OTRAS VOCES

Latinos en Estados Unidos

26/11/2017 | 08:05 | Escribe Emilio J. Cárdenas

La población “hispana” en los EUU es bien importante. Al cierre del 2016, ella conformaba el 18% de la población total de ese país. Algo menos de la quinta parte, entonces. Hablamos de unas 58 millones de personas de ese origen que residen en los EEUU. Son el segundo grupo racial o étnico, que está sólo detrás de los eufemísticamente llamados “blancos”.

Desde el año 2000 ellos han sido efectivamente el gran dínamo del crecimiento poblacional de los EEUU. Ese crecimiento, sin embargo, está desacelerándose, porque el flujo de inmigrantes mexicanos a los EEUU se ha revertido claramente y hoy son más los mexicanos que se van de regreso a su patria, que los que llegan para quedarse en los EEUU.

Los “hispanos” crecen hoy en el país del norte al ritmo del 2% anual, mientras ahora los asiáticos lo hacen al 3% anual. Hoy los mexicanos conforman el 63,3 de la población “hispana” total norteamericana. Son unos 36 millones de personas. Casi todos hablan español en sus casas. Y la enorme mayoría habla también inglés, con alguna soltura.

Hay, además, en los EEUU unos 5.370.000 portorriqueños; unos 2.110.000 cubanos y otro tanto de salvadoreños; unos 1.090.000 colombianos; 1.800.000 dominicanos; unos 1.380.000 guatemaltecos; unos 800.000 españoles; y unos 700.000 ecuatorianos. También unos 275.000 argentinos.

Se concentran en California, donde vive en 39% de ellos. Le siguen, Texas (con 10 millones de hispanos), Florida (con 5 millones de hispanos), Nueva York (con 3,7 millones de hispanos), Illinois (con 2,2 millones de hispanos), Arizona (con 2,1 millones de hispanos); y New Jersey (con 1,8 millones de hispanos). Luego vienen Colorado, Nueva México y Georgia, en ese orden, con un poco más de un millón de hispanos, cada uno de estos tres estados.

Condecoraciones

El presidente de Francia es –entre otras cosas- el Gran Maestre de la Orden de la Legión de Honor, la condecoración más conocida y prestigiosa otorgada por el Estado francés desde 1802, en tiempos de Bonaparte. Por esa razón ha comenzado el procedimiento necesario para excluir de la orden mencionada al desprestigiado cineasta Harvey Weinstein. Al hacerlo, ha abierto una verdadera Caja de Pandora. Hay algunos condecorados que no debieran haberlo sido nunca y que, en rigor, hoy son casi una suerte de deshonra para el gobierno que los condecoró. Entre ellos, el sirio Bachar al-Assad, que alguna vez posibilitara el regreso de Rafic Hariri a la primera magistratura del Líbano.

Ningún dictador debiera ser condecorado. Ni por Francia, ni por nadie. Pero la realidad no es así. En el mundo en que vivimos, algunos de ellos reciben honores que no debieran. También entre nosotros. Basta recordar la conducta grotesca de Cristina Fernández de Kirchner respecto de Hugo Chávez. Ella no fue sorprendente por aquello de “dime con quién andas y te diré quién eres”. Pero Hugo Chávez estaba muy lejos de merecer y poder recibir premios y designaciones argentinas. De allí que la revocación de la condecoración deba ser aplaudida.

La renovación de la legión de honor ha sucedido. Respecto del cineasta Harvey Weinstein, por las acusaciones de acoso sexual. Con relación al modisto John Galliano, por sus insultos antisemitas. A lo que se suma el caso del ciclista norteamericano Laurence Amstrong por haber recurrido a estimulantes prohibidos.

La moraleja es simple. La concesión de condecoraciones debe siempre hacerse con un criterio restringido. Para así “valorizarlas”. François Mitterand concedió más de 48.000 veces la Legión de Honor. También Jacques Chirac. Y Nicolas Sarkozy y François Hollande, cada uno más de 17.000 veces. Parece mucho. “Quienes son totalitarios o autoritarios, no debieran ser siquiera candidatos. Conferirles una condecoración es un error que equivale a pisotear la libertad y darle la espalda a la democracia. Grueso, entonces.

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