Ezequiel Dentis: "No me gusta dramatizar el deporte"

27/2/2010 | 09:00 | Encontramos en Ezequiel Dentis a un tipo simple y sin ambigüedades. Con 27 años acumula en el básquetbol abundante experiencia, de la buena, como para sentirse veterano de 34, por decir un número. Fue campeón con Atenas de Córdoba siendo muy joven, la pasó mal en Lanús siendo más joven, se fue a jugar a España siendo todavía joven.


 CORRIENTES (Enviado especial) -- Encontramos en Ezequiel Dentis a un tipo simple y sin ambigüedades. Con 27 años acumula en el básquetbol abundante experiencia, de la buena, como para sentirse veterano de 34, por decir un número. Fue campeón con Atenas de Córdoba siendo muy joven, la pasó mal en Lanús siendo más joven, se fue a jugar a España siendo todavía joven.


 Como se verá, a pesar de los golpes y las pequeñas grandes alegrías este centro de El Nacional mantuvo viva la chispa del inquieto adolescente que fue y del barrio y los amigos que dejó en su Rosario natal.


 Repasemos. A los 15 se volcó a la práctica del básquetbol en Central Córdoba de su ciudad. Después estuvo año y medio en Rosario Central, donde lo detectó y reclutó Atenas como juvenil. Pero el club cordobés lo cedió a préstamo a Lanús, para que aprovechara a sumar minutos con el granate en el TNA.


 "A los seis meses me fui porque no me pagaron. Fue el peor momento de mi vida deportiva. Tenía 18 años y me dejaron sin casa. Tuve que salir a buscar yo una casa por un lapso de quince días hasta arreglar las cosas. La verdad que en Lanús fue un papelón. En ese momento pensaba cualquier cosa. Quería largar todo creyendo que todo el mundo era igual", recordó.


 Buscó otro rumbo y recaló en Sport Club de Cañada de Gómez para participar en la Liga B. "Creo que ahí fue donde pegué el salto de calidad. Jugué muy bien", resumió.


 Vuelta a Atenas en la temporada 2002-03 y chau frustraciones: campeón de la Liga Nacional en el plantel dirigido por el bahiense Oscar Sánchez.


 "Fue una alegría después de un cachetazo. Fue mi primer año de Liga y tuve protagonismo porque era la época en que había un americano y salíamos de titular con Lo Grippo y Quincy Alexander o con Lo Grippo y yo. Imaginate, tenía 19 y ya estaba jugando las finales de Liga a cancha llena. Era todo tan nuevo...", recordó.


 Luego fue el turno de Libertad de Sunchales ("Ahí estuve bien", por la temporada 2003-04) y después la chance de mostrarse como comunitario en España. Lo contrató Lleida, equipo que lo terminó cediendo a Calpe para jugar una temporada en el ascenso. "A España me fui muy joven, siempre digo lo mismo. Me arrepiento en parte. Estaba de novio, tenía 20 años y extrañaba a mi familia, a mi perra, (Sheila) todo...", dijo.


 En la temporada siguiente nuevamente "Huevo" Sánchez lo requirió para Deportivo Madryn, tras lo cual fue contratado por Central Entrerriano de Gualeguaychú (2006-07). "Me fue mal. Tuve una mala temporada, no jugué bien. Aparte de local la gente se nos tiró en contra y es feo jugar así", reconoció.


 En la tercera división del básquetbol español recuperó la ganas al obtener el ascenso a la LEB con Santiago de Compostela, un equipo de tercera división. Fue el impulso para volver a la Liga Nacional, nuevamente de la mano de Oscar Sánchez y para sumarlo a Quilmes. "La primera temporada, con `Huevo', me fue muy bien. Pero en la segunda no jugué casi nada. No me gustó para nada", reconoció.

En tiempo presente.






 --¿Cuándo empieza a ser un medio de vida el básquetbol en tu carrera?


