Impunidad y corrupción rodearon el caso Nair Mostafá en Tres Arroyos

Impunidad y corrupción rodearon el caso Nair Mostafá en Tres Arroyos

22/5/2017 | 09:00 | El asesinato de la niña de 9 años impactó al país. No hubo condenados, aunque el abogado de la familia, Miguel Ángel Asad, está convencido de quién la mató y cuál fue el móvil del hecho.

Impunidad y corrupción rodearon el caso Nair Mostafá en Tres Arroyos

La aparición sin vida de la pequeña provocó la reacción de los vecinos de esa ciudad y una serie de violentos incidentes.

“El caso de Nair Mostafá es, junto con el de Soledad Morales, líder en cuanto a impunidad, droga y corrupción de las policías de Buenos Aires y de Catamarca. Allá y acá también estaba el poder político que no quería el esclarecimiento y les molestaba las marchas”.

La definición le pertenece al abogado Miguel Ángel Asad, quien desde el primer momento actuó como particular damnificado en el resonante caso que se registró cuando 1990 comenzaba a dar sus primeros pasos y Tres Arroyos se conmovió con la "pueblada", que terminó con 16 autos incendiados en el frente de la comisaría Primera, otros tantos policías apartados de la fuerza, más de 20 heridos y la municipalidad copada.

En realidad, todo había comenzado en las últimas horas de la tarde del 31 de diciembre, cuando Liliana Fuentes advirtió la falta en el hogar de su hija Nair Mostafá, de 9 años, quien se había dirigido al natatorio del club Huracán y no retornó en el horario habitual.

La mujer se dirigió a la comisaría para comunicar la novedad y, pese a su insistencia, no se le tomó la denuncia debido a que los uniformados estaban brindando ante el año próximo a iniciarse. Y como en las restantes dos oportunidades que concurrió el comisario Carlos Fusco no estaba y el subcomisario Norberto Sosa decía encontrarse muy ocupado, Fuentes acudió a LU24 Radio Tres Arroyos, desde donde su director –Evaristo Alonso, quien luego fue reiteradamente amenazado y murió en circunstancias extrañas, al volcar su automóvil cuando viajaba hacia Buenos Aires– convocó a los vecinos a intervenir en la búsqueda.

De inmediato se realizó un rastrillaje que posibilitó, aproximadamente a las 2, encontrar el cuerpo sin vida de la niña, junto a la pared que da al ferrocarril, entre Brandsen y Falucho, oculta entre los pastizales del lugar, con signos de haber sido violada y estrangulada.

“Después de mucha lucha tuvimos una reunión con el doctor (Eduardo) Duhalde, cuando era gobernador de la Provincia (en el momento del hecho lo era Antonio Cafiero), en la cual nos dijo 'bueno, yo quiero que se esclarezca de una vez por todas el tema'. Entonces llegamos a un acuerdo. Ellos proponían a tres integrantes para conformar una comisión investigadora y nosotros a otras tres personas de la policía de Buenos Aires. A uno de ellos, por haber sido propuesto, los compañeritos de la Bonarense le quisieron cortar las piernas con tiros de ametralladora”, aseguró Asad.

“Cuando la mamá de Nair y yo retornamos a Bahía Blanca, los comisarios que habíamos propuesto nosotros ya habían sido separados de la fuerza. Con ese tipo de cosas tuvimos que luchar”, dijo.

En los primeros 12 días de la investigación hubo 12 detenidos para luego imputársele el crimen al barrendero municipal Carmelo Piacquadío.

“El caso Nair Mostafá se pretendió tapar con la hipócrita intervención de Miguel Ángel Maldonado, psiquiatra forense de la policía bonaerense, quien dijo que en la entonces Brigada de Investigaciones, Piacquadío le había confesado la autoría del hecho, cuando la doctora Graciela Wajner de Porcelli Piussi demostró que no podría jamás haber revelado por sí una confesión de esa característica porque era un oligofrénico mayor. Y ese dictamen fue confirmado por el equipo de profesionales de Melchor Romero, cuando fue llevado allá”, sostuvo el abogado.

