Crimen del gerente del banco: “La Justicia hizo lo que tenía que hacer”

Crimen del gerente del banco: “La Justicia hizo lo que tenía que hacer”

4/9/2017 | 08:00 | Ricardo Blythman, padre de Claudio, asesinado hace 15 años en una casa del barrio Palihue, sostuvo que “estamos siempre atentos a la posible libertad de estos delincuentes”. Los imputados fueron condenados a perpetua.

Crimen del gerente del banco: “La Justicia hizo lo que tenía que hacer”

Fotos: Archivo LN.

   “Con respecto al caso le digo que nosotros estamos siempre atentos a la posible libertad de estos delincuentes, ya que en varias oportunidades nos han dicho que uno de ellos había pedido la libertad porque tiene un chico, y el otro ha salido a estudiar y se escapó dos veces, y en una de ellas lo agarraron haciendo un secuestro”.

   A través del teléfono, la voz de Ricardo Blythman, padre del gerente del banco Francés salvajemente asesinado hace 15 años en una vivienda del barrio Palihue, suena monocorde, como si trasluciera que el paso de los años coadyuvó para que el hombre de 76 años pueda procesar el dolor.

   “La Justicia ya hizo lo que tenía que hacer. Ahora lo único que esperamos yo, las hermanas y la familia en general, es que no salgan estos delincuentes por el mayor tiempo posible”, confió Ricardo.

   Es que el 30 de junio de 2004, poco más de dos años después del crimen de Claudio Gustavo Blythman (36) -registrado entre la noche del 24 de marzo de 2002 y la madrugada del día siguiente en la vivienda ubicada en Kennedy al 500-, el Tribunal en lo Criminal Nº 3 condenó a prisión perpetua a Daniel Ernesto Miño y Miguel Ángel Ockier, imputados del delito de homicidio doblemente agravado, en concurso real con robo calificado.

El caso

   Los jueces hallaron acreditado que el hecho -en el que también intervino un adolescente de 16 años- fue cometido para facilitar el robo de una agenda electrónica, un bolso de tela, un centro musical, cosméticos, discos compactos, máquinas fotográficas, prendas de vestir, una radio, un reloj, un televisor, una videocasetera, zapatillas, doscientos pesos y el automóvil Peugeot 206 de la víctima, que apareció pocas horas después en Villa Harding Green, cerca de la casa de Miño, quien llegó en libertad al debate y se ausentó el día de la lectura del fallo, manteniéndose prófugo poco más de un año, hasta que fue capturado en Sierra Grande, donde vivía bajo una falsa identidad.

   Una empleada descubrió en el piso de la cocina el cuerpo de la víctima, quien presentaba más de 25 puñaladas en distintas partes y tenía una bolsa de nylon en la cabeza, la que le obstruyó la respiración y le causó la muerte.

Análisis

   “No quiero abundar en la personalidad del gerente, pero de alguna manera eso les facilitó (el accionar a los delincuentes), dado que tenían un conocimiento cotidiano con el hombre, que dejaba el automóvil en un estacionamiento que los chicos cuidaban. Es más, fue evidente que había una relación de conocimiento que les habilitó el ingreso a la casa”, comenzó recordando Pedro Munguía, fiscal de la causa y jubilado hace una década.

   Recuerda que “el papá (de la víctima) tenía una relación con Evaristo Iglesias, que había sido subsecretario de Justicia de la Nación, y en su desesperación habla con este señor y le dice que tenía alguna desconfianza de la firmeza en la acusación, con todas las vicisitudes de apreciación que tiene la Justicia argentina y sobre todo la penal”.

   El exfiscal comentó que con el subsecretario Iglesias “trabajaba Francisco Fuster, abogado bahiense, que me conocía y le dio tranquilidad sobre el desarrollo de mi función. Así llega el hombre (por Ricardo Blythman) a Bahía Blanca y es ahí cuando generamos una muy buena relación personal, más allá de la situación desgraciada que le tocaba vivir. En lo profesional quedé satisfecho con la pena, aunque en su momento tuve una gran desazón porque no se había podido detener a uno (por Miño)”.

   Días después de haber sido detenido en Sierra Grande, Miño limó los barrotes de la celda y huyó de la comisaría Primera de Viedma, donde debía permanecer alojado hasta ser trasladado a nuestra ciudad, siendo finalmente apresado a principios de octubre de 2005.

   En tanto que Ockier, el 13 de diciembre de 2006, mientras era interno de la Unidad 31 de Florencia Varela, escapó de tres custodios que lo habían acompañado hasta la Facultad de Derecho, donde cursaba estudios, y fue recapturado en agosto del año siguiente, luego de un robo en José C. Paz.

"Era una persona muy inteligente"

   “Mi hijo era una persona muy inteligente, que había avanzado muchísimo en el banco haciendo una carrera meteórica. Primero estuvo en el City Bank, luego en el Crédito Argentino y después fue al banco Francés. Se inició como gerente inaugurando la sucursal Adrogué, de donde se fue al ser nombrado en Mar del Plata, y al poco tiempo lo destinaron a Bahía Blanca”, recuerda Ricardo.

   El hombre asegura que “nosotros, toda la vida, fuimos de Adrogué y él estudió la secundaria en el Tomás Espora de Temperley, que está en la localidad de al lado. Después siguió su carrera de ciencias económicas en la Facultad de Lomas de Zamora, donde se recibió de contador público.

   Sobre su estancia en nuestra ciudad, comentó que su hijo “estuvo muy poco en Bahía, prácticamente un año, y alcancé a visitarlo dos o tres meses antes de que pasara lo que pasó. Personalmente, tanto yo como mi esposa, cuando fuimos por el tema del juicio oral hemos sido muy bien tratados, sobre todo por el fiscal Pedro Munguía, una excelentísima persona. Y la pena que le impusieron a esta gente es la máxima que les podían imponer”, concluyó.

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