La ciudad.

7 mujeres que desafían a la sociedad y hacen trabajos que eran solo para hombres

Esther, Andrea, Daniela, Claudia, Marjorie, Liliana y Sonia cuentan sus historias.

Por Brenda GhibertiSofía Frugoni, Belén Uriarte y Sol Azcárate

 

   Esther Serano tiene 60 años y trabaja como taxista desde hace 10.

   Agarró el auto por una propuesta de su marido y al principio sufrió rechazo por hacer “el trabajo de un hombre”.

    —Una vez una señora mayor me dijo ‘no, yo con una mujer no subo’. Y se subió en el coche de atrás.

    Pero Esther nunca se achicó. No le tiene miedo a nada. Trabaja tanto de día como de noche. Y acepta cualquier llamado, no importa el lugar.

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   Andrea Tuminello tiene 45 años, lleva 17 como bombera voluntaria de Cerri y admite que nunca la subestimaron ni se sintió discriminada por ser mujer.

   Es más, hace 4 años su jefe la designó como segundo jefe y ella se siente respetada a la hora de tomar decisiones.

   Llegar a ese cargo no es algo usual. Desde Patagones a Espartillar hay 26 cuarteles y no hay ninguna mujer jefa; solo hay dos segundas jefas: una es Andrea.

   ¿Y en número? Es parejo. En su equipo hay 46 personas y 20 son mujeres.

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   Daniela Del Gobbo tiene 30 años, estudió en el conservatorio durante una década y se recibió de profesora de Educación Musical.

   Su vida es muy activa. Trabaja en escuelas, da clases particulares y es la bajista de dos bandas: Cadete Espacial y Fantabulósikos.

   Su presente es bueno, pero admite que en otra banda sufrió las consecuencias del machismo: se cansó de que algunos músicos cosificaran a mujeres en los shows y abandonó el grupo.

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   Claudia Legnini es vicerrectora de la Universidad Nacional del Sur (UNS) y obtuvo ese cargo después de mucho esfuerzo.

  Se recibió de licenciada en Economía, dio clases como profesora, cumplió roles en distintas secretarías, fue secretaria general técnica y recién ahí, ocupó el cargo de vicerrectora.

   Claudia cuenta que en la UNS los sueldos están equiparados y que en su equipo de trabajo hay tanto mujeres como hombres. Pero se enfrenta al chiste fácil o la escasa valoración: “Una tiene que hacer un poco más de esfuerzo que el resto para lograr lo mismo que un hombre”.

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   Marjorie Stuardo tiene 37 años, es árbitra de básquet y trabaja en todas las categorías de Bahía desde hace 10.

   —El problema en esta profesión es que no me dejan hacer, sacando Bahía Blanca y Punta Alta donde me dieron la posibilidad de crecer, de ahí para arriba, Provincia o Nación, no te dejan mostrar el trabajo…

   Marjorie se lamenta que en 2018 todavía se califique por género y no por capacidad.

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    Liliana Pineda nació en Misiones, tiene 50 años y es titular de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) de Bahía.

    Llegar no fue fácil. Ella tiene tres hijos y recuerda que nunca usó las dos horas que les dan para amamantar (lo hacía en otro momento) para poder ser reconocida por sus superiores.

   —A las mujeres nos cuesta más hacernos ver… No quería darles la excusa de decir ‘trabaja menos horas, no sirve’ —explica la única mujer encargada de investigaciones en la provincia de Buenos Aires.

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  Sonia Guleac tiene 58 años, es de Río Colorado y vino a Bahía de joven para estudiar Contador Público.

  Desde que se recibió ejerce su profesión en frigoríficos y asegura que “todos me miran raro cuando ven a una mujer controlando carne y pasando horas ahí dentro”.

  En 2011 Sonia y un grupo de mujeres crearon una cooperativa de trabajo donde la cadena de carnicerías “Virrey Loreto” las representa: para identificarlas, las pintaron de color rosa. Hoy tienen 18 comercios repartidos por toda la ciudad.

  Sonia fue presidenta de la cooperativa durante 6 años consecutivos y asegura que son más mujeres que hombres: “Tenemos cajeras, carniceras, las milanesas de la marca las hace una mujer y en la parte administrativa también somos mayoría”.

Roles que cambian

   La socióloga bahiense Leila Vecslir, especializada en género, sociedad y política, explica que "hay un proceso histórico, social, cultural, histórico, económico y político por el que se le atribuyen algunas características a las mujeres y otras a los hombres”.

   Por esta razón, la mujer está más relacionada con trabajos que tienen que ver con el cuidado, la educación, la casa…

   Sin embargo, advierte que ya no podemos hablar de roles: "Como la mujer se incorpora al mercado de trabajo, el hombre se debe incorporar a las tareas domésticas".

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   La socióloga reconoce que si bien hubo avances en los últimos años, aún existen diferencias laborales entre el hombre y la mujer. Por ejemplo, la cuestión salarial.

   —¿Y cómo ves a Bahía?

   —Está avanzada en términos de relaciones de género y el país, con temas como el debate por la despenalización del aborto. La incorporación de la mujer en el mercado laboral va de la mano de los derechos sexuales y reproductivos, de la planificación familiar. La diversidad de movimientos de mujeres en Bahía es un indicador de que las cosas han cambiado.

   ¿Conocés a alguna mujer que también rompa con los estereotipos en su trabajo?