Alimentos: pagamos seis veces más que el valor de producción

EN EL MES DE SEPTIEMBRE

Alimentos: pagamos seis veces más que el valor de producción

18/11/2017 | 08:12 | La cifra promedio surgió de comparar al precio que recibió el productor y lo que tuvo que afrontar un consumidor local por la misma mercadería en las bocas minoristas.

Alimentos: pagamos seis veces más que el valor de producción

Francisco Rinaldi

frinaldi@lanueva.com

Los elevados márgenes que aplican los intermediarios y la presencia de tributos distorsivos que afectan a todos los eslabones de las cadenas comerciales explicarían la enorme brecha de precios entre lo que pagan por algunos alimentos los consumidores bahienses en la góndola y lo que reciben los productores, que en nuestra ciudad fue, en promedio, de casi seis veces en el mes de septiembre.

La cifra surge de comparar los precios finales de 15 alimentos básicos que se pueden conseguir en supermercados y grandes cadenas locales, compilados mensualmente por el equipo de economistas del Centro Regional de Estudios Económicos de Bahía Blanca-Argentina (CREEBBA) y lo que se paga a la producción.

Lo que recibe en dinero el eslabón primario de la cadena surge del Indice de Precios de Origen y Destino (IPOD) que confeccionan desde el área de Economías Regionales de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), lo que se complementó con la consulta directa a algunos productores.

Así las cosas, siempre en cifras promedio, un consumidor bahiense pagó casi seis veces por estos quince alimentos con respecto a lo que hubiera abonado al productor si tuviera opción de comprarle directamente a este (ver cuadro aparte).

En tanto, la participación del eslabón primario en el valor al consumidor del producto fue de apenas el 22,61% en promedio.

Incluso, en algunos casos puntuales, las diferencias son exorbitantes: el productor de zanahoria recibió 1 peso por kilo de producto, aunque el consumidor local tuvo que pagar en el noveno mes de este año unos $ 17,11, lo que arrojó una brecha de precios entre el eslabón primario y el terciario del 1.611% (17 veces), con una participación del productor en el valor final de apenas el 5,84%.

“Esta enorme brecha de precios tiene dos explicaciones: por un lado, los altos costos logísticos y la elevada presión fiscal que afecta a toda la cadena comercial. También la ambición de los intermediados y los distribuidores, que persiguen enormes márgenes de rentabilidad, perjudicando así al consumidor final”, señaló el presidente del área de Economías Regionales de la CAME, Raúl Robín.

Agregó que desde la secretaría de Comercio se está trabajando en la conformación de un Observatorio de Precios con miras a dotar de mayor transparencia a las cadenas comerciales.

Desde el departamento de Economía de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), coinciden en la existencia de intermediarios que “pisan fuerte” en la cadena, pero advierten que la parte del león se la lleva el Estado, a través de una presión fiscal excesiva y que afecta a todos los eslabones.

Precisamente, sobre la incidencia del fisco en el precio final de venta de los alimentos, un estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) señala que, en promedio, el 44% del mismo corresponde a impuestos nacionales, provinciales y municipales.

El resto se distribuye en costos y rentabilidad.

“El principal problema son los tributos que el Estado aplica a todos los eslabones de la cadena comercial, responsables de la mayor parte de las fuertes brechas de precios”, explicó el ingeniero agrónomo Matías Lestani, responsable del departamento de CRA.

La otra parte

Aunque cada cadena comercial tiene sus propias peculiaridades, es una característica saliente de muchas economías regionales (horti y fruticultura, yerbamate, etcétera) el hecho de que los mayores márgenes de ganancia se concentran en los eslabones finales, es decir, en la industria y el comercio minorista.

“Si se deja sujeta a las leyes del mercado, la fijación de precios perjudica claramente al productor”, resumió el titular de la Cooperativa de Productores de Río Colorado, el licenciado en Economía Víctor Pardo.

