"Era demasiado perfecto para seguir estando en la Tierra"

"Era demasiado perfecto para seguir estando en la Tierra"

27/11/2017 | 09:00 | A poco de cumplirse diez años del asesinato de Fernando Calvari, su madre describió la forma en que soporta el dolor por la pérdida de su hijo. Por el caso hubo tres condenados.

"Era demasiado perfecto para seguir estando en la Tierra"

El crimen se produjo en Maldonado al 2000 y Alicia Schulmeister comentó que ese día su hijo no debía estar allí.

“Todos los días tengo que pelearla para seguir viviendo. Y cuesta... Más cuando vienen estas fechas. Ya en noviembre me empiezo a bajonear un poco, porque se aproxima la fecha del aniversario, y se vienen las Fiestas. Él siempre pasaba Navidad conmigo. Son pequeñas gotitas que vas sumando, y llegado el día te afectan mucho. Hace díez años que llevó el dolor y lo voy a seguir llevando hasta la muerte, pero igual la voy a seguir peleando”.

Alicia Schulmeister expone su dolor de madre, incluso en el lenguaje gestual de su rostro mientras va elaborando las oraciones.

“Fernando era el mayor. Tengo dos hijos varones menores que él. Uno está en Mar del Plata y el otro vive arriba de un camión, como también lo hace el padre. Cada uno lo lleva como puede”, dice, mientras la tristeza se apodera de su rostro.

Fernando Javier Calvari (29) falleció el 18 de diciembre de 2007, al día siguiente de haber sido baleado en la cabeza, luego de ser asaltado frente a la despensa ubicada en Maldonado 2049, de Villa Nocito, mientras trabajaba como repartidor de bebidas de la empresa Puerta del Sur.

“Fernando, en ese momento, llevaba cien pesos. Es que había hecho sólo un cliente y había ido ahí para hacerle un favor a un amigo, ya que a él le habían dado otro reparto. Ese negocio era cliente suyo, pero ese día no le correspondía ir. Sólo fue para dejar un cajón de cerveza”, recuerda Alicia.

La mujer comentó que “Fernando estuvo nueve años en pareja, y tuvo dos preciosos hijos del corazón. Esos vínculos se mantienen muy poco, porque ella rehizo su vida y los chicos se hicieron grandes. Por ahí me he encontrado con la nena”.

El tiempo suele ir atenuando el sufrimiento de semejante laceración.

“Cuesta muchos años volver a reirse. Porque todos los días tenés que ir aprendiendo un poquito a vivir con lo que te pasó. Yo fui al psicólogo y al grupo Renacer... El grupo me ayudó mucho. Ellos fueron los que me marcaron un poco cómo me iba a ir, porque pasaron exactamente por lo mismo que pasé yo: padres que perdieron hijos. Ahí aprendés a vivir, día a día, con el dolor y la pérdida”, reconoce.

Por sus intervenciones en el hecho, el 1 de septiembre de 2010, el Tribunal en lo Criminal Nº 2 condenó a Gustavo Fabián Salvatierra, apodado “Ponja”, a la pena de quince años de prisión; mientras que siete años antes, ese mismo monto de pena había sido acordado para sentenciar a Mario Adrián Pinilla, a la vez que en ese mismo trámite a Maximiliano David Mera se le impusieron doce años de cárcel.

La situación procesal de Salvatierra se definió por separado, ya que en primer momento había sido liberado por falta de mérito, aunque luego el Tribunal de Casación provincial ordenó su detención, y en los primeros días de septiembre de 2009 se presentó en una fiscalía de Tierra del Fuego para ponerse a órdenes de la justicia.

“Los dos primeros juicios fueron abreviados. En eso saltó el tema del seguro y como nosotros no entendíamos nada, un hijo trajo a un abogado. Él fue, pidió la causa que llevaba el doctor Long y nos dijo 'está tan bien investigada la causa, que si (la víctima) hubiese sido el hermano de Long no hubiera podido hacerla mejor. No se molesten en poner un abogado y ahórrense esa plata'”, mencionó Alicia.

Testigos

El trágico suceso se produjo frente al local de una familia boliviana, que suma alrededor de dos décadas en el lugar.

“Ese día en el negocio estaba mi hija, que ahora vive en Neuquén, y yo justo llegaba del Centro. Dentro del negocio estaba uno de los muchachos y entró una mujer y dijo lo que había pasado. Cuando salí ví que el muchacho (por Calvari) tenía la cabeza fuera de la ventanilla, y sangraba. Luego vino la policía y se lo llevó la ambulancia. No sé porqué lo mataron, si ya tenían la plata”, dijo Alicia Arnez Montaña, quien vino hace diecinueve años de Bolivia, para reencontrarse con su marido.

Ana Mansila, comerciante del lugar, señala que Arnes Montaña no quiso declarar y “a mí, no se quién, me llamó a declarar como que yo había visto o había dicho que había visto; pero nunca vi nada y nunca dije nada. Tuve que ir ante el Tribunal, pero para decir lo que le dije a usted, que nunca vi nada, porque estaba trabajando”.

La mujer asegura que “escuché un impacto y la señora que estaba conmigo salió, miró y dijo 'le pegaron un tiro al camionero', pero yo nunca me acerqué... Nosotros sentimos los pasos de personas que pasaron corriendo, pero no vimos quiénes eran porque acá (señalando hacia una ventana) está todo empapelado y aquella está con góndolas. No vimos quién fue”.

La actitud de la comerciante boliviana, aún hoy, provoca cierto encono en algunos vecinos.

Alicia Schulmeister, más que una impresión tiene alguna información sobre ese comportamiento.

“A esa mujer la tuvieron que ir a buscar con la policía durante el juicio a Salvatierra. Creo que fue muy presionada porque tenía todo el entorno familiar de estos chicos alrededor de ella. Por eso, llegado el día del juicio, cuando tuvo que declarar negó todo. Dijo que no vio nada ni a nadie. Yo tuve una compañera de trabajo que vive por ahí que me decía que el entorno de esos chicos la tenían todo el día a maltraer”.

Según Schulmeister, la comerciante “cuando sucedió (el homicidio) fue una de las primeras testigos en presentarse en la fiscalía y luego llegó a negar hasta su propia firma cuando tuvo que declarar en el juicio. En ese momento, el propio abogado de Salvatierra dijo 'bueno, con esto se termina' y se levantó”.

El recuerdo de su hijo parece querer volver a iluminarle el rostro

“Fernando era un pibe hermoso. De cara y de alma. Ahora, andate cuando se enojaba. Era un chico divino. Sano, fuerte, trabajador, amaba a sus hijos. Se ve que no era para seguir estando con nosotros. Siempre digo que era demasiado perfecto para seguir estando en la Tierra”.

Ella sabe que esa imagen la acompañará el resto de sus días, muy pegada al dolor que la lacera. Pero también sabe que tiene otros hijos y nietos por los que seguir peleándola.

“Un día vino mi nuera y me dijo: 'Alicia, nosotros seguimos estando; y las nenas siguen estando'. Y es así”.

En definitiva, así es como esta madre bahiense soporta la pesada carga de la pérdida de un hijo.

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