Extraordinarias: las razones ocultas de una decisión

Extraordinarias: las razones ocultas de una decisión

16/1/2018 | 16:13 |

La columna semanal de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva. en Casa de Gobierno.

Extraordinarias: las razones ocultas de una decisión

NA y Archivo La Nueva.

Por
Eugenio Paillet

   Se veía venir. El presidente Macri tomó la decisión definitiva de no llamar a sesiones extraordinarias del Congreso durante sus vacaciones en Villa La Angostura. El dato sobrevolaba los despachos de los funcionarios políticos, pocos, que se quedaron en Buenos Aires mientras el presidente estaba en el sur y sus dos principales espadas políticas, Marcos Peña y Rogelio Frigerio, pasaban unos días de descanso en playas del Uruguay.

   El jefe de Gabinete lo puso blanco sobre negro esta mañana tras la primera reunión del gabinete ampliado de 2018. No habrá llamado a sesiones extraordinarias y los temas más importantes que impulsaba el gobierno para ese periodo en el que solo se tratan los proyectos que envía el Poder Ejecutivo, quedarán para el debate en el periodo ordinario que se iniciará el primero de marzo con el tradicional mensaje del primer mandatario por cadena nacional.

   El zgobierno no lo dirá públicamente pero con la decisión tomada la semana anterior y oficializada hoy deja en el camino su intención primera de hacerse en febrero de al menos tres proyectos claves: la reforma laboral, la reforma electoral y las modificaciones a la Ley del Ministerio Público. Peña, como se esperaba, minimizó el paso y evito dejar espacio a suposiciones sobre el pago de algún costo político de parte del gobierno.

   Hacia adentro de los despachos, se reconoce casi por unanimidad que la decisión de no llamar a extraordinarias en febrero tiene responsable con nombre y apellido: Miguel Pichetto. Y un par de hitos fundamentales en ese derrotero que se inició allá por mediados de diciembre en medio de la tortuosa saga por el tratamiento de la reforma de la ley previsional. Fueron dos encuentros que el senador rionegrino mantuvo con el propio Peña y con Frigerio. A los dos les dijo lo mismo y sin anestesia. "Olvídense de la reforma electoral en febrero, no sale y no vamos a dar quórum", fueron sus palabras según reconocen cerca del ministro del Interior. Y les refrescó la memoria: "las leyes que necesitaban con urgencia se las dimos en diciembre".

   Pichetto fue más lejos todavía y le dijo a sus interlocutores que el bloque peronista que comanda no veía ninguna necesidad de apurar los tiempos, aunque en el fondo se sabía por entonces que Pichetto obró condicionado por las denuncias de presunta corruptela en el tratamiento de la reforma laboral que lanzó al aire el camionero Pablo Moyano.

   La postura férrea y sin chances de marcha atrás del jefe del bloque de senadores peronistas que rompió con el minibloque de Cristina Fernández fue de tal magnitud que hizo estallar a un funcionario de la segunda línea del Gobierno que trabaja en el área de Peña: "Pichetto es un senador peronista, no es (el Papa) Francisco", lanzó cargado de malhumor. El mismo que, cuentan, sintió Macri cuando se enteró de aquellas conversaciones y descubrió que Pichetto de algún modo le torcía el brazo.

   El Gobierno lo sabe: Pichetto tiene la llave para manejar los dos tercios en el Senado y ese es un dato que no hay manera de torcer. De allí el envalentonamiento del senador rionegrino y la decisión del presidente, sin más remedio por delante, de abandonar su intención de que el Parlamento sesionara en febrero no solo por aquellas leyes sino a modo de mansaje a la sociedad en medio de sus reclamos de un mayor esfuerzo de la clase política para atender los problemas de la gente de a píe.

   El Gobierno consideraba, y lo sigue haciendo, que la reforma laboral es crucial para mejorar uno de los aspectos de la economía de hoy, como es el capítulo del proyecto que prevé un amplio blanqueo laboral. Lo dijo Peña esta mañana: “nosotros creemos que es beneficioso para los trabajadores. Hablar de blanquear trabajadores informales como algo no beneficioso para los trabajadores es desconocer la realidad de más de 4 millones de argentinos que no gozan de derechos laborales”.

   No alcanzó. El poder de Pichetto, mal que les pese, pudo más.

 

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