Tras el pedido de Ezequiel Crisol antes de morir

El autódromo, el sueño cumplido de todo Empleados de Comercio

17/2/2020 | 07:00 |

Tras 10 años de falsas promesas, el autódromo de la AEC ya está listo para su reinauguración. Será el próximo fin de semana y Miguel Aolita contó todos los entretelones.

Fotos: Rodrigo García-La Nueva.

Por Pablo Andrés Alvarez / palvarez@lanueva.com

   Es el único sindicato en el mundo que cuenta con un autódromo propio. Aunque suene grandilocuente, muchas situaciones se vivieron en los últimos 10 años para que esa característica se mantenga.

   En diciembre de 2010 se desarrolló la última carrera nacional en el circuito que la Asociación Empleados de Comercio posee en su predio de Aldea Romana.

   El próximo fin de semana, con la inauguración de la temporada 2020 del Turismo Nacional y poco menos de 10 años después de aquella carrera, volverá la acción automovilística en la ciudad.

   En ese logro mucho tuvo que ver Miguel Aolita, el actual secretario general de la AEC, quien cumplió con la promesa que le hizo a Ezequiel Crisol.

   “Todavía no le doy magnitud a esta obra. Estuvimos tan empapados en el día a día, que cuesta tomar dimensión de todo lo que se hizo para que en los próximos días Bahía Blanca vuelva a tener un autódromo”.

   “Somos concientes que se hizo un gran trabajo. Y en ese sentido, hay muchas personas a quien agradecer. Principalmente, a la familia, que es la que banca en las malas, que hubo muchas en este interín, y después a la comisión directiva y al cuerpo de delegados, además de muchas otras personas que se pusieron el proyecto al hombro y no dudaron en ningún momento”, agregó.

   A este presente se llegó no sin esfuerzo y esmero.

   “Vine a Bahía en 2013, como colaborador de Ezequiel Crisol. En una reunión en Buenos Aires con Armando Cavalieri y el propio Ezequiel, me pidieron que me acerque a colaborar. Yo en Punta Alta estaba muy cómodo como secretario general, pero me gustó el desafío y fundamentalmente de quienes provino. En esos momentos había una interna muy grande dentro del gremio. Y el tema autódromo, que había sido arrasado, no era prioridad”.

   Primero fue colaborador, después lo nombraron interventor y finalmente acompañó a Crisol como secretario adjunto en las elecciones.

   “Apenas ganamos las elecciones, Ezequiel empezó a sufrir el peso de su edad (tenía 95 años) y prácticamente me hice cargo del gremio. Un día, poco antes de morir, me llamó para que vaya a su departamento, me hizo sentar en su cama y me dijo: `dame una mano con el autódromo'. Yo, sinceramente, no tenía ni idea de cómo estaba ese tema. Lo único que sabía es que iba a ser una responsabilidad muy grande”.

   Pero no podía decirle que no a su segundo padre. Fue hasta el predio y aún hoy admite no poder creer lo que vieron sus ojos.

   “Hasta vizcachas había. Los yuyos tenían más de 2 metros de alto. No existía la pista y mucho menos las instalaciones eléctricas y los desagües pluviales. Los trabajos que se habían realizado estaban todos degradados. Ahí me dí cuenta el esfuerzo que habría que hacer para ponerlo otra vez en funcionamiento”.

   Y todavía quedaba analizar el papelerío.

   “La situación legal no era sencilla de resolver. Había muchos contratos firmados y en ésto debo agradecer a Gaspar Narváez, el asesor legal del gremio, que clarificó la situación. Entre todo lo firmado, había una concesión a favor del municipio por 25 años a partir de que se construyera. O sea que el tiempo transcurrido ni siquiera acortaba los plazos”.

   Gay ganó las elecciones en 2015 y la primera reunión con el jefe comunal tuvo un punto excluyente: la rescisión de ese contrato.

   “Héctor ya había anunciado públicamente que el autódromo no era prioridad. En esa charla me dijo que no podía aportar desde lo económico, pero sí desde lo legal para destrabar la situación. Y así fue, porque ambos entendimos que el inicio de acciones legales de cualquiera de los dos lados iba a ser desgastante y, fundamentalmente, seguiríamos perdiendo tiempo valioso”.

   Tras ello, comenzó el paso más importante y trascendente: buscar los inversores.

   “Ya estaba claro que el Estado no nos ayudaría, por lo que hubo que salir a buscar inversores privados. En ese momento conocí a Adrián Saschrgorodovsky, que fue vital en este tema porque teníamos todo, pero faltaba lo más importante: el dinero. Y él se encargó de eso”.

   Pero, los vaivenes económicos del país también fueron otro obstáculo.

   “Hubo momentos que pensamos que los inversores desistirían de seguir poniendo dinero. En este sentido, hay que comprender que la obra se inició con un dólar en poco más de 20 pesos y al poco tiempo ya estaba más del doble, en un marco de crisis a nivel nacional en la que la gran mayoría de las obras se paralizaron. Por eso la confianza en el proyecto fue esencial”.

   Otra de las cuestiones a revertir fue el descreimiento generalizado.

   “Desde el primer momento me decían que estaba loco. La mayoría pensaba que era imposible reflotar el autódromo, porque reinaba la resignación a partir de tantas promesas falsas que se habían hecho. Puedo contar con los dedos de una mano a las personas que me apoyaban y me daban fuerzas. Por eso, llegar a este presente es impagable. Lo único que me quedó pendiente fue que Ezequiel pudiera ver cristalizado su sueño, pero me dio fuerzas desde arriba, junto con mis padres”.

   Con la inauguración de la temporada 2019-2020 de piletas en el predio, el designio le dio otra sorpresa. 

   “El 14 de diciembre llegué al predio y mientras lanzábamos la temporada, escuché ruidos de motores. Pregunté y me dijeron que Pipkin y Sebastián Pérez iban a probar la pista. Al rato ya estaba subido al auto de Seba. Puedo asegurar que fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida, porque mientras girábamos iba recordando cómo estaba ese lugar cuando lo ví por primera vez”.

   Pero después del fin de semana del 21, 22 y 23 de este mes, el proyecto sigue...

   “Este es el puntapié inicial de todo lo que se tiene previsto. Queremos que en ese espacio haya muchísimas más actividades, ya sea deportivas o recreativas. Por eso, este proyecto debe ser abierto a toda la ciudad y sumar adhesiones constantemente”.

   Otro gran mérito es que la AEC no puso en riesgo las finanzas ni el patrimonio de la institución.

   “Una de nuestras prioridades era que no se vean afectados los servicios ni el funcionamiento habitual del gremio. En ese sentido, fue importante demostrar que se pueden desarrollar proyectos articulando lo público y lo privado. Por eso es importante agradecer a todos los que se acercaron a dar una mano”.

   “En lo personal, la vara quedó muy alta. Pero este es un gremio que tiene un gran movimiento diario y en el que siempre hay cosas de las que ocuparse. Por ejemplo, ya pudimos hacer el parque acuático y logramos triplicar el número de asistentes al predio. Con esto quiero decir que siempre hay desafíos por delante. Seguramente surgirá otro que sea beneficioso para los afiliados al gremio e iremos tras él”, cerró Miguel Aolita.

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