Los alemanes, esos eternos segundos

Por Maximiliano Allica / Sección La ciudad

Por Maximiliano Allica / mallica@lanueva.com

   En los últimos 35 años, Alemania fue más veces subcampeón que cualquier otro puesto. Es un dato.

   ¿Qué pensarán los alemanes cada vez que salen segundos?

   En 1980, ganaron la Eurocopa, 2-1 a Bélgica la final. Después vendrían dos frustraciones, perdieron las finales mundiales del ’82 y ’86, contra Italia y Argentina. Pero se repusieron y en el ’90, luego de insistir, ganaron la Copa.

   En el medio, en 1988, cayeron en las semifinales de la Eurocopa que organizaron en su propia casa.

   En 2002 perdieron la final del mundo con Brasil. En 2006, ¡de locales!, salieron terceros. En 2010 se les fue otra semi con España… En 2014 sí tuvieron premio.

   Vamos a los partidos decisivos que jugaron en la Euro: segundos de Dinamarca en 1992, campeones ante República Checa en 1996, segundos de España en 2008.

   En resumen: en la Euro, cuatro finales en 35 años, dos ganadas y dos perdidas (casi como Argentina en la Copa América). En los Mundiales, cinco finales, tres subcampeonatos y dos títulos, más dos terceros puestos. ¿Cebollitas?

   Señalemos: en la Euro y el Mundial que organizaron en su casa ni siquiera llegaron al último partido.

   ¿Qué quiero decir? Para ser campeón, hay que ser humilde, sobreponerse a las derrotas y acostumbrarse a jugar todas las finales. Hay que seguir trabajando muy fuerte para llegar siempre al último día. Paremos de llorar.

   Anécdota al margen: tuve la oportunidad de ver en la cancha Alemania-Argentina en 2006, en Berlín, el día que perdimos por penales. Del Estadio Olímpico al hostel había que atravesar toda la ciudad. Con la celeste y blanca en el pecho, y junto a los amigos Diego Seglin, Federico Bravo y Gerardo Tevez, empezamos el camino.

   No solo nadie nos gastó en la tribuna (había como 70 mil alemanes) sino que apenas salimos pasamos por un restaurant y la gente se paró para aplaudirnos. Nos decían que habíamos sido grandes rivales y una excelente hinchada, que nos veíamos de nuevo en Sudáfrica, que ojalá nos vaya muy bien. Lo mismo por todos lados durante esa hora y media que tardamos en volver, con interminables invitaciones a tomar cerveza.

   Ese día aprendí un concepto que, en nuestro país, desconocía. Aquí me he cruzado a buenos y malos perdedores, muchísimos. Pero a muy pocos buenos ganadores. Es decir, aquellos que reconocen al otro, sus méritos y los alientan a seguir. Alemania perdió con Italia la semifinal y terminó tercero. Igual hubo festejo masivo y reconocimiento a jugadores y cuerpo técnico. También, continuidad en el trabajo (Joachim Low quedaría como DT luego de ser ayudante, en ese proceso, de Juergen Klinsmann). ¿Qué hubiéramos hecho nosotros si les ganábamos en nuestro país? ¿Qué hubiéramos hecho con plantel y DT si no ganamos un Mundial hecho acá?

   No digo que me gusta ser segundo. Digo que para ser primero hay que llegar siempre al último día. Es una de las tantas cosas que me enseñó ese pueblo de campeones.