Jueces prostibularios

28/1/2018 | 06:30 |

por Carlos R. Baeza

La magistratura nacional supo contar entre sus miembros con dos jueces prostibularios: uno, Norberto Oyarbide, quien fue filmado en el prostíbulo “Spartacus” compartiendo cuarto con fornido gladiador y cuyas imágenes se difundieron en los medios; el otro, Eugenio Zaffaroni, propietario de seis departamentos en todos los cuales se ejercía la prostitución. En el primer caso, el problema no radicaba en sus preferencias sexuales sino en el hecho que dada su investidura, tenía la obligación legal de denunciar la existencia de un establecimiento prohibido por la ley. Y si bien  -junto con otras causales-  se le inició un juicio político, el mismo fue hábilmente abortado en el Congreso el mismo día en que el mundo se estremecía con el atentado a las Torres Gemelas en los EE.UU. En el restante, Zaffaroni dijo ignorar quiénes eran sus inquilinos y a qué dedicaban su tiempo, argumento por demás falaz y que fuera desmentido por Ricardo Montiveros, su íntimo amigo y administrador de sus bienes con quien compartía vivienda, quien admitió la infracción a la ley de profilaxis y abonó la multa máxima fijada por la legislación vigente, logrando el cierre de la causa. 
Pero Zaffaroni no solo supo alquilar propiedades en las que se ejercía la prostitución, sino que igualmente tuvo como socio e íntimo amigo a un personaje del hampa llamado Jacobo Isaac Grossman quien junto a Alberto González; Eduardo Zurko; Julio César Barbosa y Cristina Bejar, integraron una banda autora de numerosos secuestros y otros delitos por los que fueran condenados a 20 años de prisión. Sin embargo y gracias a los buenos oficios de su amigo Zaffaroni, Grossman zafó de la cárcel ya que el 15 de febrero de 1991 fue incluido en el decreto 263 mediante el cual el presidente Menem indultó a otras 19 personas condenadas por su participación en hechos de guerrilla, no obstante que Grossman revestía el carácter de delincuente común, quien ya recibido de abogado se asoció al estudio de Zaffaroni y en un hecho sin precedentes, se presentó junto a éste como asesor en la sesión pública del Senado en la que se trataba su pliego para ocupar un sitial en la Corte, lo cual originó que el senador Gómez Diez sostuviera que era “un verdadero desafío al Senado presentarse con un ex convicto como asesor.
Zaffaroni fue también  -y sigue siendo-  un artífice del abolicionismo en materia penal y todos recordamos, entre varios de sus escandalosos fallos, el caso de Julio Tiraboschi, portero de un edificio donde abusó de una menor de 8 años y por lo cual fuera condenado a la pena de 7 años de prisión. Pero Zaffaroni, integrando un tribunal de alzada rebajó la pena de tal forma que el abusador no fue a la cárcel, alegando que Tiraboschi “es un hombre joven y padre de familia que sufrirá graves consecuencias en el plano familiar y laboral” y que por ende “el único hecho imputable se consumó a oscuras, lo que reduce aún más el contenido traumático de la desfavorable vivencia para la menor”. Sin palabras.
Finalmente, este ex juez prostibulario y socio de hampones, que supo denigrar el cargo que debió honrar, y que irradió el abolicionismo en la cátedra y en la magistratura, a través de infinidad de jueces y fiscales cuya única misión fue dejar libres a delincuentes que poco después volverían a reincidir cometiendo delitos aún más graves, dejó su sitial en la Corte pero fue premiado por el kirchnerismo al que supo defender con pasión con un sillón en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Y desde allí, acaba de protagonizar un nuevo escándalo, esta vez en una abierta actitud golpista y desestabilizante del “Club del helicóptero”, tal como lo hicieran  -entre otros- el “servicial” Esteche al decir que éste “es un gobierno que va a caer y que vamos a ayudar a que se caiga, porque gobierna contra el pueblo. Vamos a hacer lo posible para no dejarlos gobernar”. Su compañero de ruta, Luis D’Elía también se pronunció al respecto y refiriéndose al presidente Macri dijo que “hay que poner la protesta social en las calles; hay que conseguir que renuncie, que se vaya”. Aportando lo suyo, la irascible Bonafini dijo que esperaba “que se caiga a pedazos el Gobierno, no que se vaya, lo quiero ver caído”. Y Luisito Barrionuevo, escondedor de urnas y confeso autor de la frase “hay que dejar de robar por dos años” amenazó a quienes pretenden “perseguir” a los sindicalistas hoy presos por corruptos y ladrones, que quienes así lo hicieron como Alfonsín y De la Rúa, “terminaron mal”. Todos unos auténticos demócratas.
Y a ellos se suma ahora Zaffaroni quien también pretende que el gobierno actual deje el poder, pronosticando que “No va a depender de nada político, ni de lo que diga cualquier partido político. Yo quisiera que se fueran lo antes posible, para que hagan menos daño” Como si no bastara, convocó a “resistir, cada uno desde el ámbito que le corresponde” ya que “Todo pasa. Esto también va a pasar, como pasamos la dictadura, el menemismo, a Cavallo. Esto también pasa” 
Que el grupete de integrantes del “Club del helicóptero” opine como lo hace, simplemente revela su resistencia a reconocer que el gobierno que integraron y apoyaron y que fue sin dudas el más corrupto de la historia nacional, perdió las elecciones y que gran cantidad de sus miembros se encuentran procesados y algunos en prisión. Pero distinta es la situación de Zaffaroni, quien como ex integrante del máximo tribunal nacional y actual miembro de la CIDH, no puede atentar contra el sistema republicano, pretendiendo la salida anticipada de un gobierno electo democráticamente, dada su presunta formación jurídica y los cargos de relevancia que ocupó y ocupa. Ello revela una vez más la catadura moral y ética de este personaje quien no debería permanecer ni un minuto más en el tribunal internacional que lo cobija.

Carlos R. Baeza es abogado constitucionalista. Vive en Bahía Blanca.

 

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