OTRAS VOCES

Una maravilla llamada Taiwán

19/11/2017 | 08:25 | Escribe Emilio J. Cárdenas

La República de China, entre nosotros bastante más conocida como “Taiwán”, tiene una superficie de unos 36.000 kilómetros cuadrados. Esto es, su tamaño es de apenas una décima parte del tamaño de la Provincia de Buenos Aires.

Es –sin embargo- el 17º exportador del mundo, lo que es un verdadero milagro comercial. Y es, además, una de las principales potencias del mundo en materia de tecnología informática y de comunicaciones.

El ingreso nacional per cápita taiwanés está en un orden de 23.000 dólares anuales.

Su PBI nominal es del nivel del sueco o del argentino, pero cuando el mismo es considerado sobre una base “per cápita” está en cambio en los niveles de Alemania o Australia.

Con un perfil económico de nación avanzada, el sector de los servicios conforma el 62% de su PBI, la industria el 35% y el sector rural apenas un 1,8%.

Sus sectores de la bío-tecnología y farmacéutico son realmente “de punta”. Lo mismo puede decirse del de la fabricación de máquinas y herramientas inteligentes. Y del de la generación de energía limpia o verde.

En la ciudad de Taoyun se ha desarrollado un potente centro de investigación y desarrollo de tecnologías inteligentes de gran nivel, que funciona con una conexión clave y profunda con las empresas tecnológicas norteamericanas del Valle del Silicio, en California. Un perfil, queda visto, moderno y una economía estable y pujante.

En materia educativa Taiwán tiene un sistema obligatorio, que dura doce años. Uno de sus capítulos más atractivos es el conformado por sus 145 universidades y colegios universitarios.

Los gastos en materia de educación, ciencia y cultura conforman el 19,5% del presupuesto. Por todo esto, la alfabetización es del orden del 98,6% y el capital humano de gran calidad.

En Taiwán hay un sociedad que vive en libertad y conectada con el resto del mundo. Hay allí más de tres mil agencias noticiosas. Y la penetración de la televisión por cable es del 90%. Como corresponde a una democracia vibrante.

Singapur y Nueva Zelanda tienen acuerdos comerciales profundos con la República de China y comparten su liderazgo en múltiples sectores de la producción de bienes y servicios.

A lo que cabe agregar que el comercio con la República Popular China es del orden de los 120 billones de dólares anuales, lo que evidencia la existencia de una cada vez más fuerte vinculación comercial e inversora en beneficio mutuo.

El actual status quo a través del estrecho pareciera no tener amenaza inmediata alguna, más allá de las realidades políticas e ideológicas diferentes.

Hoy los ciudadanos de la República de China (Taiwán) pueden circular libremente por el mundo, aprovechando que 160 de los 193 Estados que componen las Naciones Unidas les permiten ingresar a ellos sin requerir para ello visa alguna. Una realidad realmente envidiable. Y merecida.

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