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Rusia: muñecas y emoción

En plena época de cambios son las mujeres las que revalorizan la energía femenina.

Por: Guillermina Rizzo

¡Uff! ¡Qué alivio! El suspiro de un país que la parió... Cóctel de sentimientos: ansiedad, temor, tristeza, alegría, emoción, euforia... Lágrimas, cábalas y hasta palabrotas se entrelazan también con los abrazos y con el alumbramiento de un pasaje hacia otro campeonato mundial: Rusia 2018.

Pensar en Rusia es iniciar un camino hacia una cultura remota que albergará sueños de millones de personas. Pienso en Rusia y vienen a mi mente las muñecas rusas.

Ícono cultural. Mamushkas, también llamadas “Matrioskas” son una colección de 5 mujeres que pueden llegar hasta 30. Vestidas con ropas típicas, poseen la característica fundamental que una contiene a la otra como si fueran una sucesión infinita, de la más grande a la más pequeña.

El libro de Dimiter Inkiow narra la leyenda. Serghei, carpintero, en sus paseos por el bosque encontró un hermoso trozo de madera; tras mucho pensar decidió tallar una muñeca a la que llamó Matrioska con la que estableció un vínculo. Al advertir su tristeza le preguntó el motivo, ella le respondió que quería una hija. El carpintero le explicó que debería abrirla y sacar madera, el proceso sería doloroso.

Cuenta la leyenda que la muñeca Matrioska respondió “en la vida las cosas importantes requieren de sacrificios”; así cada muñeca concebida, al cabo de un tiempo expresaba su deseo de descendencia.

Mamushka, Matrioska, Matriona, simbolizan la maternidad y la fertilidad, una dentro de otra, significa que una madre da a luz una hija, la hija a otra hija... Sucesión infinita que trasciende la leyenda y el género.

Mamushka, Matrioska, Matriona, raíz latina “Mater”, madre, mamá, mami, “ma”.

¿Una madre contiene a las generaciones venideras o son las siguientes las que comprenden, intuyen, atesoran, albergan, anidan a ella?

Aún sin llegar a conocer la interminable cadena de antepasados, madre, hija, nieta, abuela, bisabuela... cual gota tras gota, traspasan mágicamente de quién sabe qué remoto y primigenio lugar, colores, sonidos y canciones, costumbres y creencias, recetas y secretos. Mujer a mujer, en un ritual silencioso y estridente, mágico, palpable, también invisible y hasta fortuito.

En pleno cambio de época o en plena época de cambios son las mujeres las que revalorizan la energía femenina, buceando en las concordancias internas, en ese historial de células y experiencias para parir nuevas fortalezas.

Quiero honrar los conceptos de creación y de nutrición que se ponen de manifiesto en madres biológicas y adoptivas, en madrastras, en madres que han perdido a sus hijos, en “madres” que ante la imposibilidad conciben y dan a luz proyectos, ideas, movimientos de cambio, ejemplos, o tal vez estas humildes letras.

Honrar la creación y la nutrición en todas sus formas y variantes, superando el umbral de modelo único y válido, que limita a quien quiere dar vida y a quien quiere nutrir junto a otros.

La maternidad es una función que trasciende lo biológico, no es un rol, y no se aborta ante la imposibilidad de parir, entenderla así es un espacio vació, una muñeca vacía.

Organizar lo doméstico o una ONG, facilitar vínculos en la casa o un club, tejer lazos emocionales y afectivos en una familia o en una comunidad, fundar espacios receptivos en el hogar o en la propia ciudad, son funciones maternas, formas de dar a luz y parir en un siglo cambiante.

Lola, Esther, Lidia, son mi collar, mi espiral, mis muñecas de madera, las que me habitan. Usted, mi querido lector, piense, evoque, rastree y abrace a sus “matrioskas”; como explosión mágica y emocionada diga también ¡Feliz día!