Lamentos macristas sobre la mesa

13/5/2017 | 20:50 |

Por
Eugenio Paillet

Un funcionario que frecuenta el área restringida del primer piso de la Casa Rosada le ha escuchado decir al presidente que a veces le cuesta, o le impresiona, comparar sus fotos de ahora con las de aquel rozagante bailarín de balcones que asumió hace ya larguísimos 18 meses. Cualquiera que se tome un par de minutos para observar ese álbum no podría menos que coincidir. Justo él, que todo lo mira y lo mide con la precisión de ingeniero que mapea una futura obra o un proyecto para sacar al país adelante y lograr que aparezca más temprano que tarde el alivio en los bolsillos para la gente, mucha, que le cuesta llegar a fin de mes.

Esas cuitas tendrían que ver con un plano general de la marcha de la administración que, pese a sus esfuerzos, ha errado más de lo que ha acertado y se ha empecinado en poner plazos que después no puede cumplir .

Y, en un mirada más cerrada y puntual, con acontecimientos como la saga del fallo de la Corte que beneficiaba a represores de la última dictadura con la aplicación del 2x1. Un fallido que el Congreso se encargó de corregir en tiempo récord y con altísimo consenso de enemigos soterrados hasta el día anterior. Que deja, por otro lado, un costado que convendría no desatender, un mal precedente: no es bueno para un país que busca volver a la previsibilidad y las reglas de juego claras que permita atraer inversiones que la política corrija fallos del máximo tribunal.

En ese derrotero, el Gobierno mostró inconsistencias y falta de cintura que hasta podrían alarmar. El macrismo puede hacer gala al mismo tiempo de un impresionante aparato de comunicación a su servicio del que hay pocos antecedentes (no aplica el que montó Cristina porque tenía cientos de medios pero no llegaban más que a sus fanáticos) que de su recurrente caída en errores políticos por falta de anticipación, de simple lectura de los acontecimientos.

Es cierto que el Gobierno ha perdido contactos en la Justicia. No son aquellos tiempos de Daniel Angelici, corrido por Elisa Carrió sin que Macri pudiera hacer nada para evitarlo. Y "Pepín" Rodríguez Simón o José Torello, dos de los abogados preferidos del presidente, nunca alcanzaron a cubrir adecuadamente ese faltante. Consecuencia, el Gobierno se enteró del fallo de la Corte casi con la lectura de los diarios.

Lo que se le cuestiona es su reacción. Nada primero; que cada uno diga lo que quiera a continuación; una reacción tardía del secretario Abruj que debió volver sobre sus pasos y luego el intento de recomponer la línea de Peña y Garavano. Macri llegó tarde y poco creíble para reconocer lo obvio: que estaba en contra del fallo, cuando ya el Congreso había salvado las papas. Es más, Cambiemos apoyó un proyecto de reforma a la ley de la Corte que no era el suyo. y que a decir verdad ni siquiera tenía un borrador.

Macri perdió la iniciativa política que había recuperado tras el 1A y dejó la impresión en el ciudadano de que la política de derechos humanos no es su fuerte. Aquel tropiezo con el feriado del 24 de marzo podría ser una buena muestra.

La oposición volvió a mostrar que no le falta habilidad para sacar rápido provecho. Convirtió el fallo en un "pacto secreto" entre la Corte y el Gobierno para liberar genocidas y se adueñó de la marcha en repudio.

No importa que lo peorcito del cristinismo en retirada haya sido de lo mas reluciente, aunque fueron cientos de miles las personas que asistieron y los organismos de DDHH no precisamente estuvieron de acuerdo con aquella chicana que asocia a Macri con la dictadura.

Si al presidente le sobraban problemas -mientras analistas, economistas y observadores machacan respecto del tan demorado arranque de la economía- el dato del INDEC sobre la inflación de abril cayó como un baldazo.

No sirve decir que ahora el organismo no miente. La medición superó incluso a la del Congreso, de varias consultoras independientes y a la de la mayoría de las provincias que miden el alza de los precios. Con un equipo económico donde a estas alturas son muchas las voces y pocos los resultados, y las internas y embestidas contra el titular del BCRA están subidas a cualquier otra discusión, al Gobierno se le hará cuesta arriba presentar un panorama social menos complicado cuando llegue el momento de las elecciones.

Un solo dato: para que se cumpla la pauta del 20%, corregida, para todo 2017, la inflación no debería superar el 1% en los siete meses que restan. Imposible si además todo el mundo está indexando salarios, alquileres, precios y créditos hipotecarios por la inflación pasada, no la que supuestamente viene. Así no hay bolsillo que aguante.

La otra pésima noticia para Macri es la nueva denuncia contra Gustavo Arribas. En el Gobierno provocó un tembladeral y de nuevo la estrategia fue el silencio o excusas como que "no hemos leído el expediente oficial". Por si fuese poco Carrió, apareció Ocaña, quien se sumo el jueves a Cambiemos y ya el viernes pateó el tablero y pidió la renuncia del sospechado jefe de los espías.

Macri, en aquellos diálogos de intimidad, suele decir que no tiene paz. La verdad es que razón no le falta.

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