Macri, Cristina, y el 2019

9/12/2017 | 23:48 |

Por
Eugenio Paillet

   El presidente se fue a su descanso de finde largo en una estancia de las sierras de Córdoba envuelto en el silencio que premeditadamente decidió asumir frente a la nueva, y probablemente explosiva, situación judicial y política de Cristina Fernández. Un objetivo central y de mucho más largo plazo que la coyuntura, es el que animaría esa estrategia del mandatario que parece acompañar todo el gobierno. Salvo, breves capítulos a cargo de Marcos Peña, que con una ancha sonrisa insistió el jueves que "todos los argentinos somos iguales ante la ley". O la del ministro de Justicia, Germán Garavano, que habló de un punto mucho más concreto y preciso en torno a aquel mutis por el foro de Macri y los planes subterráneos que corren a la par. Dijo que para el gobierno no están dadas las mínimas condiciones para avanzar en el desafuero de la flamante senadora.

   Aquella estrategia de más largo plazo que justifica de movida este estudiado silencio es enfrentar a Cristina Fernández en 2019 por la presidencia. Macri quiere verse cara a cara con su enconada rival cuando llegue el turno de ir a las urnas que tendrán curso dentro de poco menos de dos años. Ese es, aseguran en importantes despachos del gobierno, el más ambicioso objetivo de largo plazo. Y por la misma razón vuelven recurrentes a un análisis que ya han hecho en oportunidades anteriores, y que reafirmaron esta semana cuando el presidente fue avisado de manera reservada unas doce horas antes de los acontecimientos, que el juez Bonadio se aprestaba a pedir el desafuero y la prisión preventiva de Cristina y de otros varios dirigentes y funcionarios de la administración anterior.

   "La escena esta donde más nos conviene que esté, con ella libre", decía en la noche de ese jueves un funcionario con despacho en la Casa Rosada luego de escuchar la conferencia de prensa de la ex presidente, y con la mira puesta en la marcha de aliados del kirchnerismo y la tradicional izquierda todo terreno en la Plaza de Mayo. Se explican por si hace falta: el gobierno reafirma que la situación judicial de la doctora no es un resorte del Poder Ejecutivo. Es una decisión del Poder Judicial que debe componer o descomponer el tercer poder constitucional que es el legislativo. Con el añadido para nada inocente que entre esas idas y vueltas, Macri tiene y tendrá seguramente desde ahora mismo a una Cristina instalada fuertemente en la escena, con sus recurrentes diatribas hacia el presidente, los fantasmas de una operación política y judicial para perseguirla a ella y a todos los que en este país piensen distinto del oficialismo.

   Un discurso que a juicio del gobierno no prende en la clase media que mayoritariamente votó a Cambiemos en octubre, ni a los sectores medios bajos o de segmentos más acomodados. Podría caberles algo de razón, más allá del malhumor de algún segmento de la pirámide social por los nuevos aumento de tarifas y combustibles y el polémico proyecto de ley de reforma previsional, a poco que se repase la composición de quienes marcharon el jueves por la tarde para reclamar "libertad a los presos políticos" o "el fin de la persecución de la dictadura macrista", como rezaban algunos cartelones. Allí hubo kirchnerismo residual, cristinismo recalcitrante, la izquierda tradicional y los siempre afines organismos de derechos humanos. No movilizaron gobernadores del peronismo, ni sindicatos, ni movimientos sociales. A tener en cuenta.

   Aquel acomodamiento de la escena a los intereses mediatos y a futuro de Macri se recuesta además en un dato de la realidad al que el gobierno mira con indisimulable simpatía: el Senado tiene en sus manos el destino de la ex presidente, y nada parece indicar que la decisión del senador Miguel Pichetto, convertida en doctrina, de no desaforar a ningún colega salvo que exista una condena firme de la Corte Suprema de Justicia, vaya a ser modificada. "Nosotros de nuestro lado no vamos a mover un dedo", se sinceró un senador clave de Cambiemos con prosapia macrista.

   En la Casa Rosada se explayan más allá de "la estrategia del silencio" y de dejar que las aguas corran. Cualquier maniobra judicial o parlamentaria que facilite el desafuero y termine con Cristina presa, manchado por la más mínima mácula de ilegalidad de procedimientos, solo la convertiría a ella en víctima y alimentaria todavía más su verba inflamada del jueves, donde para empezar ya ha llamado a una resistencia política. Que habrá que ver qué significa esa amenaza o como escala en el tiempo. Con más razón si ella debe dedicarse desde este lunes antes que nada a lidiar con Bonadio y sus acechanzas de mandarla presa que con su rol en un Senado que, pruebas al canto, claramente le ha vuelta la espalda.

   No todo es especulación. En despachos del gobierno y hasta en la mesa chica que rodea a Macri han expresado en privado más de una duda sobre el fallo del juez Bonadio. No son pocos a la vez los que sostienen que el contenido del fallo, y la figura misma del juez federal ("es peronista, no se olviden", avisan interesados), no son sino una parte de una interna más amplia que ahora mismo tiene enredado al peronismo mientras el desembarco de Cristina en el senado no augura vientos favorables a una rápida renovación. El problema --lo dicen los propios peronistas-- es que 2019 queda cada vez más cerca...

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