Che, es tiempo de confianza

16/9/2018 | 07:00 |

Por
Guillermina Rizzo

   Días pasados iba caminando y me encontré con “Usted mi querido/a lector/a.

   Categórica afirmación hace referencia a que una persona me detuvo en la calle y me interrogó: “¿Che vos sos la de los Temas Vitales”? ¿Cuántos temas llevás escritos?

   Le respondí con agrado, intercambiamos unas gratas palabras y seguí mi camino.

   Confieso que me quedé pensando, “el che” funcionó como un “sacudón” que tambaleó varias estructuras. Seguramente de haber ido acompañada por mi abuela de 97 años, y coherente con sus años y sus creencias me hubiera dicho: “¡Qué confianzudo!”

   Es evidente que el tema de hoy es: la confianza.

   ¿Confiar o desconfiar? ¿Virtud o defecto? ¿Distintos tipos de confianza?

   La confianza es ampliamente estudiada por la Psicología. Proviene del latín que significa confiar; pero fíjese Usted, que el concepto esta conformado por tres partes: el prefijo “con” que quiere decir junto, “fides” que significa fe, y el sufijo “anza” que está ligado a la acción.

   Según el Diccionario, confianza tiene varias acepciones: “esperanza firme que se tiene de alguien o algo; seguridad que alguien tiene en sí mismo; presunción y vana opinión de sí mismo; ánimo, aliento, vigor para obrar; familiaridad o libertad excesiva”.

   Un estudio realizado en la Universidad de Oxford revela que las “personas inteligentes” son más proclives a confiar en los demás, pues quienes tienen un mayor “coeficiente intelectual” saben juzgar mejor el carácter de los otros, conocen con mayor rapidez y consecuentemente establecen relaciones con personas que son menos propensas a traicionarlos.

   Respecto del coeficiente intelectual tengo una opinión un tanto diferente; le aconsejo que al momento de confiar no confíe únicamente en su coeficiente, pues la confianza y la relación con el placer y la felicidad no se explican por medio del nivel de inteligencia.

   Tal vez no lo advertimos, pero la confianza es un factor clave en nuestro quehacer cotidiano. Confiamos en nosotros mismos, en nuestra familia, en nuestra pareja, en nuestro jefe, en nuestros amigos, en nuestro médico, en nuestras instituciones, en nuestros políticos, en…

   ¡Hay distintos tipos de confianza!

   Confianza espiritual, ligada a la fe que las personas tienen sobre la vida que los rodea y en Dios. La conductual, implica la conducta del sujeto y la capacidad de actuar tomando decisiones que afectarán su comportamiento, pues puede ser positiva o negativa.

   La confianza emocional es clave, ya que comprender emociones propias y ajenas, regularlas y gestionarlas aporta beneficios al momento de interactuar y construir vínculos. La confianza en los demás es esencial para que las relaciones se consoliden; aportan bienestar, cercanía, otorgan sentido y sostén.

   La autoconfianza, a veces “homologada” con la autoestima, alude a la valoración que tenemos de nosotros mismos, a la capacidad para concretar objetivos y llevar adelante distintas tareas y roles. El concepto fue acuñado por el psicólogo Albert Bandura.

   La autoconfianza falsa es una forma “de protección” que evidencian personas que a simple vista parecen tener una elevada confianza en sí mismos cuando en realidad es una máscara que encubre inseguridades y obviamente falta de confianza.

   Luego del encuentro en la calle, además de pensar en la confianza abrí la computadora y contabilicé “los temas vitales escritos”. Hoy es la publicación N° 230, seguramente hemos construido cierta confianza, confiando en “que me lee”, es momento de dejar a un lado el “Usted mi querido/lector/a” y entablar encuentros más cercanos. Me despido de “vos” hasta el próximo domingo.

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