EDITORIAL

Seriedad

Ricardo Echegaray dejó finalmente la AGN (Auditoría General de la Nación) por la puerta de atrás, de la peor forma. Algo que merecía en atención a la falta de transparencia que lo caracterizó en su paso por la administración pública.

Viene a reemplazarlo un hombre del PJ bien formado y serio: Oscar Lamberto. Lo primero que dijo habla a las claras de sus convicciones: “No importa quien gobierne. La función de la Auditoría no es perseguir a nadie, sino hacer un mejor Estado. Uno escribe lo que encuentra”. Más claro, imposible.