 --Cuando se es chico se toma como un entretenimiento, un deporte que uno practica con los amigos. En mi época, años 97 y 98, que no pasaba nada, nos íbamos con los chicos al Parque Urquiza, un lugar que está a treinta cuadras de mi casa en Rosario. Ahí teníamos una cancha de básquet y agarrábamos la bicicleta para ir a jugar a las tres de la mañana. Sí, teníamos catorce años y nos íbamos a las tres de la mañana, a las cuatro de la tarde o a las diez de la noche. Estábamos todo el día jugando al básquetbol porque era la única diversión que teníamos. Después, cuando fui a Atenas, que me empezaron a dar un poco de plata, empecé a tomarlo distinto.


 "Uno ve un poco de plata y se emociona, je... De algo que tomaba como a un deporte pasar a que te paguen, fue muy lindo. Después se convirtió en un hábito, un trabajo. No de esos en que estás encerrado en una oficina, como está catalogado un trabajo, pero es el trabajo de cada uno".


 --¿Y hoy, siendo profesional, sigue vivo aquel espíritu de tomar al deporte como un juego?


 --Las dos cosas. Sé que es un deporte que me gusta y a la vez un trabajo. No me gustaría jugar fastidiado todo el día, pero también lo tomo como un trabajo porque vivo de ello. Y todo lo que tengo lo conseguí gracias al básquet.


 --¿Sos de aquellos que no dramatizan las derrotas o los malos momentos?


 --Sí, porque el deporte siempre te da revancha, sea básquet o fútbol. No me gusta dramatizar en el sentido de decir "si le hubiéramos ganado a tal...". Por más que vuelvas a ver al video, no le vas a ganar. Ya está, se terminó. No podés estar pensando toda una semana en el partido que perdiste. Se gana y se pierde. Es un juego. Pero lo aprendí con el tiempo eh. Al principio sufría un montón. Cuando perdía me ponía `el balde en la cabeza', como digo yo. Me enojaba, me ponía el balde y estaba así varios días.


 --Hoy, con 27 años, ¿te indentificás con los más jóvenes o con los veteranos del grupo?


 --Y... Un poco de cada lado. A mi me gusta estar siempre bromeando, es decir, por mi forma de ser me siento más cerca de los chicos. Los viejos no son amargos, pero son más tranquilos. Si bien me llevo bien con todos, me hace sentir muy bien que los juveniles me tomen como referente y me pregunten inquietudes. O me pidan que los ayude con algo. Son cosas que me hacen sentir muy bien.


 --Para terminar, ¿por qué elegiste el TNA y Monte Hermoso?


 --Me gusta mucho la tranquilidad, en lo que se refiere a la ciudad. Y deportivamente hablando, el año pasado no jugué y tuve lesiones tontas, el entrenador no me hacía jugar y a veces uno se cae mentalmente. Tuve algunas propuestas de Liga pero yo quería jugar. Me ofrecieron lo de El Nacional, sabía que tendría protagonismo y un peso que es lindo de llevar, de demostrar que puedo. Me sirvió mucho más de lo que esperaba por todo lo que maduré en estos seis o siete meses.

GRISADO

Paz y amor








 --¿Dónde vivís cuando no jugás?


 --En Roldán, a 30 kilómetros de Rosario. Mi familia vive en Rosario. Roldán es como Monte Hermoso pero sin mar. Es un lugar de casas de fin de semana. Me gustan los lugares tranquilos. Y lo más lindo que me dio el básquet fue que coseché un montón de amigos. Por mi forma de ser no me llevo mal con nadie.

GRISADO

Su gran compañera








 --¿Quién es Sheila?


 --Mi perra. Es una labradora que me acompaña a todas las ciudades a las que voy a jugar desde 2003, cuando la fui a buscar. Es como que hace las veces de mi mujer, mi hija...Todos me cargan por el amor que le tengo. En Monte, por ejemplo, la llevo cuando voy a comer a los pubs o restaurantes y la siento en una silla.


(FRASE)

"...agarrábamos la bicicleta para ir a jugar a las tres de la mañana. Sí, teníamos catorce años y nos íbamos a las tres de la mañana, a las cuatro de la tarde o a las diez de la noche. Estábamos todo el día jugando al básquetbol porque era la única diversión que teníamos". Dentis










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