A 20 años de su inauguración, el Paseo de las Esculturas es un clásico
Por Mario Minervino / mminervino@lanueva.com
En 1994 se habilitó de manera oficial el denominado Paseo de las Esculturas, una de las pocas partes del entubado del arroyo Napostá que fue adecuado como espacio público y convertido en un fenómeno urbano sin precedentes.
El paseo, de fuerte carácter líneal, se ubica sobre el tubo de hormigón armado dentro del cual corre el arroyo, entre calles Sarmiento y Casanova, siguiendo la sinuosidad original de ese curso de agua y rodeado por las avenidas Fuerte Argentino y Urquiza. Su materialización estableció un vínculo hasta entonces inexistente entre la primera arteria y el parque de Mayo, a partir de un recorrido que se vincula con la también recuperada ribera del arroyo y genera un ingreso al parque.
La génesis del paseo --diseñado por profesionales del municipio-- apuntaba a transformar una franja de terreno en desuso en una propuesta de esparcimiento.
Las primeras ideas, de las cuales participó un grupo de arquitectos del Colegio local, apuntaron a concretar una importante forestación, la construcción de un par de canchas de padel (deporte en auge en los '90) y una posible fuente de agua. En esos lineamientos se avanzaba, cuando ese mismo año el Museo de Arte Contemporáneo municipal organizó el Primer Simposio de escultura monumental, del cual participaron diez artistas de renombre.
Los participantes trabajaron durante una semana con rezago ferroviario existente en los terrenos del exferrocarril Noroeste, sobre calle Brickman, a pocos metros del puente de avenida Colón.
El resultado fueron diez esculturas de hierro, todas adquiridas por la comuna. Luego de un intercambio de ideas se decidió que fueran emplazadas en el paseo, de manera de que se pudiera apreciar en todo su conjunto el resultado del encuentro. Allí fueron las pesadas figuras, el Arco y la Flecha, los elásticos y las siluetas sensuales, concretando un aporte artístico distintivo al lugar.
Unos años después, en 1997, se materializó la fuente a nivel de piso, con sus potentes chorros de agua contrarrestando la aridez del cima local, la cual terminó de armar un lugar que pronto resultó ocupado por grupos sociales, de acuerdo a la hora y el día, que lo disfrutan y valoran de manera especial. Una vereda de diversos colores, diseñada por la artista plástica Cecilia Miconi, rodea el lugar, mientras una modesta cantidad de árboles conforma un aporte paisajístico adecuado. Con el tiempo el espacio se potenció con un sistema de riego, luminarias y bancos.