Connotaciones

“En la Cámara Penal de Bahía Blanca, en su voto minoritario el doctor (Julio César) Brignole dijo `no se puede seguir tolerando que semejante cantidad de nulidades sigan manteniendo vigente la imputación sobre Carmelo Piacquadío´. Votó en minoría, pero dijo la verdad”, comentó.

Asad señaló que “un cuerpo de forenses de la Corte de Justicia de la Nación -el mismo que hoy, ya retirado, está interviniendo apoyando a la jueza Salgado, la viuda de Nisman, en respaldo a que al fiscal lo mataron- expidió un dictamen en el cual se logró determinar que a Nair Mostafá le habían inoculado cocaína en vida” y por ello “quiero que los jueces de la provincia de Buenos Aires me expliquen cómo hizo el pobre Carmelo Piacquadío para secuestrar a la niña e inocularle cocaína”.

El abogado recordó que “la Corte de Justicia de la Nación dictó una prescripción que terminó beneficiando a Piacquadío, quien no debió ser sobreseído por la prescripción por el paso del tiempo, sino porque simplemente era inocente”.

Entonces, ¿quién la mató? es la pregunta que cae de madura.

“Por supuesto que sabemos quién mató a Nair Mostafá. Fue Alberto Meglia, correo de la droga, reconocido en el propio Hospital Pirovano de Tres Arroyos tratando de averiguar si la niña estaba viva y si podía hablar. Ese es el verdadero autor”, sentenció Asad.

Y expuso su teoría.

“A Nair la tuvieron retenida para negociar un cargamento de droga porque (Jacobo) Pastuchik, quien fuera padrastro de la niña y separado de la madre, tenía una diferencia con una banda de Tres Arroyos. El jefe de esa banda, para cobrar el dinero que le debían, contrató a Meglia, quien fue a cumplir una misión”.

Y completó el relato afirmando que “Meglia, junto a otro individuo, tuvo retenida a la niña unas horas, como parte de la negociación, pero como esa negociación no llegó a buen fin, es que matan a la nena inoculándole droga”.

Un crimen sin memoria

Guillermo Francisco Torremare, autor del libro “Nair, verdad y Justicia. Crónica de un desecuentro”, basado en la investigación que realizó junto al periodista tresarroyense Andrés Vergnano, y editado en 1998, compartió sus conclusiones sobre los diferentes acontecimientos y vueltas que dio este caso que concluyó sin respuesta.

“Haber tomado conciencia de las variadas y trascendentes consecuencias del delito en sí, que se configuraron a lo largo de todo el proceso judicial y social, me llevaron a sacar algunas conclusiones. Entre ellas destaco el hecho de que la masiva salida a la calle de la población, no exenta de violencia, con el propósito de quejarse y reclamar, constituyó un hecho inédito en Tres Arroyos hasta ese momento”.

“También sobresale la brutal exhibición de la conocida ineptitud policial, mostrada desde el primer momento, ya que antes que fuera hallado el cadáver la madre no logró que, en la comisaría, atendieran su reclamo por la desaparición de Nair porque los policías estaban festejando el fin de año”.

Consideró que “la intervención de un magistrado (haciendo referencia al juez federal Luis Armando Balaguer) causó un daño tremendo, ya que arruinó la vida de personas inocentes al vincularlas y encarcelarlas infundadamente, al tiempo que generaba falsas expectativas”.

Torremare sostuvo que “también me quedará grabada la necesidad social de que el delito objeto de tan grande movida fuera algo extraordinario, con ribetes novelescos, lo que posibilitó que durante un prolongado período las medidas fantasiosas de Balaguer fueran tomadas en serio”.

Por último, observó “el generalizado olvido de la víctima principal, Nair Mostafá, de quien no hay siquiera una breve placa que guarde su memoria en toda la ciudad”.

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