Bolt: el legado de un atleta fuera de serie

13/8/2017 | 22:02 |

Por
Néstor Ávila.

Para Usain Bolt, más que una despedida fue una pesadilla. Cuando los ojos del mundo deportivo centraron todas las expectativas en él, su última carrera como profesional terminó de modo inimaginable. Una dramática lesión en el isquiotibial izquierdo le impidió llegar a la meta en la prueba decisiva de la posta 4x100 por equipos y conmovió a un estadio repleto en Londres.

Tal vez no haya elegido el mejor momento para su retiro. La leyenda que tuvo a los Juegos Olímpicos del año anterior como su definitivo gran objetivo, asumió su participación en este Mundial sin la preparación exigida, con el golpe del fallecimiento de un amigo y con más visitas al médico que lo atiende por su escoliosis que a las pistas.

En agosto de 2016 en Brasil, el velocista jamaiquino mostró lo que quedaba de su fulgurante versión y allí podría haber sido su adiós. Sin embargo, prefirió estirar su brillante trayectoria hasta el pasado sábado sin pensar que sería con un cierre tan amargo.

Claro que el desafortunado final en el tartán londinense no cuestiona en absoluto la presencia de Usain Bolt en el altar supremo del atletismo.

Su magnetismo, su carisma, sus récords, sus títulos y sus medallas lo han convertido en el atleta más grande de la historia. No sólo ha dejado un legado. Sus marcas de 9”58 en los 100 metros y 19”19 en los 200 metros llevan ocho años en lo más alto de las listas y seguramente ahí continuarán durante mucho tiempo más.

La irrupción de Bolt en la cima del sprint se produjo en los JJ.OO. de Pekín en 2008, consiguiendo en aquella cita tres récords mundiales y otros tantos oros en los 100, 200 y 4x100 metros. Desde entonces dominó en los Mundiales de Berlín 2009, Moscú 2013 y Pekín 2015, como en los Olímpicos de Londres 2012 y Río de Janeiro 2016.

En el total de su recorrido atesoró 21 medallas, de las cuales 18 fueron de oro, 2 de plata y 1 de bronce, la más reciente. Ese tercer puesto anticipó la caída de su largo reinado luego de culminar detrás de los norteamericanos Justin Gatlin y Christian Coleman, en la única final individual que perdió en su década mágica.

Transformado en mito viviente, siempre se mantuvo ajeno a las trampas del dóping y se ganó la admiración del público en cada lugar del planeta donde exhibió sus cualidades. Además de obtener resultados, ofrecer espectáculo también formó parte de su esencia.

Tras su última función, Usain se va convertido en un atleta “terrenal”, pero con un palmarés único y un impacto mediático sin precedentes. Al punto que el propio Barack Obama, por entonces en ejercicio de la presidencia de Estados Unidos, imitó su popular gesto con el brazo extendido para simular un rayo en una visita que realizó a Jamaica en 2015. Sin dudas, otra muestra de la enorme relevancia universal que supo alcanzar.

Aunque algunos aventuran un pronto regreso, ya se ha empeñado en asegurar que no lo hará, como sí lo intentaron fugaz y fallidamente Muhammad Alí y Michael Jordan. Desde ahora, habrá un antes y un después de Bolt.

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