Crimen de Ruth Utriera: "Sinceramente, cada vez que pasa un caso así me trae recuerdos"

Crimen de Ruth Utriera: "Sinceramente, cada vez que pasa un caso así me trae recuerdos"

2/7/2017 | 08:00 | Oscar, padre de la chica asesinada en mayo de 2004, en inmediaciones del surgente ubicado detrás de la ex Lanera San Blas, se refirió al crimen impune de su hija.

Crimen de Ruth Utriera: "Sinceramente, cada vez que pasa un caso así me trae recuerdos"

Fotos: Sebastián Cortés y Archivo LN.

    El surgente existente detrás de las instalaciones de la ex Lanera San Blas, ubicada en avenida Colón al 2.200, era visitado diariamente para reemplazar la imposibilidad de contar con una canilla domiciliaria por la cual disponer de agua.

   El sector, descampado allá por 2004, era transitado por los más necesitados durante horarios diurnos, como único requisito precautorio ante cualquier adversidad. Poco menos que la desprotección total, como históricamente vivieron y viven en la periferia.

   La familia Utriera ocupaba, como hasta ahora, la vivienda ubicada en Pacífico 440, que era de las que determinaban el límite del área poblada por entonces.

   Aquel martes 11 de mayo, como algunas otras veces, alrededor de las 14.30, Ruth Evangelina Utriera (19 años), estudiante de la Universidad Nacional del Sur, donde cursaba la licenciatura en administración de empresas, había salido de su casa para cubrir esa necesidad básica.

   “Siempre iba yo, porque nosotros no teníamos agua, pero ese día estaba estudiando porque hacía un curso de electricidad, por lo que fue una de las veces que ella salió sola. Pasados quince minutos, ella (por su mujer) me dice 'Oscar, Eva no vuelve', y recuerdo que le dije 'pero, Cati, no pensés mal'”, cuenta Oscar Alberto Utriera, a sus 76 años, y con los surcos del dolor y el esfuerzo reflejados en su rostro.

   “Una vez que fui al surgente pude ver que había dos o tres tipos que iban a drogarse ahí, debajo de una especie de planta”, reconoce el hombre.

   Y como pasaban algunos minutos y la joven no volvía, la familia comenzó a preocuparse.

   “Ella era muy amiga de la chica de una familia vecina, de apellido Barrera, y no me acuerdo quién fue a preguntarles si estaba ahí. En casa también estaban otros dos hijos, Marina Elizabeth, la mayor, y Fernando, el preferido de Eva, que fue quien la encontró”, sigue diciendo Oscar.

La búsqueda

   Al relatar aquel momento, pareciera que por la cabeza le van pasando imágenes de una película.

   “Marina iba por debajo de la vía y yo por arriba, mientras que Fernando salió disparando”, y fue el muchacho quien en el camino “encontró una media, por lo que los tres fuimos para el surgente, pero en ese lugar no había nada. Entonces miramos en el zanjón y la encontramos enterrada de cabeza”, describe Oscar.

   “Eva” había sido salvajemente asesinada, luego de ser violada presuntamente por más de una persona. Los estudios científicos indicaron que la muerte se produjo como consecuencia de asfixia mecánica por sumersión, que le ocasionó un paro cardiorrespiratorio traumático.

   Casi una semana después del hecho, la policía aprehendió a cinco jóvenes del sector que habitualmente se reunían en cercanías del surgente: Carlos Pereyra, conocido como “Cachín”; su hermano Sergio Adrián Pereyra, alias "El Jeta"; los también hermanos Alberto Sebastián, apodado “Ojitos”, y Jorge Ricardo Pérez (22), y Heriberto Pradena Millán (19), a quien se conocía como “El Gordo Millán” o "Geliberto".

   “A una vecina de acá cerca, y a nosotros también, una policía (se desempañaba en la división local de la Delegación de Investigaciones del Tráfico de Drogas Ilícitas) nos dijo que la que sabía bien qué había pasado era la mujer de uno de ellos, pero no la dejaron declarar”, comentó Oscar, quien afirmó que la uniformada se los dijo “porque le dolía lo que habían hecho”.

   De todos modos, poco después Alberto Pérez recuperó la libertad, en virtud de la falta de mérito para seguir detenido que fuera decretada por la doctora Gilda Stemphelet, a cargo del Juzgado de Garantías Nº 1.

   Lo mismo sucedió los primeros días de abril de 2005 con el resto de los sospechosos, luego de conocerse un segundo informe respecto de una pericia de ADN, en cuyas conclusiones se excluyó a todos los imputados.

   La Cámara Penal rechazó el sobreseimiento de estos últimos y ordenó que fueran enjuiciados.

   “El primer fiscal (Christian Long) nos atendió de maravillas, y nos dijo que habían mandado todas las cosas y que le habían dicho desde La Plata que no alcanzaban las pruebas. Después, a los nueve meses, volvieron a analizarlas y les dio negativo”, dijo Oscar, sin llegar a comprender cómo ello pudo haberse dado.

   “También me comentaron que hubo un chico que vio (lo ocurrido), pero el padre no lo dejó declarar. Además, escuché que una mujer aparentemente los vio salir disparando de ahí pero no quiso hablar e incluso, a esa hora, desde la escuela (ubicada en la misma manzana de los Utriera) los habrían visto bajar de las vías. Y todo quedó en banda, porque no tuvimos un testigo real que los hubiera visto. Todo lo que sabemos fue por versiones”.

El debate

   Así, con un cuadro acusatorio que reunía más indicios que pruebas concretas, el 10 de noviembre de 2008 se inició el juicio oral y público por la violación y posterior homicidio de “Eva”.

   Previamente el fiscal Emilio Marra había manifestado que "son todos elementos, hasta el momento, indiciarios, que dieron una base para elevar la causa a juicio", y admitió que "hay ciertas dudas en cuanto a los participantes, la individualización exacta de quiénes participaron en la violación y en el homicidio".

   Tras dos jornadas de debate, en las que no surgieron elementos para sostener las imputaciones, el representante del Ministerio Público decidió no acusar a los sospechosos, quienes resultaron absueltos.

   Marra recalcó que el cuadro probatorio "carece del más mínimo sustento", y dijo "lamentar" la situación por la familia Utriera.

   "Si fueron ellos, les va a quedar la justicia de Dios", concluyó.

   Hace casi treinta años que el matrimonio se instaló en su vivienda del barrio San Blas, a la que fueron trayendo cinco hijos: Marina, Fernando, Adrián, 'Eva' y María Raquel, actualmente de treinta años de edad, y testigo del relato de su padre.

   “Sinceramente, cada vez que pasa un caso así me trae recuerdos. Para nosotros fue una hija ejemplar. Ella siempre estaba preguntándome cómo estaba. Y cuando me enfermaba me traía el diario para que leyera. Era una chica que estudiaba...”, recuerda en una mezcla de nostalgia y dolor.

   “Eva” era la cuarta de los cinco hermanos y dejó su huella en la menor de la familia.

   “La recuerdo como buena hermana que fue, no puedo decir otra cosa. Sólo tengo buenos recuerdos de ella, porque siempre estuvo pendiente de mi”, asegura María Raquel.

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