La construcción de una planta de GNL en Bahía, un proyecto que gira entre la realidad y la fantasía

La construcción de una planta de GNL en Bahía, un proyecto que gira entre la realidad y la fantasía

15/6/2019 | 06:30 |

Nuestra ciudad y la región tienen varias ventajas pero también algunos puntos en contra para posibilitar, a mediano plazo, una inversión que procese el gas neuquino proveniente de Vaca Muerta y el de otros puntos del sur del país y lo envíe por barco a mercados ubicados en el extranjero.

Adrián Luciani / aluciani@lanueva.com

   Cuesta imaginar en un momento donde el riesgo país continúa en niveles muy altos y sin crédito internacional, que la Argentina sea capaz de construir una planta terrestre para la producción de gas natural licuado (GNL).

   Sin embargo varios actores de peso se están moviendo en tal sentido y las miradas se dirigen a Bahía Blanca.

   El último paso fue dado con el anuncio de la licitación, en julio próximo, del gasoducto entre Vaca Muerta y Salliqueló, que permitirá mayor disponibilidad del fluido en esta región.

   Pero para el ciudadano común, que debe hacer un duro esfuerzo para poder pagar la factura de gas, probablemente todo este proceso le resulte indiferente.


   De hecho hay quienes señalan que los usuarios residenciales, al pagar un precio mayor al que se exporta, estarían subsidiando las ventas realizadas en el extranjero con el fin de comenzar a ganar mercados.

   Sin embargo, varios especialistas sostienen que la creciente producción de gas no sólo contribuirá a que la Argentina ahorre divisas por menores importaciones sino que, en un futuro no muy lejano modificará el precio rector de la economía energética nacional.

   El gas pasará a tener en cuenta el precio de importación (entre 6 y 7 dólares el millón de BTU) para referenciarse en el de exportación, que es la mitad, con la consiguiente rebaja en la tarifa de los usuarios.

Un proyecto ambicioso ya es materia de estudio

   En octubre pasado "La Nueva." dio a conocer un proyecto guardado, hasta entonces bajo siete llaves, para exportar desde Bahía el gas de Vaca Muerta.

   Un primer paso en tal sentido se dio en febrero con la llegada de la barcaza alquilada por  YPF para licuar el gas proveniente de los yacimientos neuquinos y de otros puntos del sur del país.

   El proceso consiste en convertir el fluido en GNL (se reduce 600 veces su volumen) y luego embarcarlo en buques metaneros para venderlo en el exterior.

   El segundo gran paso de este proyecto consiste en la construcción de una planta de licuefacción terrestre (con muchísima mayor capacidad de producción que la flotante “FNLG Tango”) y ahí también Bahía Blanca parece ser un actor principal en esta jugada.

  Se trata de una iniciativa multimillonaria  (entre 4 mil y 5 mil millones de dólares), que excede ampliamente la capacidad económica del Estado y de las principales empresas petroleras interesadas.

   “¿Mito o realidad? Ese parece ser hoy el eje sobre el que gira este ambicioso proyecto.

   Hoy por hoy Bahía reúne condiciones suficientes como para abrigar cierto optimismo, pero también elementos  para temer un nuevo fracaso.

   Entre las primeras se ubica el aumento de la producción de gas en Vaca Muerta y la imposibilidad de almacenarlo, las condiciones de puerto de aguas profundas y reparadas que posee Bahía Blanca, la existencia de varios gasoductos que pasan por nuestra región y la disponibilidad de gas a contra estación de los grandes consumidores del mundo.

   Entre las segundas aparece la falta de fondos y financiación como para hacer frente a una inversión de este tipo, la opción de Chile como lugar más directo para la salida del GNL hacia el mercado asiático, la incertidumbre electoral y la necesidad de bajar costos de producción para poder competir en un mercado internacional muy duro.

   A esto podrían sumarse las muy buenas perspectivas para la exportación de petróleo que existen en la actualidad, hecho que podría dirigir las inversiones  hacia ese sector y no hacia el gasífero.

   Sin embargo, para robustecer la sensación de que Bahía Blanca  es el lugar elegido para la construcción de una gran planta terrestre hay que señalar que el año pasado se conoció un un  memorándum de entendimiento entre  la texana Excelerate Energy LP y Transportadora de Gas del Sur (TGS).

   Ambas empresas acordaron colaborar conjuntamente en la evaluación de un proyecto de licuefacción en la ciudad.

   Javier Gremes Cordero, por entonces CEO de TGS, dijo que Bahía es el lugar ideal para la apuesta.

   Luego se conoció la decisión de YPF de participar en el negocio, postura que más tarde se tradujo en el alquiler de una planta flotante de licuefacción.

   Hoy la “Tango” se encuentra en pleno funcionamiento en el muelle de Compañía Mega, en Cangrejales, donde hasta el año pasado, y durante una década, operaron los buques regasificadores que procesaban el costoso GNL adquirido en el exterior.