Acotó que los productores frutícolas “no tienen información fidedigna de precios, lo que beneficia a la intermediación.

“Los productores no conocen los precios de venta con exactitud, lo que beneficia a la intermediación y a la industria, permitiéndoles obtener márgenes de comercialización más altos”, manifestó.

El resultado es la extinción de los pequeños productores.

“En el Alto Valle de Río Negro y Neuquén había alrededor de 9.500 productores. Hoy somos 2.500, por lo que desaparecieron cerca de 7.000 explotaciones que pasaron a manos de las grandes empresas, de modo que hoy explican nada menos que el 70% de la producción de fruta, cuando antes, era exactamente al revés”, destacó.

Para el caso de la manzana, la brecha que separa al precio final de un kilo de manzanas deliciosas en un súper bahiense -unos 44,48 pesos promedio en septiembre- del que cobra el productor ($ 6), asciende al 641,33%. En cifras absolutas, asciende a 7,41 veces.

En la cebolla, la brecha de precios asciende a 6,18 veces o 518,26% a valores relativos.

“Este es un mercado que está regido por la oferta y la demanda. Y en los meses de abundancia de producto, los precios caen en forma abrupta y eso beneficia a los otros eslabones de la cadena, que pueden capturar mayores márgenes”, explicó el responsable gremial de la Asociación de Productores Rurales de Villarino Sur (Aprovis), Eduardo Juárez.

Desde la Cooperativa de Horticultores de Bahía Blanca señalaron que por culpa de los bajos precios recibidos la oferta cae, ya que la rentabilidad del productor se ve seriamente lesionada.

“Cuando la mercadería no vale, la gente deja de producir porque se le hace imposible afrontar todos los costos”, señaló el presidente de la entidad cooperativa local, Aldo Giordano.

Adelantó que un proyecto apunta a juntar a productores y consumidores una vez a la semana en un mercado concentrador, lo que permitiría achicar sustantivamente las brechas de precios que afectan a ambas partes.

“Ahora mismo tenemos bocas de expendio minoristas. Se pueden juntar dos o tres familias, venir en un auto y ahorrar muchísimo dinero, pero a la gente le cuesta un poco. No es sencillo para nosotros luchar contra la comodidad del supermercado”, admitió.

Lestani recuerda que en los casos de productos como las verduras de hoja o los tomates, los eslabones aplican mayores márgenes para compensar parte de las pérdidas que arroja su elevada perecibilidad.

“Este es otro elemento que contribuye a ensanchar la brecha”, explicó.

La unión hace la fuerza

Ante eslabones con mayor poder de negociación, que imponen sus condiciones a productores atomizados y desinformados, la asociatividad bien podría ser la clave para lograr mejores condiciones de venta.

“Es cierto que falta más unión y participación de los productores en las entidades representativas. Es necesario un cambio de visión, hay que aprender a defender nuestros productos de la tranquera para afuera”, se sinceró Lestani.

Mencionó como ejemplo a imitar a las asociaciones de productores australianas, que poseen su propia empresa privada dedicada a la comercialización de trigo en el exterior.

Sin embargo, las distancias y la dispersión propias de nuestro país atentan contra esta posibilidad.

“Los productores son muchos, están desinformados y a veces hay problemas culturales que hacen más difícil la unión”, expresó Robín.

Pese a ello, también hay casos de éxito, incluso en nuestro país.

“Un caso a destacar es de la Unión Agrícola de Avellanada, en la provincia de Santa Fe. Están totalmente integrados y hasta realizan exportaciones de garras de aves a China por su propia cuenta”, ejemplificó.

Pero -prosiguió- en las regiones norte y noroeste de nuestro país no abunda la cultura asociativa, lo que es un escollo para avanzar en ese sentido.

“En nuestro caso puntual, trabajamos con un bien que es muy complejo de estandarizar, con lo cual, la meta de la integración se dificulta mucho más”, señaló Pardo para finalizar.

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