Columnas.

Felicitaciones para los adultos

Hoy quiero felicitar a los adultos que cumplen su rol y posibilitan que la infancia se pueda desplegar.

Por: Guillermina Rizzo

Hoy en nuestro país celebramos el “Día Internacional del Niño”; evento que debiera trascender el tradicional “regalo”, decir “juguete” por momentos es una quimera, me atrevo a asegurar que quienes tienen la suerte de recibir un presente, estará gobernado por las imposiciones de la publicidad.

El objetivo centrado en la protección de derechos se desplaza hacia un consumo por momentos voraz, en el que el imperativo se dirige seguramente hacia lo tecnológico: celulares, tablets, computadoras, play station y los juegos respectivos. Las marcas, los diseños y las tendencias de moda, astutamente dejaron de hacer alianzas con los progenitores y se vinculan directamente con los niños; el consumo prevalece en detrimento de abrazos y palabras de afecto.

En las antípodas estarán quienes cumplen la función de simples espectadores, aunque vendiendo flores, pidiendo una moneda y haciendo malabares en una esquina, también haciendo malabares con su vida, peripecias con sus necesidades básicas.

Hoy es el Día del Niño, pero en verdad quiero felicitar a los adultos. ¡Sí! A los adultos que cumplen su rol y posibilitan que la infancia se pueda desplegar.

Felicito a los adultos que no permiten que los niños se mimeticen con sus posturas, sus palabras, sus vestimentas, sus pesares y frustraciones, sino que se esfuerzan cada día por mantener la asimetría en los vínculos y en los roles de modo tal que los niños sean a niños.

Felicito a los adultos que comprenden la vulnerabilidad de la infancia, y con paciencia y sin apuros, no incitan a la autosuficiencia, a la independencia anticipada, a la aceleración de procesos madurativos, que lejos de lograr un desarrollo pleno conduce al aborto de un proceso necesario.

Felicito a los adultos que no claudican ante un berrinche o un portazo y contienen con afecto y sostienen los límites con firmeza, aún ante la posibilidad de sentir que va contra la corriente.

Felicito a los adultos que no temen ser, actuar y vestir como adulto, lejos de ser ridículo o antiguo les brinda a los niños la posibilidad de recuperar el carácter lúdico de la imitación, le otorga modelos válidos a los cuales emular y también rebelarse en pos de la construcción de una identidad.

Felicito a los adultos que toleran la frustración, que resuelven sus propios problemas y traumas en espacios de intimidad, preservando a los niños de la transmisión de conflictos generacionales no resueltos y de futuros ataques de pánico, adicciones, trastornos de ansiedad, somatizaciones, depresión, o la gama de patologías que hoy reviste la infancia.

Felicito a los adultos que disfrutan y enseñan a amar; que confiando en sus fuerzas inculcan la responsabilidad y el esfuerzo; que con valentía atraviesan dificultades y alfabetizan las emociones para que los niños puedan vencer los miedos.

Felicito a los adultos que se apasionan con la vida y contagian entusiasmo; a los que se asumen las debilidades propias, así enseñan a pedir ayuda.

Felicito a los adultos que ríen a carcajadas y lloran hasta el desgarro, pues desde el goce o el dolor se inculca a los niños que habrá éxitos y fracasos, logros y pérdidas, algunas irreparables.

Felicito a los adultos que son consecuentes con sus sentimientos y no fingen ni disimulan; pues cultivan la autenticidad y los vínculos genuinos.

Mi querido lector, sepa usted, que si se siente identificado con mis felicitaciones solo así podemos concebir a la niñez, habremos educado futuros adultos sensatos, responsables, honestos, sanos, que asumen riesgos, que aceptan cambios, que comprenden, perdonan y aman. ¡Feliz Día del Niño!