El cofundador de Microsoft, que invirtió miles de millones en combatir el cambio climático, acaba de publicar un memorándum donde modera su postura: ya no habla de “catástrofe global”, sino de adaptación y oportunidades para mejorar la vida en el mundo en desarrollo.
Gates sostiene que el cambio climático no acabará con la humanidad. Asegura que las personas podrán “vivir y prosperar” en la mayoría de los lugares del planeta, aunque las consecuencias serán más duras para los países pobres.
Cuatro años después de publicar Cómo evitar un desastre climático, Gates reorienta su filantropía: menos foco en reducir emisiones a corto plazo, más en proyectos que mejoren la energía limpia y la calidad de vida en regiones vulnerables.
Critica la “perspectiva catastrofista” que domina el debate y pide dejar de medir el progreso solo por la temperatura. Según Gates, el miedo paraliza y desvía recursos de soluciones más eficaces: innovación, agricultura sostenible y energía accesible.
Aunque reduce la Fundación Gates y recorta su grupo de política climática, mantiene sus apuestas en tecnologías limpias como la energía nuclear. Su empresa TerraPower acaba de conseguir aprobación federal en EE.UU. para un nuevo tipo de reactor.
Mientras los científicos alertan sobre récords de calor y puntos de no retorno, Gates propone centrarse en el progreso y la resiliencia humana. Algunos ven una estrategia política; otros, una forma más efectiva de inspirar acción.