1995) me dio el aneurisma”, admitió.

   Esa vez pudo hacerle frente a la adversidad y hasta se dio el gusto de volver a dirigir.

   Hoy Tite perdió el partido, era difícil que pudiera ganarlo, aunque, como siempre, opuso resistencia. Costó que lo vencieran.

   “Hasta el día que me muera voy a seguir sintiéndome entrenador”, declaró hace 7 años.

   A partir de hoy, se puede afirmar que Tite será eternamente un entrenador que no pasó desapercibido por este mundo. Nació el 6 de abril de 1938.

   Hasta siempre profesor...