   Incluso días atrás se produjo la primera exportación de gas natural licuado  por el puerto local, en un hecho histórico hasta no hace mucho impensado.

   Este proceso, que es a pequeña escala, forma parte de una experiencia piloto encarada por YPF para comenzar a formar parte del selecto grupo de países que exporta GNL.

   Más allá del optimismo reinante sólo se trata del puntapié inicial de un proceso que deberá reforzarse a partir de la primavera.

Varios objetivos pensados para el mediano plazo

   De esta experiencia seguramente surgirán las herramientas que contribuyan a decidir los próximos pasos.

   En el ámbito portuario local incluso se habla de  posible construcción de una planta sobre tierras ganadas al mar en Galván, junto a la ex Esso.

   También se conoció en los últimos días el interés de Techint, a través de su brazo petrolero Tecpetrol, de construir una planta de este tipo en Bahía Blanca o en otros puntos de la región, concretamente Puerto Rosales.

   Hasta ahora lo que se sabe es que técnicos de  esa empresa han estado monitoreando varios sectores costeros del estuario local.

¿En Argentina, en Chile o en ambos países?

   En cuanto a la cuestión Bahía Blanca o Chile para la instalación de una planta terrestre, días atrás el vicepresidente de Upstream de YPF, Pablo Bizzotto, le reconoció a La Nueva que Bahía Blanca tiene grandes posibilidades de ser el lugar estratégico para la instalación de la primera planta de gas natural licuado (GNL).

   “Hay un proyecto para instalar una planta de GNL, que puede estar en Bahía Blanca o Chile. Nosotros estamos viendo que es más factible Bahía”, sostuvo durante una visita de este diario a Vaca Muerta.

   El miércoles pasado, durante el precoloquio de Idea  que se realizó en Neuquén esa iniciativa logró la adhesión de las principales petroleras productoras como Pan American Energy, Tecpetrol y Exxon.

   El presidente de YPF dijo que es “una decisión estratégica para salir al mundo ya sea por Chile o por la Argentina” como forma de integrar toda la cadena de valor del gas.

   “Nuestro compromiso es para fin de año poder mostrar las alternativas posibles, que pueden ser una o dos plantas, offshore o no, etc”, agregó.

   Marcos Bulgheroni, CEO de Pan American Energy (PAE),  dijo que la planta es esencial para abrir mercados.

   “Necesitamos tenerla en el Atlántico y en el Pacífico, para exportar por los dos lados. Nuestro gran competidor será Estados Unidos, que está creciendo como productor”.

   Luego dijo que la inversión necesaria es una fortuna, pero no hay opción.

   “Nos obliga a trabajar a todos los actores del sector juntos, porque ningún jugador lo puede hacer solo”, agregó.

   Al ser consultado sobre la opción más viable entre Bahía y Chile, el director de finanzas de Pan American Energy, Christopher Spaulding, dijo que aún no lo tiene definido.

   “El precio del GNL en Oriente es más alto que el precio entregado en Europa, pero para transportarlo necesitamos más infraestructura, ya que hay que cruzar las montañas y esto hace que sea más costoso que exportarlo por el Atlántico. 

   “Por otro lado, mientras el precio del gas entregado en Europa es menor, los costos también son menores. La industria está trabajando juntamente con los entes reguladores, creo que esto se puede solucionar”.

   Entre quienes se inclinan por Chile están los que hacen referencia a un mejor financiamiento, menor carga impositiva, estabilidad tributaria garantizada y una salida más rápida hacia los puertos chinos, donde está el mayor potencial de demanda futura, aunque también competidores como Australia o Nueva Guinea, que se encuentran a mucho menor distancia.

   También están los que se inclinan por varias plantas más pequeñas, con módulos de 7 millones de m3 diarios.

   En este caso, mediante una mucho menor inversión inicial se podrían generar divisas con las que encarar nuevos módulos, sin necesidad de afrontar grandes desembolsos iniciales.

   En este escenario, y más allá de los ruidos y vaivenes electorales, los próximos meses serán claves para comenzar a definir uno de los mayores proyectos que tiene hoy en carpeta Bahía Blanca y el país.

Características de la futura planta

   Todos los actores involucrados sostienen que la Argentina deberá construir una planta con capacidad para procesar 24 millones de m3 diarios.

   La planta flotante de licuefacción amarrada en el puerto local es de mucha menor capacidad, ya que puede alcanzar un máximo de 2,5 millones de m3 diarios.

   Estados Unidos demoró cuatro años en construir su primera planta de licuefacción, por lo tanto se estima que la Argentina podría tardar entre 48 y 60 meses.

   Por los grandes volúmenes a despachar los puertos de la región resultan ideales, sobre todo por su calado.

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