Un espaldarazo, pese a todo

23/10/2017 | 08:35 | Una primera lectura del resultado le abre a Macri un horizonte que no sólo le garantiza un tránsito menos escarpado hacia 2019, sino también las propias puertas hacia una nueva postulación.

Por
Eugenio Paillet

La formidable victoria nacional de Cambiemos en las elecciones de ayer le otorga a Mauricio Macri un mandato. No un cheque en blanco.

El Gobierno, que de hecho tendrá mucho más espalda política para llevar adelante las fuertes reformas que se necesitaran en los próximos 24 meses para enderezar definitivamente la economía y que resulte a la vez de beneficio para los que menos tienen, como en el campo laboral o tributario, debería tomarlo en cuenta. Y no caer en la tentación de hegemonismos a los que precisamente parece haber sepultado ayer con la histórica derrota de Cristina Fernández en la provincia de Buenos Aires a manos de un casi desconocido como Esteban Bullrich.

Una primera lectura del resultado de las elecciones legislativas le abre además, a Macri, un horizonte político que no sólo le garantiza un tránsito probablemente menos escarpado que el que le auguró siempre el club del helicóptero hacia 2019, sino también las propias puertas hacia la postulación para un segundo mandato hasta 2023.

El propio presidente no descartó días atrás esa chance, pero a su lado sostenían que todo, el cielo o el infierno, dependía de lo que ocurriera con el dictado de las urnas. La contundencia de la victoria nacional, pero en grado especial en la madre de todas las batallas en territorio bonaerense, parecen despejar definitivamente esa duda.

Los triunfos sonados en provincias como Santa Fe, Salta, Entre Ríos, La Rioja y Santa Cruz, bastiones tradicionales del socialismo en el primer caso y del peronismo en los restantes, con el condimento de la dura derrota del kirchnerismo en la provincia sureña, alcanzarían para sostener con creces aquel nuevo escenario que se abre en la política argentina a partir de hoy.

Lo mismo que la ratificación de una impresión que se ha venido evidenciando en los últimos meses, y que todo indica que se consolida tras los resultados de la que tal vez sea la elección legislativa más crucial desde el retorno de la democracia. Macri, que de eso se trata, iría con paso seguro a demostrar que es posible gobernar con el peronismo en la oposición.

El partido que fundó Perón inicia tras los resultados de ayer tal vez uno de los caminos más difíciles hacia la necesaria renovación de sus cuadros. Le cabe legítimamente la aspiración de conseguirlo para ser opción dentro de dos años, aunque todo indica aunque se trate de política que le esperarían otros seis largos años a la intemperie.

Las derrotas de sus figuras centrales en la elección parlamentaria pone patas para arriba aquella tarea que se suponía en manos de unos pocos referentes como Miguel Pichetto, Juan Manuel Urtubey y Juan Schiaretti. Los tres y algunos más entre gobernadores e intendentes territoriales que tenían esos planes deberían poner las barbas en remojo.

Una Cristina soberbia y desafiante como si hubiese ganado en vez de haber perdido. Que no saludó a su vencedor como corresponde a cualquier demócrata que se precie ni mucho menos reconoció la derrota, como tampoco le entregó el poder a Macri en 2015. Es la misma Cristina que, altiva, avisó ayer que Unidad Ciudadana, y no el PJ, será la primera oposición al gobierno de Macri. “Aquí no se acaba nada, aquí empieza todo”, dijo desde Avellaneda con destinatarios directos hacia adentro más que hacia afuera del peronismo.

La gobernadora María Eugenia Vidal hizo ayer otra formidable demostración de poder territorial y revalida la chapa de referente sustancial de Cambiemos apenas por debajo del propio Macri. Y para algunos hasta abriría alguna inquina temprana con otros aspirantes de la sucesión como Horacio Rodríguez Larreta o Marcos Peña.

Es imposible abstraerse de otro de los datos claves que deja la elección de ayer. El tan bastardeado caso de Santiago Maldonado finalmente no influyó en el resultado ni en la provincia de Buenos Aires, ni en la Ciudad donde arrasó Elisa Carrió, ni a nivel nacional donde Cambiemos terminó de recibirse de una coalición gobernante. Y si alguna incidencia parece dejar es para aliviar las penas y gruesos errores cometidos por el gobierno en toda la saga que para beneficio de quienes medraron con tamaña desgracia.

El ciudadano de a pie, finalmente, no compró el pescado podrido que le quisieron vender durante 80 días con el único y avieso propósito de torcer un destino, el de la arquitecta egipcia, que entra en inexorable picada.

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