Columnas.

Algunas metáforas desafortunadas

Por: Maximiliano Allica

En apenas un año y medio los argentinos podremos calificar en las urnas al gobierno de Mauricio Macri, así como a las administraciones provinciales y locales. Las legislativas marcarán a fuego los siguientes dos años hasta decidir si hay continuidad o cambio, en 2019.

La mejor forma que encontramos los argentinos para dirimir nuestras diferencias políticas es mediante el voto. Llamar a la "resistencia", contra un gobierno elegido hace dos meses y en funciones hace uno, suena desmesurado. Es falso que se trate de una dictadura, como no lo era el gobierno de Cristina. Del mismo modo es falso atribuirse el 49%. Si el kirchnerismo lo tuviera, habría ganado el 25 de octubre. Tampoco es real el amor del 51%, obvio.

El ministro Prat Gay, no conforme con menospreciar a Santiago del Estero y todo el interior con sus parábolas sobre caudillos, habló ahora de grasa militante, en una traducción desafortunada de un concepto económico que alude a eliminar lo que sobra. Alfonso, recordemos, fue presidente del Banco Central al nacer el gobierno de Néstor.

En el Concejo Deliberante bahiense, el oficialismo dijo que el descuento de ABSA del 15% en 5 cuotas tras dejarnos sin una gota de agua dos días es "histórico", para luego matizar aclarando que no hay antecedentes en la Historia. "El idioma es amplio y generoso", le contestaron desde el FPV, que gobernó a la calamitosa ABSA durante la década ganada.

La dialéctica política, como pocas veces, está despegada de la realidad. En el medio, miles de argentinos simplemente queremos agua, luz, trabajo, rutas en buen estado, escuelas sin paro y que no sea gratuito que nos roben nuestros esfuerzos así como así.

Ya que estamos con metáforas desmedidas, me permito una.

Hay una película con David Bowie (qepd), Feliz Navidad Mr. Lawrence. Interpreta a un oficial australiano, prisionero en un campo japonés durante la Segunda Guerra. El jefe del campo maneja todo con rigor nipón, pero tiene una "debilidad": es homosexual y necesita que nadie se entere para no estallar su prestigio. ¿De quién se enamora el férreo comandante? Adivinaron, de Bowie.

Los opuestos se atraen y, a veces, se parecen demasiado.