Bahía Blanca | Jueves, 18 de abril

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La finta de Fruet y el vuelo de Cabrera que llegaron al despacho de un intendente

Un clásico del basquet, la pasión y el talento en el parqué del Osvaldo Casanova, la rivalidad de dos grandes, el ojo de un talentoso detrás de una cámara. Una historia que se ganó su lugar en el despacho de un jefe comunal

La oficina que ocupa el intendente municipal en el palacio comunal ha tenido en sus paredes diferentes retratos a lo largo del tiempo.

Si bien desde el regreso de la democracia, en 1983, el protagonismo lo tiene “Proa a pleno Sol”, el cuadro de Benito Quinquela Martín, en el tiempo esa decoración fue variada.

Proa al Sol, la obra de Quinquela Martín

Cuando en 1947 asumió el primer gobierno peronista, el flamante jefe comunal Rafael Laplaza sumó a las fotos Caronti y otro prócer las del presidente Juan Domingo Perón, de Eva Duarte y del gobernador Domingo Mercante.

Jura Rafael Laplaza con fotos de Caronti y Belgrano, 1947
Asume José Aralda con retratos peronistas

En 1955 esos cuadros fueron retirados, seguramente quemados, y reemplazados por los del general José de San Martín y por uno de Luis Caronti, por entonces considerado –erróneamente—primer intendente de la ciudad. En los 60 se agregará la única fotografía conocida de Teófilo Bordeu, una vez verificada su condición de primer intendente electo.

En los 60 la foto de Teófilo Bordeu gana un lugar.

En 1976, Víctor Puente colocó una copia del famoso cuadro que representa la campaña al Desierto que lideró Julio A. Roca, obra del pintor uruguayo Juan Manuel Blanes.

Victor Puente y la pintura La conquista del Desierto, 1979

Pero el hecho que tiene que ver con nuestra historia ocurrió el 14 de septiembre de 1973, cuando el intendente Eugenio Martínez ubicó, en un sencillo acto, la copia ampliada de la escena de un partido de básquet entre Olimpo y Estudiantes tomada dos años antes por Omar Morán. La obra fue una donación de la Asociación Bahiense de ese deporte, representada en esa ocasión por su presidente, Teobaldo Petracci.

Eugenio Martínez corre el velo, 1973
Un acto acorde a la magnitud del momento, 1973

La fotografía muestra la toma completa captada por Morán, ya que la misma en general iba a ser reducida o recortada a sólo dos de sus protagonistas, Atilio Fruet y Alberto Pedro Cabrera. Martínez era un apasionado por el deporte, de hecho participó en varias carreras de Turismo Carretera, incluida la Culminaba la Vuelta de Entre Ríos de 1948 para el TC, donde obtuvo un meritorio tercer puesto detrás de Juan Manuel Fangio y Eusebio Mansilla, con un Chevrolet de la Agencia local Régoli.

Eugenio Martínez con su Chevrolet, 1948

Y como todo bahiense que se precie, era un apasionado por el basquetbol. Por eso no tuvo reparo en darle al cuadro un lugar destacado en su despacho.

Es dable suponer que la foto fue retirada luego del golpe de estado de 1976 que obligó a la salida de Martínez y que quizá, con algo de suerte, pueda estar, olvidada, en un rincón de alguna dependencia municipal. De haberse mantenido en su sitio, muchos jóvenes preguntarían quienes son los protagonistas de esa jugada. Sería complejo para cualquier intendente intentar explicar que registra una final del torneo local, entre Estudiantes y Olimpo, con dos jugadores amateurs que conmovían a propios y extraños con su enorme talento, y que fueron parte de la primera generación dorada que caminó por estas tierras.

