“Me costó mucho volver a entrar, es inevitable ver a mi papá todo el tiempo”

Pasaron dos meses del crimen

“Me costó mucho volver a entrar, es inevitable ver a mi papá todo el tiempo”

21/4/2019 | 06:30 |

Gisela García, hija del comerciante asesinado en un intento de robo en su local de Undiano al 400, quedó al frente del negocio junto a su madre.

Diez minutos antes del hecho, Gisela estaba recibiendo por celular bromas de parte de su padre. Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva.

Claudio Rodríguez Kiser / crodriguez@lanueva.com

    “Tuvimos que volver porque no nos quedó otra, porque vivimos de esto, pero en primera instancia, no quería hacerlo. Lo veo a mi papá tirado. Me costó mucho volver a entrar, es inevitable verlo todo el tiempo. Es dificilísimo para mí”. 

   Gisela García sabía que en algún momento iba a tener que hacerse cargo del comercio que hace 16 años abrieron sus padres con la idea de que sea una fuente de ingreso familiar. Lo que nunca imaginó que la inseguridad precipitaría esa medida.

   La mujer es hija de Luis Omar García, el quiosquero asesinado el pasado 14 de febrero cuando dos ladrones intentaron asaltarlo en el local de Undiano al 400.

   “No quería volver acá, aunque por otro lado pienso que fue un sacrificio de tantos años y también por mi viejo. Por otro lado, una ve que cierran negocios por todos lados y trata de cuidarlo como sea”.

   Gisela admite que trata de estar ocupada, “porque lo veo (a su padre) constantemente haciendo su recorrido habitual. Trato de pensar qué pasó en ese momento, por qué salió…”.

   “Con él no coincidíamos tanto en el negocio, porque mi papá venía siempre de tarde. Hacía poco tiempo que estaba jubilado, aunque siempre era quien cerraba. Más que nada por seguridad, y para cuidarnos a mi mamá y a mí”, agrega. 

   Recuerda que “el día que pasó, mi papá me estaba mandando chistes y yo me estaba cambiando para ir a cenar con mi novio. A los 10 minutos, me suena el teléfono, y un amigo del barrio me avisó que a mi viejo le habían pegado un tiro”.

   “Fuimos con mi hermano enseguida, pero no podía entenderlo, y hoy sigo igual. Necesito mirar sus fotos, escuchar sus audios para saber que no está”. 

"No quería estar más en el quiosco"

   García, paradójicamente, había decidido alejarse de la actividad.

   “Esa semana me había dicho que no quería estar más en el quiosco e íbamos a hablar cuando mi mamá volviera de vacaciones. Quería más tiempo para él, para viajar con su pareja y más cosas”.

   “Mi mamá tiene miedo, pero yo no. Ya no. Me sacaron todo, que era mi viejo”, continúa.

   También sostiene que el sistema es perverso con las víctimas.

   “Son muchos sentimientos encontrados, porque ir a la fiscalía o la actitud de los jueces te llena de rabia. Los delincuentes tienen derechos que nosotros no. Les dan todo, pero a mí nadie me devuelve a mi papá”, cierra.

“Siempre fue un tipo impecable”

   “Mi viejo era un tipazo y no es que la gente lo dice porque murió. Él ni siquiera decía malas palabras y muy a la antigua. Hasta encontré un certificado de honor por ser buen soldado cuando estuvo en el servicio militar. Siempre fue un tipo impecable", afirma Gisela.

   Recuerda que “a la noche mucha gente venía más a charlar que a comprar. Se había hecho un círculo de amigos e incluso encontré el teléfono de él y a la gente del barrio la tenía agendada como amigos de siempre. Me llevé muchas sorpresas buenas de él”.

   A los dos meses de abrir el negocio, Gisela fue la primera víctima de la inseguridad de la familia. Los hechos se repitieron y siempre se preguntaban qué ocurriría si le tocara a Luis.

   “Justamente, esta fue la primera vez. Siempre teníamos miedo porque él no creía que había tanta maldad. Incluso supo perdonar a un chico que nos robó en el negocio”.

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