Columnas.

Que no te enloquezcan

Por: Guillermina Rizzo

    Hombres y mujeres; niños y adolescentes están justificados: homosexuales y heterosexuales; jóvenes, maduros y ancianos; jefes y empleados; deportistas, artistas, científicos, artesanos. ¿Políticos? Están en la cima del podio. La lista es interminable, y seguramente en minutos más, estará haciendo su propio ranking.

   Tal vez a usted le pasa, o es testigo, o es víctima. Si le gusta observar conductas, le aseguro que la persona en cuestión es fácilmente detectable. Pero…

   Pero, conjunción, origina una contraposición entre dos opciones para matizarlas, ampliarlas o confrontarlas.

   ¡Ahora sí! ¿Se dio cuenta? El dicho popular que grafica a estos seres es “haz lo que yo digo ‘pero’ no lo que yo hago”. Los ejemplos se pueden traducir por la misma cantidad de personas o conductas, le aseguro que descolocan en cualquier entorno.

   Seres que se dicen generosos, pero es imposible obtener una colaboración monetaria; expresar que determinado lugar de esparcimiento es “una porquería” pero es cliente permanente del mismo; asegurar que un banco está al borde de la quiebra, pero continuar depositando ahorros.

   ¿Cómo convivir e interactuar con personas ambivalentes y contradictorias? ¿Conductas inconscientes o ventajosa estrategia?

   Pensar, sentir y actuar “en consecuencia” es lo esperable. De acuerdo con el grado de concordancia entre estas áreas, advertimos una gama de conductas que van desde la coherencia a la incoherencia.

   Acción, actividad, actitud, se emparentan y están compuestas por tres elementos o planos muy diferenciados: afectivo, cognitivo y conductual. A grandes rasgos, el primero representa sentimientos en contra o a favor de algo o alguien; el segundo comprende conocimientos, datos, creencias que se posee en general y sobre algo específico; el último es la tendencia a actuar y reaccionar de determinada forma ante algo o alguien.

   Cuando estos factores operan de forma ilógica, desarmonizados, originan las conductas contradictorias y ambivalentes como consecuencia de tal disonancia.

   En Psicología establecemos una diferencia entre aquellas personas en las que la ambivalencia es un “cóctel” de sentimientos encontrados y en ocasiones hasta esperables y normales, y entre aquellas personas que deliberadamente, adrede y en ocasiones hasta con alevosía, dicen una cosa, sugieren algo y actúan de manera totalmente opuesta.

   La valencia define la atracción o la aversión tanto por una persona, objetos o situaciones, así se habla de valencia positiva y negativa. Amor y odio, alegría y tristeza, euforia y parsimonia, son conductas ambivalentes por la simple y compleja coexistencia de sentimientos y estados con valencias positivas y negativas respecto de un mismo elemento.

   “Lo amo, pero no me conviene”; “la extraño, pero no la llamo”; “debo ayudar, pero me resulta imposible”, son típicos ejemplos de ambivalencia. Cuando un comportamiento contradictorio transita hacia puntos extremos puede estar relacionado a trastornos mentales tales como psicosis, neurosis obsesiva y esquizofrenia.

   Las paradojas, contradicciones y ambivalencias son parte de la estructura psíquica, son inherentes al ser humano, la reiteración o la permanencia cuando se torna sintomática debe ser atendida.

   Distinto es actuar forma ambivalente adrede, enmascarando intenciones y persiguiendo metas. Nunca falta la sugerencia que termina convirtiéndose en obstáculo, el consejo que culmina en estrepitosa caída o el golpecito en la espalda que arroja al abismo; en esos casos habrá que “hablar el lenguaje del interlocutor ” y hacer exactamente lo contrario.