Columnas.

Posverdad, Posnavidad

Por: Guillermina Rizzo

   ¿Recuerda cuándo fue el momento en que descubrió que Papa Noel no era quien le traía los regalos? ¿Recuerda la sensación que lo invadió cuando supo que las cartas que había escrito por años, que los dibujos que había garabateado nunca fueron recibidos por el Señor del trineo?

   ¿Y su familia? ¿Cuántas estrategias emplearon para sostener la ilusión? Los esfuerzos se desvanecían el día en que la verdad era develada.

   Tal vez los padres, un hermano mayor un tanto “resentido” por el mismo engaño, o tal vez compañeros de escuela y amigos del barrio que, acreditando cierta madurez y alardeando la posesión de valiosa información, le espetaban en su cara: “Papá Noel no existe”.

   Un hecho objetivo en contraste con una mentira; una realidad manipulada y construida.

   Platón, con excesivo idealismo sostenía que la verdad “está ahí”, al margen de las opiniones, y “está” aunque nadie crea en ella. A pesar de ello, la contracara es que la mentira también subsiste, y aunque no describa la realidad o prescinda de ella, “opera” en cada cabeza, viviendo y sobreviviendo, construyendo y sosteniendo relatos. ¡Si! como Papá Noel.

   Según el Diccionario de la Real Academia Española, posverdad es la “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. De esta manera entre la verdad y la mentira hay un espacio “turbio” que escapa a ambas definiciones y conceptos.

   Posverdad, concepto “de moda”, explica la tendencia en la creación y proliferación de argumentos, discursos y relatos, en los que la objetividad perdería importancia pues lo relevante sería que lo que se afirma, se narra, se relata, se argumenta, encaja, se ajusta o acopla con el sistema de creencias, generando así bienestar.

   La Psicología, muchos años atrás, hizo referencia a la creación de estos “hechos alternativos”, mentiras emotivas o posverdad bajo el concepto de “disonancia cognitiva”. Estado de tensión y conflicto interno que se da cuando la realidad choca con las creencias propias: situación que se resuelve gracias a la manipulación de la realidad para mantener el equilibrio y evitar angustias.

   Para los católicos, la Navidad es un día especial; de acuerdo con lo que relata la Biblia, es el nacimiento de Jesús. Fecha de celebración y de pausa, de reflexión y de encuentro; tiempo de espiritualidad y armonía.

   ¿Navidad o Posnavidad? ¿Distorsión deliberada de una fiesta religiosa o mentira emotiva para lograr bienestar?

   Pareciera que el mandato es llegar a esta celebración feliz, como dicen ahora “bien arriba”, y en este vertiginoso ascenso, los saludos se multiplican automáticamente con un simple clic de teléfono, saludos que en ocasiones no son sentidos, son cumplidos.

   Y en esta distorsión la gente corre, no para llegar a un pesebre; la carrera, la posta, se inicia en el cajero automático, pasa por las góndolas del supermercado, paradas en comercios para culminar atiborrando la mesa con alimentos y el árbol con regalos.

   Los saludos no sentidos, los apretones fugaces que nunca se convertirán en abrazos, la exageración en las comidas, el desborde de bebidas, juguetes, ropa, perfumes, tecnología, regalos excesivos, devienen así en argumentos y en mentiras emotivas, en consuelos temporales de conflictos más profundos.

   De la distorsión a la ceguera hay unos pocos pasos. Navidad es nacimiento, día propicio y a veces hasta con dolor, para dar a luz nuevas actitudes, nuevos modos de entablar vincular y también para situar puntos finales. ¡Feliz Navidad!