Sesenta días sin Matías

4/3/2018 | 06:30 |

por Marcela Morini

Hace sesenta días, eternos sesenta días, que Matías Streitenberger, mi amado hijo de apenas 18 años, no está físicamente entre nosotros. 
El 1 de enero fue atropellado por Galo Ochoa, quien no solo manejaba a más de 120 kilómetros, sino que también estaba altamente alcoholizado, sin permiso para conducir y en un auto que figuraba a nombre de su mamá. 
Lo atropelló, lo dejó tirado y ni siquiera tuvo la humanidad de detener su marcha y auxiliarlo. No fue un accidente, fue un asesinato con un arma tan potente como un auto manejado por un monstruo. 
Esa madrugada Ochoa no solo atropelló y le quitó la vida a Matías, sino que también a todos los que lo amábamos. Nuestras vidas cambiaron para siempre, la tristeza y el dolor nos acompañarán por siempre, porque Matías, de una manera totalmente injusta, ya no está con nosotros, en nuestro mundo. Tendremos que aprender a vivir con su ausencia.
Matías utilizaba un implante coclear para escuchar, había nacido con una discapacidad auditiva. Como muchas discapacidades, la recuperación no fue sencilla ni desde el punto de vista físico, emocional ni social. 
Como sociedad tenemos mucho que aprender de aquellos con capacidades diferentes. Aun en aquellos lugares donde imparten educación, colegios que muchas veces están dirigidos por personas con discapacidades emocionales que no son visibles como las discapacidades físicas.
Fueron las menos, porque “Mati” encontró en su camino personas hermosas de alma que le facilitaron vivir en una sociedad compleja.  Matías logró superarse día a día con amor, nunca recurrió a la droga ni al alcohol como medio de tapar problemas. 
Era un ser simple, puro sentimiento, que solo necesitaba comprensión y afecto. Nos enseñó a vivir simplemente a quienes tuvimos la bendición de estar a su lado. 
Aprendimos que lo esencial es invisible a los ojos, como sabiamente enunciaba “El Principito”. Lo distinguía una mirada profunda, de ojos celestes como el cielo y una hermosa sonrisa, que nos regalaba a diario. 
Vivió en el Barrio Patagonia Norte desde que nació y amaba este Barrio por la tranquilidad y la calidez de los vecinos y de sus amigos. Paradójicamente lo matan en la entrada de nuestro barrio. Volvía de festejar el comienzo de año.
Y aclaro que no volvía a buscar nada relacionado con su equipo de implante. Escuchaba normalmente. Fue una versión que se corrió pero que nada tiene que ver con la realidad. 
En medio de un dolor que nos desgarra el alma, estamos trabajando por hacer Justicia. Ochoa le dio cadena perpetua a la vida de Matías y a todos los que lo amamos y extrañamos a cada instante. 
El daño causado por este monstruo es inconmensurable. Sin embargo la ley, en este tipo de hecho, no es congruente con la realidad. Confiamos en que la Justicia esté a la altura de las circunstancias y otorgue una pena ejemplar para que otros lo piensen antes de actuar como actuó Ochoa, que si bien fue el ejecutor, no es el único responsable. 
Cuando personas como Ochoa están en la calle, hay una familia  detrás que debió haberlo impedido, debieron haber controles de transito municipales, pero fallaron. No digo que sea fácil, de hecho, la recuperación de Matías tampoco fue fácil y sin embargo, lo logro con muchísimo esfuerzo diario.
Matías estaba en el mejor momento de su vida, comenzaba a disfrutarla después de muchos años de duro trabajo y un monstruo se cruzó en su camino. Cuando de chiquito soñaba de noche con monstruos y se despertaba llorando, lo abrazaba y lo calmaba diciéndole que los monstruos no existían en la realidad. 
Que había sido solo un mal sueño, una pesadilla. Perdón, hijo, mamá no sabía que los monstruos existen, que están en la realidad con nombre y apellido y parecen personas como nosotros. Ochoa convirtió nuestra vida en una pesadilla diaria y otros lo podrían haber evitado.
Querido hijo, nuestro querido, amado y valiente Mati, con el corazón sangrando en las manos haremos lo imposible por conseguir Justicia tu muerte y evitar que Ochoa repita el daño irreparable de otra muerte permaneciendo por muchos años detrás de las rejas. 
Quiero agradecer el afecto y la contención que recibimos a diario. En estas situaciones nadie puede solo con tanto dolor. La injusta muerte de Matías nos partió en mil pedazos. Solo el amor puede ayudarnos a juntar nuestros pedazos y volver a vivir como se pueda. 
Mis otros dos soles Agustín y Gonzalo harán que un día en mi vida vuelva a brillar la luz. Son mi esperanza, hace sesenta eternos días que mi corazón de madre está en oscuridad. Una parte de mi ser me la arrancó Ochoa aquella terrible madrugada del 1 de enero. 
Y otros podrían haberlo evitado. Te extrañamos tanto, Mati, te necesitamos y siempre vivirás y te amaremos en nuestros corazones.

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