Polonia: la Nochebuena y la Navidad en el país de Chopin

SE RENUEVA UNA FESTIVIDAD

Polonia: la Nochebuena y la Navidad en el país de Chopin

19/11/2017 | 08:11 | El pueblo polaco fue siempre muy apegado a las tradiciones y muy desapegado a las prohibiciones. Ni el régimen comunista logró quitarle relevancia a la Navidad.

Polonia: la Nochebuena y la Navidad en el país de Chopin

Corina Canale

corinacanale@yahoo.com.ar

“Hay regiones de nuestro país donde aún se conservan viejas tradiciones, como cubrir con un mantel blanco las mesas de la Nochebuena y esparcir debajo de este un poco de paja”, le cuenta a “La Nueva.” Dayanna Prieto Millan, de la Organización de Turismo de Polonia.

“Volveremos en 2018 porque nuestra oferta de viajes ha sido muy bien aceptada en este mercado”, agregó la funcionaria de este país que participó por primero vez de la 22ª Feria Internacional de Turismo de Buenos Aires (FIT).

La cena de la Nochebuena es para el pueblo polaco un importante rito que se sigue tanto en las casas de las familias creyentes como en las que no lo son.

En las mesas se pone siempre un plato de más, que simboliza lo bienvenido que será aquel que llegue sin anunciarse. Otros creen que es el plato de Dios.

También se preparan doce diferentes comidas, número que refiere a los apóstoles de Jesús, y la celebración comienza a la hora en que aparece la primera estrella.

Mientras la familia se deleita con los manjares de la mesa navideña, se escuchan villancicos y pastoratki, que son las canciones que entonan los pastores.

Esta costumbre popular se mantiene en las zonas rurales y se extiende hasta el Día de Reyes. Grupos de cantantes van por las casas entonando melodías, bailando y protagonizando cotidianas escenas cómicas.

Los anfitriones agradecen con dulces y pequeños presentes que estas embajadas de cantores populares hayan llevado un momento de alegría a sus casas.

Los grupos se visten parodiando al diablo y a la muerte y cubren sus rostros con máscaras que semejan cabezas de cabras, osos, caballos y animales fabulosos. En las aldeas de los montes Beskidy a los trovadores de villancicos se los llama polaznice, quienes una vez al año compiten en el concurso “Las bodas de Zywiec”, la reunión más antigua de los cantores de villancicos, donde se evalúan sus atuendos pero también la habilidad de éstos de asustar y de hacer llorar de risa a la gente.

También perdura la costumbre navideña de los pesebres, en especial en Cracovia, la vieja capital de Polonia, una tradición que data del siglo XVI.

Los pesebre ya están en los misterios medievales de San Francisco de Asís, quien introdujo en el portal de Belén al buey y la mula, que se agregaron al Niño Jesús, María, José, los Reyes Magos y Herodes.

Con el tiempo las marionetas reemplazaron a las figuras inanimadas, dando origen en el siglo XX a los joselka, con guiones de la poeta de Cracovia Lujan Rydel, que integran su libro El Belén Polaco.

Después del Holocausto y de la Segunda Guerra Mundial, Polonia se convirtió en un país mayoritariamente católico, sin dejar de ser religiosamente diverso.

A la Argentina un grupo de 120 polacos llegó por azar a finales del siglo XIX, cuando por falta de documentos no pudieron entrar a los Estados Unidos. En ese momento nuestro cónsul en Trieste les ofreció venir a Argentina, donde se afincaron en el entonces Territorio Nacional de Misiones.

Años después, en 1901, el Poder Ejecutivo Nacional fundó para ellos la colonia agrícola de Azara, sobre el río Uruguay y en el departamento de Apóstoles.

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