En el barrio Cabré Moré

La historia del merendero al que le usurparon la sede, pero no los sueños

24/6/2019 | 07:00 |

 “Empezamos con 20 chicos, yéndolos a buscar casa por casa. Hoy ya son más de 70 los que vienen todos los martes”, señaló Pamela Abarca, una de las fundadoras.

Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

Por Pablo Andrés Alvarez / palvarez@lanueva.com 

  Pamela Abarca y Luciana Torres no bajan los brazos. Pese a que las buenas noticias llegan en cuentagotas y las malas se apilan en el pequeño rectángulo que hoy funciona como sede del Merendero Los Principitos.

  Ellas son fundadoras, hace ya 4 años, del sitio que utilizan alrededor de 70 chicos carenciados del barrio Enrique Cabré Moré y sus alrededores para tomar una copa de leche.

  “Empezamos con 20 chicos, yéndolos a buscar casa por casa. Hoy ya son más de 70 los que vienen todos los martes”, señaló Pamela, quien el 4 de abril de 2015 decidió poner manos a la obra en un terreno propio ubicado en calle Elsa Strizzi 2060.

   Enseguida se sumó Luciana a la iniciativa.

   “Muchas panaderías colaboraron y colaboran aún. Incluso, los primeros días dábamos nada mas que los panificados, porque no conseguíamos leche”, señaló.

   Y añadió: “La idea inicial era hacer alguna actividad con los chicos y que tengan un lugar de encuentro, donde también pudieran aprender cosas. Por ejemplo, organizamos charlas con los bomberos, varias veces vino gente de la UNS y otras de entidades de salud”.

   Todos los martes dan una copa de leche (o una vianda para quienes desean merendar en su casa) y los sábados organizan actividades para toda la familia, cuando se juntan alrededor de 200 personas.

   “Vienen aunque llueva. Un día que realizamos la campaña de abrigo, llovió un montón. Y la gente no se iba, por temor a no recibir nada. Es muy doloroso ver las necesidades de la gente”, recordó Pamela.

   “Para realizar las actividades les pedimos ayuda a las mamás del barrio, un poco para no hacer todo solas y otro tanto para integrarlas”.

   Las dos trabajan. Pamela en un consultorio médico y Luciana en el Hospital Penna. Y muchas veces tienen que poner dinero del bolsillo propio.

   “Nos demanda mucho tiempo, pero lo hacemos con mucho amor. Es nuestro lugar en el mundo. Nuestros hijos nos ayudan muchísimo en las labores. Y se da un caso curioso, porque piensan permanentemente en qué pueden hacer o cómo ayudar”.

   La crisis, según dicen, está pegando muy fuerte.

   “Pensar que arrancamos buscando a los chicos casa por casa y ahora no sólo vienen solos, sino que cada vez son más. Nosotros llevamos un listado de las familias que vienen y tratamos de conocer las necesidades caso por caso, para ser justos cada vez que hay algo para repartir”, manifestó Luciana.

   “Bahía es muy solidaria. Cada vez que iniciamos una campaña, la población responde. El municipio nos aporta la leche y el cacao. El resto de las cosas son donadas. Incluso, una verdulería nos dona verduras y frutas. Y hacemos bolsitas para repartir”, agregó Pamela.

   Todo queda registrado en un cuaderno precario.

   “Porque hay veces que no alcanza para todos, entonces vamos rotando. Intentamos que todo sea equitativo”.

   Es tanta la dedicación que le brindan al merendero que, pese al escaso dinero que manejan, han organizado paseos a Pehuen Co y Monte Hermoso.

   “Para muchos chicos fue el primer acercamiento al mar. Incluso, el día que fuimos estaba bastante fresco e igual se metieron al agua. Al verles las caras de satisfacción te das cuenta que el esfuerzo realmente vale la pena. Ahora estamos planeando llevarlos a Sierra de la Ventana, porque prácticamente ninguno conoce. Pero los costos son muy grandes”, esgrimió Pamela.

El sueño de la sede propia

   El merendero hoy está funcionando en un terreno propiedad de Pamela.

   “El municipio nos dio en custodia un terreno de Vialidad Nacional donde poder construir la sede, pero nos lo usurparon. Así que hicimos la denuncia ante el delegado municipal para que intervenga”, señaló Pamela.

   Un vecino se metió  pese a que hay carteles indicadores, provistos por la propia comuna.

   “Esos terrenos están destinados a la futura sociedad de fomento del barrio y al merendero. Nuestra idea en ese lugar es hacer un salón multiuso, donde los chicos puedan hacer sus actividades bajo techo. Hoy todas las actividades las hacemos  al aire libre, porque no disponemos más que este galponcito, que apenas alcanza para guardar los elementos”, añadió Luciana.

Pedido de ayuda

   Las necesidades, obviamente, son muchas.

   “Nos vendría bien un container o más materiales de construcción. También precisamos mano de obra masculina, para poder empezar a levantar las paredes del merendero. Sino, se nos van a seguir metiendo en esos terrenos”, manifestó Pamela.

   “Tenemos hecho un trabajo territorial, con un censo que desarrollamos en conjunto con la universidad. Por eso decimos que las cosas que nos donan no caen en cualquier mano, sino en la que realmente lo necesita. Por eso, cualquier cosa que nos donen, seguramente caerá en las manos de quienes más lo precisan”, cerró Luciana.

   Para colaborar, aportan un número de teléfono (291-5037813).

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