Karina Fassi continúa acortando la distancia con los sueños
Karina Fassi sigue cumpliendo desafíos; que también son sueños.
El último fin de semana esta especialista en nadar en aguas abiertas concretó dos recorridos importantes en lagos del sur del país. El sábado recorrió 1.500 metros en el Lago Espejo y al día siguiente se le animó al Nahuel Huapi, con 1.700 metros.
Su pasión por nadar, como publicáramos en varias notas de “La Nueva.”, surgió como consecuencia de un proceso de rehabilitación por espina bífida. Una lesión que se produjo en la médula, pero que le dejó secuelas en las piernas, con operaciones en los tobillos. A diferencia de otros casos, la zona sin sensibilidad se localiza de las rodillas hacia abajo. De todos modos caminar no es un obstáculo porque utiliza valvas ortopédicas. Un caso excepcional por ser ejemplo de esfuerzo y superación frente a diagnósticos pesimistas que la hubieran postrado definitivamente en una silla de ruedas.
"Todos los fines de semana vengo nadando en un desafío distinto. Ya no lo llamo rehabilitación, sino que es un entrenamiento, un disfrute. Siento que en cada brazada me abrazo a la vida. Tengo la oportunidad de vivir la independencia, de no tener que depender de una silla de ruedas", contó Karina.
El Desafío Nahuel Huapi, del que participaron 54 personas, comenzó en una playa próxima al Centro Cívico de Bariloche y concluyó en el balneario municipal Centenario. Fue supervisado por Prefectura Naval y por guardavidas del área de Deportes de Bariloche.
"Siempre aclaro que lo que más quiero es la vida. No me pongo en peligro en estos desafíos. Nado totalmente segura y tranquila. Aparte son desafíos organizados, en los que nos cuida personal de Prefectura, motos de agua y kayaks", señaló.
"Por ejemplo, el domingo tenía guardavidas siguiéndome en kayaks. Todo bajo autorización de Prefectura, porque había viajado unos días antes pero el Desafío no se hizo porque el agua estuvo a 5 grados de temperatura y presentó un oleaje muy fuerte", recordó esta bahiense criada en Cabildo.
"El domingo estuvo hermoso. Hubo oleaje, pero yo sentí que me ayudaba a nadar más rápido. Fue hermoso, lo disfruté mucho", agregó.
Al salir del agua, con la ayuda de sus amigas y compañeras Roxana Pescader y Laura Mavric, no tardaron en brindarle apoyo y cariño.
"Esto de las aguas abiertas me permitió conocer gente maravillosa. Se generan cadenas de favores. Cuando voy a nadar a algún lugar me ofrecen alojamiento, o se ofrecen a acompañarme o los guardavidas van con sus kayaks a mi lado. Cuando salí del Nahuel Huapi me vinieron a hacer una nota y yo temblaba del frío. Alguien, que ni conozco, me alcanzó un mate calentito; otra me acercó una campera. Y así...", recordó.
"Soy muy buena en resistencia. Puedo hacer 4 o 5 horas continuas de nado y salir a la orilla con una sonrisa. No soy veloz porque no puedo usar las piernas para patalear; nado sólo con los brazos. Y nunca me detengo, sobre todo en los lagos. Ahí está la clave, ya que muchos abandonan por el frío. Mi nado sería como un trote. Con ese ritmo puedo hacer cada vez más kilómetros. La semana pasada me hice estudios del corazón y me dieron perfecto", cerró.
No podía ser de otra manera.