De traiciones y traicionados

23/7/2017 | 09:00 |

Por
Guillermina Rizzo

Judas a Jesucristo, Dalila a Sansón, Brutus a Julio César, el matrimonio Rosenberg a Estados Unidos, Fredo Corleone a integrantes de su familia. ¿Y a usted? Haga el esfuerzo y trate de recordar si le ha sucedido, si la respuesta es afirmativa la vivencia está ahí, asequible a su memoria. Si no tuvo la experiencia, le aseguro que la marca queda grabada en la mente, en la piel, en el alma.

Maquiavelo sostenía que era una pieza fundamental de la política, quien no estuviera dispuesto a lidiar con ella poco podría hacer en lugares de poder; Dante Alighieri reserva el último círculo del infierno para ellos: los traidores.

¿Cómo sobrevivir a una traición? ¿Podemos definir perfiles para traidores y traicionados?

Traición es un concepto complejo de definir; traicionar ideales, causas, compromisos, pactos escritos o tácitos, “de frente o por la espalda”; a un amigo, a la pareja. Engaños, mentiras, omisiones, se entremezclan en una nebulosa en la que alguien es perjudicado.

Traidor proviene del latín traditio: “falta que quebranta la lealtad o fidelidad que se debería guardar hacia alguien o algo”. Desde la Psicología no se puede abordar el tema sin referirse al narcisismo: “complacencia excesiva en la consideración de las facultades propias”; así, ser fiel, mantener la lealtad, ocasiona que las fuerzas psicológicas entren en tensión; pues la lealtad involucra al otro y el egocentrismo a uno mismo.

Quien traiciona se debate entre la lealtad hacia otro y sus necesidades egocéntricas. La traición opera como habilidad compensatoria ante fallas de la personalidad, ante la tensión de sus necesidades y deseos; a su vez rasgos se obsesivos se manifiestan en la idea fija que asalta su mente: lograr cierto objetivo para reprimir su baja autoestima e inseguridades; diferentes mecanismos operando para compensar su propia pequeñez.

Expertos sostienen que el efecto es comparable con la violación, el traidor despliega diversas acciones, la reacción del damnificado es sorpresa seguida de indignación y la sensación de haber sido usado, abusado.

Usurpador de sentimientos deja su sello en la confianza dispensada, la misma queda hecha añicos. La imagen de dolor no solo remite a la traición en sí y a la ruptura del vínculo, sino que la víctima experimenta una sensación de desorientación por haberse entregado ¿a quién no debía? Evidentemente se violó la confianza.

Quien traiciona lo hace por diferentes motivos: ambición, anisas de poder, oportunismo, aunque las características presentes en todo traidor son: cobardía, soberbia y estupidez. Círculo vicioso sin fin: el traidor traiciona para sentirse mejor, para experimentar “el éxito”, luego se siente abatido, círculo que retroalimenta su debilidad y jamás compensa su falla; la víctima un ser que abre su vida.

El dolor ocasionado es proporcional a la cercanía de quien arremete con nuestra confianza, a mayor proximidad, afecto e intimidad, mayor será la herida.

Seguramente quien es traicionado se revista de una coraza protectora, se torne desconfiado, deje de entablar vínculos o lo haga desde la distancia y la frialdad, máxime si hubo una gran decepción, de esas, que calan profundo.

No es saludable ir por la vida desconfiando, sino que con prudencia y los ojos bien abiertos se podrá discernir con quien compartir; ante el enemigo se toman medidas preventivas, para los usurpadores de confianza cercanos ¿qué acciones ejecutar?

Habrá que dejar pasar un tiempo para volver a confiar, sembrar lo mejor, y solo arriesgarse y apostar en el momento preciso. Una sugerencia para que no se confunda: el soberbio niega la traición, el cobarde no se responsabiliza del acto, y el estúpido la asume como un desliz trivial. Para reparar la confianza aniquilada a veces no alcanza una vida.

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