El partido

Ganó Estudiantes aquella final de hace 52 años. Ganó y se consagró campeón. En un partido que le fue netamente favorable. Durante los primeros minutos, Cabrera y Fruet “se anularon mutuamente”, tan estrictos en la marca que ninguno de los dos anotó hasta la mitad del primer tiempo. Olimpo arrancó mejor, de la mano de Alfredo Monachesi. Ganaba 14 a 7. Pero el albo despertó y reaccionó “con un aluvión”, de la mano de Cabrera. Pasó a ganar 19 a 14 y se escapó a 30 a 19. Sobre el final del primer tiempo, el aurinegro se arrimó, 30 a 25. No había nada dicho.

La tiene Cabrera, lo marca Fruet, la final de 1971.

Pero el segundo tiempo fue todo del local, con juego que por momentos “alcanzó visos de exhibición”, con una noche excepcional, claro, de Cabrera. El marcador final de 75 a 63 refleja dejó esa superioridad. Cabrera aportó 23 puntos, Mac Donald 13 y Adolfo Scheines 8, para el ganador. Monachesi rompió redes con 38, Fruet sumó 13 y, en una deslucida noche, De Lizaso 7. Carlos Danussi, albo, y Carlos Moro, aurinegro, los técnicos.

Se había escrito otra página deportiva maravillosa, mágica, emocionante, única. Uno de cuyos instantes se llevó al papel cuando el ojo de Morán apretó el obturador y que, como Capital del básquet que es Bahía Blanca, un intendente entendió con claridad el lugar que esa toma merecía.

Ese segundo

Roland Barthes aseguraba que una fotografía congela en el tiempo una imagen, haciendo que ese momento cobre vida nuevamente, cada vez que se la contempla. Es, además, “el estar allí de lo que ya no está”.

Pareciera no tener demasiado sentido describir una fotografía que habla por sí misma, porque, se dice, que "una imagen vale más que mil palabras". Pero la tentación de hacerlo supera a esa lógica.

La foto que es parte de la historia de una época.

El que aparece agachado, pelota en mano, es  Atilio “Lito” Fruet, jugador de Olimpo. Tiene atenazada la bola, desde una singular perspectiva mantiene su mirada en el aro y los dientes apretados terminan de mostrar a Lito en toda su dimensión. El que salta en vano y con el brazo extendido es Alberto “Beto” Cabrera, Mandrake, base de Estudiantes. Apenas empiece a descender de su vuelo Lito se elevará y convertirá el doble.

De fondo se ven las colmadas tribunas del estadio Osvaldo Casanova del club Estudiantes, disfrutando de una nueva edición del clásico entre Olimpo y Estudiantes, esa vez definiendo el torneo Ciudad de Bahía Blanca. 

Omar Morán, talentoso como pocos, atrevido, parado en el lugar exacto, un referente de la época de oro del básquet local y autor de varias fotos míticas de esa etapa, captó el único segundo posible y congeló para siempre el momento.

Omar Morán con otra de sus grandes obras.

La Nueva Provincia publicó la foto el 29 de mayo de 1971, el día siguiente de la final, con un epígrafe que decía: “Con una finta el capitán aurinegro (Fruet) desacomodó a Cabrera y concretará el doble”.

Fue, curiosamente, una de las escasas jugadas que esa noche favorecieron a Lito, “de las pocas veces que logró zafar de la pertinaz marcación personal del magistral base albo”, según mencionó este diario al completar la leyenda al pie.

Pero más allá de ese detalle, la foto captó una jugada impactante, dos fenómentos mano a mano, un clásico.inolvidable.

Bonus Track

La mención a Omar Morán (1943-2021) como autor de la emblemática fotografía nos permite compartir otras cinco tomas de su autoría, todas emblemáticas de nuestra historia deportiva.

El grito del alma. Delizaso y Fruet, 1970.
El trío más mentado, Fruet, Cabrera y Delizaso, 1968
La última foto del trío en cancha, 1973
Se retira Fruet con la camiseta de Cabrera, 1973
Mandrake, la faja de Beto para la entrada de Cortondo