Olimpo en la Superliga.

Por ahora, Olimpo está lejos de lo que realmente quiere ser

Además de trabajo, adaptación y de mejorar en su juego, el conjunto aurinegro deberá ser más sólido para que no le conviertan tan fácil. Y no debe dejar de rezar...

Por Sergio Daniel Peyssé / speysse@lanueva.com

   Tal vez regresé de las vacaciones ávido de fútbol o estaba muy ansioso por ver a este Olimpo semirenovado de Christian Bassedas. No sé, pero el lunes a la madrugada, cuando todavía no habían transcurrido 24 horas de la derrota aurinegra frente a Belgrano, volví a ver el partido. Y completo ¡ehh...!

   Por ser la primera presentación de 2018, por volver al ruedo después de 51 días, por ser el inicio de un ciclo distinto con otro entrenador y porque en cancha se vio un Olimpo muy distinto a otros, en cuanto a esquemas, nombres y corrimientos posicionales, debo decir que el primer tiempo fue aceptable, a tal punto que no mereció irse al vestuario 1-0 abajo.

   Aunque ciertos vicios no cambiaron. Y es muy difícil que cambien porque, evaluando el trabajo que tendrá que hacer el DT, no dispondrá del tiempo suficiente para hacer hincapié en ciertos detalles que a esta altura tendrían que estar aceitados y no deberían ser motivos para que el rival te empiece a ganar con tanta facilidad.

   Una de las falencias es el retroceso cuando se pierde la pelota en tres cuartos y la otra el desdoblamiento de los volantes de contención. Bellocq y Porras jugaron demasiado en campo propio, ninguno se sumó al circuito de ataque, y es por eso que Villarruel por un lado y Tellechea por el otro, si no bajaba alguno de los dos delanteros, no tenían con quien jugar.

   El progreso de un equipo en ataque depende de pequeñas sociedades, y Olimpo no las tiene. Sólo creó peligro por las arremetidas y las presiones solitarias de Tellechea, lejos el punto más alto del conjunto bahiense.

   Es cierto que cuando mejor estaba el aurinegro, Belgrano se puso en ventaja. Pero llegó al gol porque cuando Olimpo va al frente, cuando los volantes internos (Tellechea y Villarruel) se adelantan y atrás de ellos van los laterales (Rosales o Pantaleone, uno a la vez), que es lo que pide constantemente Bassedas, por las puntas lo lastiman todos, incluso hasta el equipo que, como Belgrano, vino a especular pero terminó viendo que el festín era posible.

   En el entretiempo eran necesarias dos modificaciones: Porras y Vila no habían estado en sintonía con el partido ni con sus compañeros.

   El técnico tardó en hacer los cambios. Encima, antes de que ingrese Llambay por Porras, el “Pirata” se puso 2-0 y enseguida apareció el olor a historia juzgada.

   Pablo Lavallén, orientador visitante, sacó a Guevgeozian y armó un 4-5-1, con el habilidoso Matías Suárez como hombre más adelantado. Entonces, ¿Por qué Bassedas no rompió la línea de cuatro defensores? Cambió delantero por delantero (Lentini por Vila y Depetris por Troyansky), cuando era necesario tres puntas para, al menos, buscar el descuento antes de que sigan corriendo los minutos.

   Además, cayendo contra un adversario que le estaba ganando con poco y nada, no tuvo reacción, no mostró el ímpetu o esa desesperación lógica y característica para ir a buscar el partido, no se descontroló en lo más mínimo, nadie le protestó al árbitro Pompei ni tampoco alguno de los centrales (Ojeda y Cahais) terminó jugando de 9.

   Es más, el que mandó fue Belgrano, que siempre pareció ser más local que Olimpo.

   En fin. Sólo puse la lupa en algunas aristas preocupantes de este elenco olimpiense que cada vez está más lejos de la salvación: no tiene cambio de ritmo, las pocas situaciones que genera no las convierte, a Villarruel le cuesta jugar como volante por izquierda, Porras necesitará un tiempo de adaptación al fútbol argentino y el desequilibrio entre las líneas va a seguir generando goles enemigos.

   Quedan 14 finales. Poder ser puede. Eso sí, no hay que dejar de rezar...