Deseos Vitales

30/12/2018 | 06:30 |

Por
Guillermina Rizzo

   ¡Última columna del año!

   Ya es “un clásico”, tras cinco años de “Temas Vitales” perpetuados en letras, que en esta ocasión formule mis deseos para la próxima etapa; ya es “un ritual” que te convoque y estimule a que hagas tus lista de deseos.

   ¿Ya pensaste en tus deseos para 2019?

   Estas letras se fundamentan, nutren y sostienen en y desde la Psicología, por eso si estás a punto de formular tus anhelos para el calendario a estrenar, valen algunas preguntas.

   ¿Es igual querer o desear? ¿Hay una receta específica para enunciar los deseos? ¿Existe un método infalible para que los deseos se cumplan?

   Frecuentemente se confunde el querer una cosa con desear algo, se “emparejan” dichas acciones cuando el significado de ambas difiere sustancialmente. El deseo puede considerarse como el “concepto estrella” del Psicoanálisis. Freud, Lacan y muchos otros/as dedicaron años al estudio de este. Sin embargo, a “simple viste”, en el uso cotidiano, el concepto está trivializado y equiparado con el querer alguna cosa.

   Para estas horas ya están circulando mensajes, emoticones, fotos, animaciones, “videítos”, sí, esos muy creativos que saturan la memoria del dispositivo, y el denominador común es enviarte deseos…

   ¡Deseos! ¡Concepto muy profundo!

   El deseo tiene un “prerrequisito”, desear implica una condición: la pérdida del goce, la falta del alcance “casi instantáneo” de la satisfacción. Para que existan los deseos el punto de partida es la falta de goce.

   ¿Y qué es goce?

   Vulgarmente también se confunde placer y goce, sin embargo para el Psicoanálisis son opuestos. El placer está relacionado con lo que hace “esfumar” a la tensión, de esta manera el placer es quien le pone límite al goce; así el goce es del orden del “gasto (de energía), inclusive de la hazaña.

   ¡Ya sé mis queridos/as lectores/as! Son los últimos minutos de un año intenso y tal vez están esperando la fórmula mágica para que se cumplan los deseos, y en cambio los/as “embarullo” con Psicoanálisis.

   Es simple, o tal vez no tanto; el goce es quien le pone punto final al deseo, el goce es meramente pulsional, empuja hacia la satisfacción; mientras que el deseo está signado por la constante insatisfacción y es síntoma de la falta, de nuestras carencias.

   ¡Síntoma de la falta! ¡Carencias!

   Faltas, carencias y también ausencias determinan mis “deseos vitales”.

   Ausencia de honestidad, integridad, decencia, honradez, ética; elementos claves para terminar con la corrupción. Carencia de empatía, sensibilidad, afecto; factores indispensables para construir una sociedad menos indiferente.

   Ausencia de compromiso, de solidaridad, de respeto, de consideración; acciones que nos conducen a un exacerbado individualismo donde vale “pisar al otro”, donde el otro es un extraño prescindible.

   Falta y ausencia de lo perdurable, de lo indeleble, de lo perenne; nos conduce a vínculos efímeros, ocasionales, oportunistas, a mensajes banales y vacíos, en lugar de relaciones colmadas de sentido y hasta eternas.

   Ausencia de perseverancia, constancia, tesón, convicción; ingredientes para que los deseos jamás se cumplan.

   Culmina el año, tiempo para pensar en lo que nos falta como sociedad, en los aspectos carentes e incompletos de cada uno/a y lanzarse a la maravillosa de ir por ellos. ¡Feliz 2019!

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