Notas y comentarios.

Una crucial cuestión de poder

La columna dominical de Eugenio Paillet, periodista de La Nueva. acreditado en Casa Rosada.

Por: Eugenio Paillet

   Optimistas sempiternos, los hombres que rodean al presidente recuperan el buen talante que los acompañaba hasta hace un puñado de días cuando suponían que el paquete de leyes reformistas que mandó Mauricio Macri al Congreso iba a ser casi un trámite.

   Esperaban resistencias, dicen ahora, pero no del tamaño de lo que se vio dentro y fuera del parlamento el jueves 15 y el lunes 18. Un aquelarre de tal magnitud que ellos mismos reconocen -apartándose un tramo de la falta de gimnasia y hasta de la inocencia que los caracteriza cuando se ven cara a cara con lo más sucio de la política- que pudo poner la institucionalidad al borde de la disolución. 

   Con el diario del lunes en la mano bien pueden admitir esos  hombres que lo que aquí hubo fue un intento liso y llano para derrocar al Gobierno. Un supuesto que bien podrían haber morigerado en el impacto social y mediático que tuvo, y que generó tanta zozobra si hubiesen escuchado antes las advertencias en reserva y con algunas frases públicas que venía haciendo Elisa Carrió.

   Recuperado algo el aliento, en el Gobierno pregonan a los cuatro vientos luego de las jornadas de violencia extrema que se vivieron, incluso en el interior de la cámara de Diputados, el dato que a estas horas más les interesa resaltar. "Demostramos que tenemos el poder, porque ésta no era una cuestión de si la ley es buena o mala, era un desafío al poder del presidente".

   Ese análisis, que lideró todas las reuniones, hizo hincapié en un dato que es una aceptación extendida aún en los funcionarios políticos menos exaltados del oficialismo. "Sin esa demostración (de poder) peligraba el gobierno, Macri demostró que no es (Fernando) De la Rúa, que es lo que buscan instalar el cristinismo y sus aliados", dijo una alta fuente. 

   Como ejemplo, puso aquella orden sin derecho a discusión que Macri le transmitió a Emilio Monzó cuando arreciaban los reclamos del bloque que responde a Cristina Fernández. "No se levanta la sesión, que hablen todo lo que quieran, pero la sesión no se levanta hasta sancionar la ley", aseguran que fue casi textual esa directiva presidencial que el titular de la cámara cumplió a rajatabla. 

   Esos mismos hombres invitan a mirar toda la película y no sólo la foto. Sostienen que, en ese caso, se podrá apreciar de punta a punta el largo intento que viene haciendo el cristinismo duro con su jefa a la cabeza desde que perdieron las elecciones de octubre, y aún desde antes para esmerilar el poder del presidente. Para mantener activo, como se vio en las pancartas de esos días, el "Club del helicóptero".

   Afirman que la ley que calcula los haberes de los jubilados era y es la nave insignia de todo el paquete de reformas que mandó Macri al Congreso. Pero reniegan de quienes le echan todo el fardo a ese proyecto para justificar la violencia golpista que acechó a los argentinos aquel fatídico lunes, que de milagro no dejó muertos. 

   Que es, vale apuntar y lo ha dicho el propio presidente, lo que buscaban los grupos de choque de La Cámpora y los partidos de izquierda que lapidaron a 400 policías desarmados por el insólito fallo de una jueza de Justicia Legítima. "El que tira una piedra de este tamaño (y abre toda su mano derecha) sabe que puede matar", dijo Macri.

   "No hay en la historia argentina una ley de jubilaciones que sea buena, son todas malas cuando hay que corregir un sistema que nos lleva a la quiebra; la sociedad se pone en contra, pero si no era esa ley, hubiese sido otra. El plan era corroer el poder del presidente y obligarlo a renunciar", dicen los voceros. 

   ¿Quienes, según el gobierno, estaban y seguirán estando en ese combo destituyente?

   No es nuevo, pero para el ala política dura del macrismo no hay duda de que allí conviven Cristina y los fanáticos de La Cámpora, intendentes bonaerenses que han perdido el rumbo, y la izquierda de todo pelaje, algunos de cuyos miembros, según informes en manos del ministerio de Seguridad, recibieron entrenamiento en "guerrilla urbana" en un campo del interior de Santa Fe por parte de viejos militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez de Chile, Sendero Luminoso de Perú y las FARC colombianas. 

   Y el massismo. "¿Se dan cuenta por qué lo bauticé 'Ventajita'?" pregunta Macri. El Gobierno cree que, desde su derrota en octubre, el tigrense perdió la brújula y anda a la búsqueda de un nuevo rol protagónico. Y que por esa razón se alió a Cristina y a la izquierda en el Congreso. Supone que podría ser el nuevo líder del peronismo kirchnerista "pero racional, no golpista", y con eso discutirle más cerca de 2019 el liderazgo a la propia Cristina.

   Mientras el peronismo federal que ya abandonó a su jefa, especula, sigue enredado en su búsqueda de una renovación que le permita acomodarse detrás de un nuevo jefe. A cualquiera de esos peronistas que se lo consulte, empezando por Miguel Pichetto, obviamente descartan de plano que Massa pueda, ni de lejos, cubrir ese casillero. 

   Quedaron algunas heridas que deberán ser zanjadas. Con Horacio Rodríguez Larreta, por su pacifismo a ultranza. Y con Carrió. Para algunos hombres del presidente Lilita cruzó una raya que puso en duda desde adentro la autoridad presidencial que sus enemigos buscaban erosionar desde afuera.