188º aniversario de Bahía Blanca

Me gusta estar en casa

Por Maximiliano Palou

   Varias veces me quedé en el sillón de la casa de mis viejos viendo el cierre de transmisión de Canal 7. Y se me hacía inevitable que me rodara un lagrimón.

   El Himno a Bahía Blanca me tiraba encima la nostalgia mientras desfilaban las imágenes de la ciudad en la que nacimos mi abuelo, mi viejo, mi hermano, mis amigos, mis hijas...

   En ese ratito de 4-5 minutos veo:

   -La estación de trenes, que es la llegada de mi abuela desde Buenos Aires. En esos pisos de cemento gris esperábamos, casi de noche, a Chela. Con mi papá, mi mamá y mi hermano. Y otras miles de personas.

   -La plaza Rivadavia, que es la referencia para todos: “frente a la plaza”, “a dos cuadras de la plaza”...

   -La calle Alsina, a donde íbamos a florearnos en la adolescencia, para que nos viera la chica que tanto nos gustaba.

   -El teatro Municipal, que me enseñó sobre la danza, el teatro y la música clásica.

   -La avenida Alem, de la que no tengo un gran recuerdo pero sí un presente que me ayuda a refutar a los que dicen “en Bahía no hay nada”.

   -El portal del Parque de Mayo, que es calesita, circos y paseos en bicicleta... míos y de mis hijas.

   -Y la Universidad Nacional del Sur: orgullo.

   En esta versión no hay imágenes de básquetbol. Pero las hubo en otros cierres de transmisión. Y también fueron motivo de lágrimas. Aquellos clásicos Olimpo-Estudiantes antes de la Liga Nacional... y los de la Liga Nacional. Días inolvidables, cuando los partidos seguían en el café, la esquina, el boliche, en casa.

   Casi siempre estuve en Bahía. Me gusta caminar por sus calles y conocer a su gente. Me gusta saber dónde queda cada cosa. Me gusta estar en casa.

   Me queda menos de lo que ya viví. Y Bahía será mi lugar definitivo. Allá, en la santa loma de este pozo bendito.