El escarmiento, por ahora en la nada

14/7/2017 | 21:37 |

Por
Walter Gullaci

En un nuevo capítulo de la puja con los gremios docentes, el gobierno de María Eugenia Vidal había esbozado una medida con algo de marketing y bastante de escarmiento hacia los maestros: que los días de clases perdidos por la huelga finalmente se recuperen. Y ello en la primera semana de las vacaciones de invierno, sin que los alumnos tengan la obligación de concurrir.

Pero ayer, el juzgado contencioso administrativo N°1 de La Plata suspendió dicha orden.

La resolución de la administración bonaerense citaba el principio legal del interés superior del niño y la ley que fijó un ciclo lectivo anual mínimo de 180 días. Y establecía la "posibilidad de mantener encuentros presenciales con los educandos durante el receso invernal".

En ese contexto, la figura de "receso invernal" no resultaba nada casual. Se evitaba, así, mencionar la palabra "vacaciones".

Una forma de desautorizar el principal argumento de los gremios contra aquella medida: que los maestros deban estar al frente del aula en días que suelen destinar al descanso, igual que sus alumnos.

"Es un anuncio de castigo a los docentes, no un anuncio real para esos alumnos que han perdido días de clase", sostenían, con indisimulado fastidio, los educadores.

El receso o las vacaciones de invierno, como cada uno guste llamar, se prevé entre el lunes venidero y el 28 del corriente para todos los niveles de enseñanza. Y en rigor de verdad, supone una etapa de distensión sólo para los estudiantes. No para los docentes.

Pero ya es tradición que el descanso sea para unos y otros, lo que en principio no da para un debate en contrario.

Fuera de ello, el malestar gremial no sólo tenía que ver con la pérdida de ese beneficio.

Pasaba, sobre todo, porque de efectivizarse la recuperación de las jornadas de paro, a los maestros no se les devolverán los descuentos por haber adherido a las medidas de fuerza. Así de simple.

En esta maraña de idas y vueltas, puja que seguramente abrió heridas difíciles de suturar, surge la incredulidad de ellos, los pibes, que como sus padres son mudos testigos de un escenario recurrente. El de las disidencias, imprevisiones y falta de respuestas a necesidades elementales, que en muchísimos casos van más allá del docente, las tizas y el pizarrón.

De hecho, hay escuelas en las que año tras año se pierden muchísimos más días de clase que por los paros, debido a insólitas deficiencias de infraestructura. Porque no tienen luz o porque, directamente, se les cae el techo encima.

Y, la verdad, allí nadie habla de recuperar nada.

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