Aunque suele quedar opacada por la batata, la papa es un tubérculo lleno de nutrientes que refuerzan funciones clave del cuerpo, dan energía y sostienen el sistema inmunitario. El problema no es la papa, sino cómo la solemos preparar.
Una papa mediana aporta carbohidratos complejos que se digieren lentamente, brindan energía sostenida y ayudan a mantener la saciedad. Evita los picos de azúcar combinándolas con proteínas, grasas saludables y verduras.
Las papas son ricas en vitamina C (25% del valor diario), antioxidantes y polifenoles que reducen inflamación, protegen células y fortalecen las defensas. También contienen vitamina B6, clave para la salud mental y cardiovascular.
Una sola papa mediana ofrece alrededor de 900 mg de potasio, mucho más que un plátano. Este mineral es vital para músculos, nervios y control de la presión arterial.
La cáscara concentra gran parte de la fibra y los fenoles. Las variedades de colores oscuros —como las papas moradas y rojas— suman antocianinas que favorecen la salud cardiovascular y cognitiva.
Al horno, asadas o hervidas, son prácticamente libres de grasa y más nutritivas que pasta o arroz blanco. Evitá la manteca, crema o frituras: con un chorrito de oliva ya tenés un plato potente y sano.