Olimpo ya lo sabe: hay partidos que se ganan con el corazón

Análisis

Olimpo ya lo sabe: hay partidos que se ganan con el corazón

26/2/2018 | 18:23 |

¿Jugó bien contra Arsenal? No importa, el conjunto aurinegro entendió el mensaje del DT Christian Bassedas y pulverizó al rival con actitud, carácter y picardía.

Olimpo ya lo sabe: hay partidos que se ganan con el corazón

Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

Por Sergio Daniel Peyssé / speysse@lanueva.com

 

   A veces las palabras sobran y el tiempo de trabajo, por más eficaz que sea, también.

   Cuando un determinado grupo de alta competencia está autopresionado, perseguido por las derrotas, bombardeado por las críticas y con todo el mundo en contra, necesita ver para creer; sólo espera que el hecho sea real y palpable para empezar con el intento de recuperación.

   En la semana previa al partido con Arsenal, Christian Bassedas le envío un mensaje subliminal a sus dirigidos: el equipo ofensivo que eligió para recibir a los de Sarandí.

   En el primer ensayo, tres días antes del cotejo, los jugadores se dieron cuenta de que el DT daba otra vuelta de rosca, pero que la exigencia, esta vez, iba más allá de los límites. Era a todo o nada. Dos delanteros (Troyansky y Vidal) en los carriles, dos puntas bien definidos (Vila y Lentini) y Lucas Villarruel cumpliendo la función que más le gusta, la de volante central desdoblándose unos metros más arriba que Bellocq, el otro 5.

   El recado estaba más que claro. Era cuestión de empezar a mostrar carácter, presencia y de hacer sentir incómodo al rival. Había que multiplicarse en la entrega y rasparse hasta la uña más chica de los pies.

   Y lo hicieron... Pantaleone se tiró a trabar con la cabeza, Ramírez metió una de karate en mitad de cancha y Villarruel y Bellocq corrieron hasta los alcanzapelotas.

   Y cuando Arsenal había descontado y tenía acorralado al aurinegro, Anchoverri hizo lo que tiene permitido todo aquel equipo que necesita los puntos como el agua para no desaparecer del mundo de Primera división. El arquero se tiró, el partido se “planchó”, sus compañeros cambiaron el aire y Olimpo volvió a apretar los dientes.

   El fútbol es para los vivos, y no me da ninguna vergüenza afirmar que Olimpo, con sus limitaciones indisimulables y las urgencias apremiantes, debe apelar a esas artimañas para conseguir lo que busca, porque eso de hacer tiempo, de esconder las pelotas y de demorar los cambios, son cuestiones del momento, que no quedan como antecedentes y de las que después nadie habla, ni en una mesa de un café, ni en AFA ni en los programas futboleros de TV.

   Pero para apelar a esos recursos que muchos denominan “extrafutbolísticos”, es necesario ir ganando, y no son muchos los partidos donde el conjunto bahiense empezó arriba en el marcador.

   Que quede claro que el triunfo ante Arsenal no tapa nada de lo anterior. Lo veo a Olimpo tan lejos de los elencos que tiene que alcanzar para salir de la zona de descenso y me da escalofríos.

   Pero déjeme decirle que frente a Arsenal jugó como el presente se lo exigía: atacó sin especulaciones, el desorden de los volantes fue para romper líneas enemigas, formó una defensa más férrea que elástica, todas las pelotas paradas a favor cayeron en el área, no anduvo con firuletes intrascendentes, mantuvo la concentración en los pelotazos en contra y ganó el partido con sociedades (Vidal-Troyansky) entre futbolistas que otros técnicos no tuvieron en cuenta.

   Olimpo respiró profundo y entendió que si tenía que quedar de cama por el esfuerzo, pero con los tres puntos en el bolsillo, no iba a renegar. Ya está, llegó el primer triunfo de 2018 y con Bassedas a la cabeza. Que no sea una mejoría antes de una muerte que parece juzgada pero que todavía se puede evitar...

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