Turismo.

UN IMÁN PARA LOS COMPRADORES

Iquique: el desierto y el mar se funden en medio de un misterioso paisaje

30/10/2017 | 17:15 | La ciudad de Iquique, capital de la provincia homónima, en la región chilena de Tarapacá, emerge, en la actualidad, como una alucinación entre el Océano Pacífico y el árido desierto.

La ciudad de Iquique, que tuvo en el salitre a su "oro blanco", hoy muestra su pujanza comercial y turística al ser declarada puerto libre, lo que la convirtió en un imán insoslayable para miles de visitantes.

Esta población permite "reconocer el auge salitrero y el contraste precioso de cada uno de los milagros que brotan en las quebradas que surcan el desierto", explican desde el Servicio Nacional de Turismo (Sernatur) local.

El salitre constituyó una riqueza de tal magnitud que hasta fue causa de una guerra a fines del siglo XIX, entre Chile, Perú y Bolivia, cuyas cicatrices todavía hoy siguen abiertas entre las naciones hermanas.

Iquique, que en aymará significa "lugar de sueños o descansos", es un destino ideal sin temporada, ya que cuenta con un clima privilegiado y una costa que invita a disfrutar de los deportes náuticos todo el año, además de contar con una oferta hotelera y gastronómica de excelencia.

La ciudad cuenta con el Paseo Peatonal Baquedano, declarado Monumento Nacional en 1977; una arteria que parte de la antigua aduana y desemboca en el litoral marítimo, enmarcado por pintorescas casas de variados colores y 460 tiendas de todo tipo.

El auge del turismo, atraído por la posibilidad de compras en la zona franca y por el interés histórico, arquitectónico y cultural de la ciudad, se refleja en la cantidad de turistas y locales que recibió, por ejemplo, el shopping (en Chile, como en Estados Unidos, se los llama mall) Zofri, el único en todo país que no cobra el impuesto a las ventas, y que en diciembre de 2016 recibió 1.900.000 visitantes.

Los atractivos turísticos se extienden más allá de las fronteras de la ciudad, como, por ejemplo, las exoficinas salitreras Santiago Humberstone y Santa Laura, ubicadas a 47 kilómetros de la urbe, en plena Pampa del Tamarugal, que es una oportunidad para conocer la historia reciente de Tarapacá.

Más hacia el sur, pasando la comuna de Pozo Almonte, se encuentra el salar de LLamará, un sitio deslumbrante, casi de ciencia ficción, por las formas de los estromatolitos --estructuras minerales de diversos diseños-- indispensables para generar las condiciones de vida en la tierra por su capacidad de producir, capturar y fijar partículas carbonatadas.

También en la Pampa de Tamarugal, en la zona conocida como Salar de Pintados, impactan los inmensos geoglifos dibujados en las laderas de los cerros despojados de vegetación, que datan de entre 700 y 1.500 años de antigüedad.

Por su parte, a 114 kilómetros al sureste de Iquique se encuentra el oasis de Pica, reconocido por su producción de cítricos, sobre todo el limón de pica.

Otro oasis digno de conocer es el que se encuentra cercano a los salares de Husaco y Coposa, donde una variedad de flora y fauna comparte atractivo con las aguas termales.

Los lugares se suceden uno tras otro, cada cual con las características propias del desierto y sus quebradas.

Una laguna de color en lo más alto de la montaña

Allá arriba. A 3.500 metros sobre el nivel del mar, después de que la vista se acostumbrara a los colores del desierto, emerge la Laguna Roja, con sus aguas que de pronto parecen vino y de pronto sangre.

Unica. Unos 300 metros más arriba, la comuna de Colchane da la bienvenida a los visitantes por una geografía configurada por costumbres milenarias, propias de la cosmovisión ayamara.

Para ver. Allí es posible llegar a hermosos parajes naturales como el géiser de Puchuldiza, el Parque Nacional Volcán Isluga, las termas de Enquelga el bosque de cactus gigantes de Panavinto, y el salar de Coipasa. SEguramente que quedan muchos otros espacios que deslumbran.