Editorial.

Bahía, la ciudad sin árboles

No puede menos que resultar desalentador que Bahía Blanca, una ciudad al borde del desierto, surcada por el viento, de fuerte presencia industrial y con un parque automotor altísimo, no disponga de un plan que regule y ordene la presencia del árbol en sus calles.
A pesar de la legislación local y provincial que exige disponer de un plan estratégico, y de un inventario que permita conocer con claridad y precisión cual es el patrimonio arbóreo, nunca se ha tomado con responsabilidad y criterio profesional desarrollar esa tarea, considerada básica y clave para cualquier política que se pretenda desarrollar en la materia.
A esta altura no es complicado conocer los beneficios del arbolado urbano. Para mejorar las condiciones climáticas, colocar a la ciudad bajo un manto protector, favorecer los parámetros ambientales, generar sombra que apacigüe los calientes veranos y otro conjunto de ventajas que las ciudades del planeta conocen y aprovechan.
por eso resulta poco menos que inentendible que la Municipalidad de Bahía Blanca no tenga conocimiento de la cantidad de árboles que existen en la ciudad. Que ignore de qué ejemplares se trata, su estado, la necesidad de recambio, los sitios donde se necesita plantar, aquellos que estratégicamente es importante forestar.
la comuna instrumentó a fines del año pasado una suerte de censo que dejó en manos de los vecinos, que deben identificar cada cual los ejemplares existentes en su vereda. 
es decir que una persona que carece de todo tipo de conocimiento específico debe establecer que árbol es, edad, estado y otras características muy lejos de su formación.
A la fecha, según señaló el municipio, se han sumado por este mecanismo de censo unos dos mil ejemplares, lo cual es lo mismo que decir nada. Para tener una referencia, en 2009 un grupo de profesionales de la universidad realizó un estudio del arbolado del barrio Pacífico. Relevaron seis mil ejemplares -43 especies- y establecieron un déficit de 8.400, según parámetros sugeridos de cantidad de árboles por persona.
La ciudad exige un plan. Saber cuántos árboles hay, dónde se ubican, dónde hacen falta, qué ejemplares son los adecuados, cómo cuidarlos, cómo mantenerlos. Para eso hace falta jerarquizar el área responsable, asignarle un presupuesto lógico, tomar el tema con la seriedad, el profesionalismo y la importancia que necesita.