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Cuestión de talles y de prudencia

Es evidente que no todos pueden ser líderes, es real que a veces se menosprecian las destrezas.

Por: Guillermina Rizzo

Tal vez a usted le pasa lo mismo que a mí... Sin darnos cuenta otro año culmina, y en esta última etapa los eventos parecieran multiplicarse. ¡Fiestas! Fiestas de egresados, casamientos, despedidas, reuniones, cumpleaños “de 15”.

Para algunos la el tema del vestuario se torna crítico; están quienes pueden estrenar modelos para cada ocasión, hay quienes sin perder el sueño apelan al clásico atuendo negro e intercalan accesorios; y están quienes apelan “al favor” de familiares y amigos tomando prestado algo.

¿Alguna vez se vistió con ropa ajena? ¿Qué tan incómodo es calzar el zapato del otro?

Si es cuestión de minutos tal vez se puede sobrellevar el hecho de que el traje quede grande, si está previsto que la “fiesta” se prolongue, la situación se tornará incómoda.

Salvando las distancias, sucede algo similar en el mundo del trabajo. En ocasiones desarrollar ciertas tareas cuando no se cuenta con las capacidades es como “andar con un traje que no está hecho a medida”.

¿Durante cuánto tiempo se puede sostener la carencia de capacidades? ¿Prudencia, coraje o irresponsabilidad?

El perfil profesional o laboral hace referencia al conjunto de capacidades que posee una persona de acuerdo con el nivel de formación y al grado de experiencia que ha alcanzado, de forma tal de poder encarar responsablemente y con idoneidad tareas y funciones en un determinado trabajo y/o profesión.

A su vez “el perfil” se amalgama -también divaga- con dos conceptos claves del siglo XXI: “sociedad del conocimiento” y “era de la información”. Tiempos en los que los rasgos distintivos son la aparición constante de nuevos saberes, el desarrollo sostenido de facultades y habilidades tanto intelectuales como sociales, la caducidad de ciertos procedimientos y la aparición de nuevas metodologías.

Es evidente que se requieren nuevos modelos mentales, nuevos mapas cognitivos basados en la innovación, en la generación de nuevas ideas, en la implementación de otros abordajes y la capacidad de abstracción a pleno, máxime si se pretenden lograr resultados.

¿Conocimiento y experiencia se pueden “prestar” como si fueran un traje?

En una época donde la única certeza es la incertidumbre, el concepto de alcanzar resultados se convierte en la pesadilla para muchos y pretender encajar un perfil obsoleto con procedimientos de antaño se convierten en un camino hacia el fracaso.

Si bien desde la Psicología de la Organizaciones o desde la Psicología Institucional como me gusta llamarla, el eje se centró en la persona como actor clave, hoy la balanza se inclina hacia “palabras mágicas” tales como conocimiento, innovación, aprendizaje y formación continua, trabajo en equipo y liderazgo efectivo. Estas son las claves que muchos asocian al éxito.

Sin embargo, tales conceptos hacen referencia a facultades humanas y a perfiles que no están directamente conexos con estructuras, procesos y hasta con tecnologías que las organizaciones emplean.

Es evidente que no todos pueden ser líderes, es real que en ocasiones se menosprecian y niegan destrezas relegando a quien tiene capacidad al final de un organigrama. Es también “histórico” que en ocasiones determinados puesto se adquieren por lealtades y no por habilidades.

Alcanzar resultados y lograr el éxito no es una fórmula sencilla: perseverancia ante los reveses, capacidad, conocimientos, humildad para reconocer errores y reformular, son los primeros pasos. Prudencia; intentar entrar a “la fiesta” por la fuerza, de favor y con ropa ajena, al margen de la incomodidad, ocasiona el riesgo de quedar al desnudo.