De Bahía y la UNS a Washington, sin pasaje de regreso

La historia de Gastón Nievas

De Bahía y la UNS a Washington, sin pasaje de regreso

11/2/2019 | 06:30 |

Tiene 25 años, es licenciado en Economía y trabaja en el Banco Interamericano de Desarrollo.

Fotos: Emmanuel Briane - La Nueva

Federico Moreno / fmoreno@lanueva.com

   De decidirse por una carrera un mes antes del inicio de la cursada hasta terminar trabajando gracias a la misma en Washington para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). 

   La vida a Gastón Nievas Offidani, bahiense de 25 años, lo llevó desde la Escuela N°6 de calle Caronti hasta trabajar en un edificio con 2.000 personas en la capital de Estados Unidos pero, según él afirma, todavía no sabe dónde continuará.

   “En el secundario leía mucho de economía pero tenía pensado estudiar Ingeniería en Sistemas. Lo de estudiar Economía fue medio de sorpresa, al punto de que yo me había anotado en Ingeniería, pero en febrero me di cuenta de que el examen de ingreso que había rendido me servía también para Economía y así fue como empecé”, recordó Nievas Offidani.

   Luego de terminar la licenciatura al día en la Universidad Nacional del Sur, obtuvo una beca para una maestría en Economía en la Universidad de San Andrés de Buenos Aires, y después de la misma y de un examen y dos entrevistas de trabajo, consiguió un puesto en el BID.

   “Es un banco que les presta dinero a países con objetivos de desarrollo, se centra especialmente en América Latina y el Caribe. Yo lo conocía y sabía de la magnitud que tiene de mis años de estudio, pero nunca imaginé que iba a trabajar ahí”, reconoció.

   En el trabajo, ubicado en un edificio que alberga a 2.000 personas de decenas de nacionalidades y al que llega tras 15 minutos en bicicleta, empezó hace unos meses un estudio sobre el fenómeno migratorio de los últimos años.

   “Es una problemática bastante fuerte en la región latinoamericana y al banco le pareció que había que enfocarse y destinar recursos en ella. Me interesa mucho la problemática, sobre todo la relación entre lo que uno puede ofrecer cuando migra y la necesidad que puede cubrir en el país que lo recibe. Nosotros los argentinos sabemos mucho de eso”, comentó.

   Sobre la vida en la “tranquila” Washington –-seguramente comparada con Nueva York--, contó: 

   “Los primeros meses parecía un turista, a pocos minutos del banco están la Casa Blanca, el Banco Mundial, la OEA, la Cruz Roja, un montón de organismos internacionales. Vivo en una casa grande con otras cuatro personas, un ecuatoriano con el que hice la maestría en Buenos Aires y tres estadounidenses, un abogado de migraciones, un programador y uno que trabaja en campañas del partido democrático, todo muy heterogéneo, muy interesante”.

   “La vida en Washington me gusta mucho, pero siempre se extraña el país, se extraña Bahía. El domingo llueve, te tomás unos mates y te dan ganas de estar con familia y amigos comiendo un asado, venís acá -–Bahía-- de visita y te encanta todo. Igualmente allá hay mucha gente joven haciendo experiencia laboral como yo, me hice amigos de Marruecos, India, hasta Sri Lanka, países de los que no sabés nada y eso te abre la cabeza”, analizó.

  Sobre su futuro, que tiene muchas puertas abiertas, prefiere no aventurarse. 

   “Hace muy poco, recibiendo el nuevo año me planteé cosas, pero la verdad es que no sé. Cabe la posibilidad de seguir trabajando en el banco, actualmente tengo contrato para un año más, aunque también es posible que vuelva a estudiar para seguir especializándome en los temas que más me interesan, que son la migración y mi región, es decir América Latina y el Caribe”.

La vida más allá del trabajo

   Sobre la vida en Washington DC fuera del trabajo, contó que aprovecha los fines de semana para visitar museos, asistir a eventos culturales en general y hasta jugar en una liga de fútbol mixto –-en la última edición su equipo llegó a la final--.

   “Acá las mujeres juegan mucho al fútbol, desde chicas, y juegan muy fuerte, de hecho si uno no les juega fuerte se ofenden”.

   Contó que también estudia portugués dentro del horario de trabajo, fomentado por el BID por ser uno de sus idiomas oficiales, y chino, con docentes voluntarios, ya que “dada la importancia de ese país y la diferencia cultural me gustaría vivir allí dentro de algunos años”.

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