Una herramienta impensada

Una herramienta impensada

10/9/2017 | 09:00 |

Una herramienta impensada

Una herramienta impensada. Crónicas de la república La Nueva. Bahía Blanca

Por
Eugenio Paillet

Podría no ser la política pura y dura. En plan “clintoneano”, el Gobierno en general apuesta a que, de un modo tal vez impensado, la economía y su recuperación incipiente en varios sectores puede ser el factor que influya para conseguir los dos grandes objetivos que tiene en octubre: ampliar la victoria nacional conseguida en las PASO de agosto pasado, y hasta dar algún batacazo en provincias que fueron esquivas y -más relevante aún- ganarle la estratégica provincia de Buenos Aires al kirchnerismo.

En los despachos oficiales se hace hincapié por estas horas en que un escenario de lenta pero sostenida salida del estancamiento que primó a largo del primer año y medio de Gobierno -al margen de aquellas primeras conquistas como fueron la salida del cepo cambiario o el acuerdo logrado con los fondos buitre- ha comenzado a registrarse.

El INDEC informará esta semana que comienza que bajaron los índices de pobreza; además de que han crecido la demanda de bienes y consumo, y de que la solicitud de créditos hipotecarios o para emprendedores pequeños y medianos es récord, según reflejan los números oficiales del ministerio de Hacienda, a cargo de Nicolas Dujovne.

A estos números positivos que maneja la Casa Rosada se suma el arrastre de los casi 180 mil puestos de trabajo genuinos creados, en especial durante el segundo semestre de este año, y habría que mencionar los índices en alza que ya se registraron en el sector industrial, especialmente en rubros claves como los son el automotriz y la construcción.

La frutilla del postre sería la baja de la inflación en plan sostenido, que se ubicaría en torno al 1 % en septiembre, según las proyecciones oficiales. Para redondear, ese estado de ánimo de los funcionarios podría encerrarse en la frase que esta semana pronunció Marcos Peña, luego de una reunión del gabinete de coordinación: son cada vez más amplios los sectores sociales bajos y medios que empiezan a sentir los efectos iniciales de la reactivación económica.

Traducido al lenguaje político puro, eso significa, a juicio de los funcionarios, que la economía, y no sólo la pelea política de barricada -con el caso de Santiago Maldonado como eje de una verdadera guerra sucia que se registra mayormente por impulso del cristinismo y de sus aliados- puede aportar el plus que hasta ahora no figuraba en muchos pronósticos públicos y privados para que el oficialismo obtenga un triunfo en las elecciones legislativas del próximo 22 de octubre.

Con mayor énfasis que en épocas en que las vacas seguían siendo flacas, en el Gobierno ahora apuestan a una de las viejas muletillas previas a cada proceso electoral: que más allá de coyunturas o peleas puntuales propias del tira y afloja de la política -que suelen interesarle más a los políticos y al círculo rojo que al ciudadano de a pie- la gente finalmente vota con el bolsillo.

Se han sumado algunos factores que parecieran convalidar esa línea de pensamiento. Tiene que ver con los trabajos fundamentales de dos ministros claves del gabinete, como son los titulares de la cartera de Trabajo, Jorge Triaca, y de Desarrollo Social, Carolina Stanley.

Esa ponderación no es ociosa, sino que figura en boca del propio presidente Macri, que lo ha dicho y repetido en más de una ocasión en sus últimas reuniones. El titular de la cartera laboral ha sido un factor central para enderezar la compleja relación con los gremios.

Y viene de entregarle lo que sin dudas para el Gobierno es una muy buena noticia: no habrá un paro general antes de las elecciones. Los dirigentes de la central obrera y otros de los grandes sindicatos -salvo la excepción del siempre combativo dirgente camionero Pablo Moyano- han entendido que estos no son momentos para medidas de fuerza, en especial cuando reconocen que en varios de sus gremios aquella tenue reactivación de la economía ha empezado a notarse.

Casi en paralelo, su colega de Desarrollo Social entregó esta semana su propio aporte, en un alarde de “muñeca” política que, esta vez, volcó a su favor la siempre cambiante relación que mantiene el Ejecutivo con los líderes de los movimientos sociales.

Esas organizaciones, al igual que los gremios, también decidieron levantar el pie del acelerador: postergaron el plan de marchas y movilizaciones, con instalación de ollas populares incluidas, que tenían preparado para las próximas semanas frente a las grandes cadenas de hipermercados en reclamo de la plena implementación presupuestaria de la Ley de Emergencia Social y de la aprobación de una ley de Emergencia Alimentaria.

Juan Carlos Alderete (Corriente Clasista y Combativa-CCC), Daniel Menéndez (Barrios de Pie) y Juan Grabois (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular-CTEP) se lo hicieron saber esta semana a la ministra luego que ella les asegurara que, de la mano de esa reactivación de la economía, vendrá la plena aplicación de sus reclamos, un objetivo largamente perseguido por los dirigentes.

La obsesión del presidente, convendría recordarlo y lo reflejan a sus costados, sigue siendo la desaparición del joven Santiago Maldonado. Un dato central de esta semana prueba ese estado de ánimo: Macri, antes que nadie, se puso a la cabeza de la decisión de subir al centro de la escena una no descartada responsabilidad de la Gendarmería en la desaparición, hasta ahora con final incierto del artesano, quien fue visto por última vez el 1 de agosto, tras participar de una protesta mapuche en la ruta 40 de Chubut, desalojada por esa fuerza de seguridad.

El jefe de Estado decidió armar un comité de crisis junto a Peña, el ministro de Justicia, Germán Garavano, y el secretario de Legal y Técnica, Pablo Clusellas para escarbar cada día en sucesivas reuniones hasta el más mínimo dato que permita esclarecer el caso, aun si la verdad arrojara un final trágico para el joven del que nada se sabe desde hace 40 días.

Un detalle de esa mesa de trabajo es que no participa la titular de Seguridad, Patricia Bullrich. La ministra, que debió ser ratificada en los últimos días por Macri y Peña en un simple gesto de manual político, justo cuando su cabeza es reclamada por Cristina Fernández y sus aliados de los organismos de derechos humanos, carro al que rápidamente se subió la propia familia de Maldonado que no reconoce ni reconocerá otra hipótesis que no sea la culpabilidad de Gendarmería, quedó en el ojo del huracán.

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