A mis mujeres

8/3/2015 | 00:12 |

Por
Maximiliano Allica

Cuanto más agudo era tu dolor, más nos dábamos cuenta que íbamos a amarnos para siempre. Una vez te sorprendí asegurando que me acordaba las primeras palabras que me dijiste, "Hijito mío". A mí me sorprendió que no te percataras que ya me lo habías contado, que por supuesto no recuerdo ese momento que igual debe estar en algún lugar de mi memoria.

Habías sufrido mucho con el embarazo anterior. La mejor tecnología médica del año '74 te aconsejaba interrumpirlo, pero no lo hiciste y en esa decisión empecé a nacer yo. La nena perfectamente sana te dio coraje, a vos y a papá, para ir por mí tres años después.

La nena tiene un carácter muy fuerte, que escuda su debilidad. Ríe, llora, da órdenes y dice gracias casi en el mismo instante. Llegó a los 40. Es toda una mujer, a punto de ser madre. Ríe, llora, da órdenes, dice gracias. Sufre. No soporto ver a mi hermana sufrir.

En este momento, una de mis amigas está en el hospital. Como un calco del año pasado, otro de sus hijos está internado y su pierna en riesgo por una pelea de bandas en el Noroeste.

El viernes, al pie de la cama de Terapia, me escribió para que no me olvide de organizar algunas cosas que se necesitan y mucho en el club donde trabajamos juntos. Somos presidente y vice. Somos los mismos que hace un año nos encontramos en ese mismo hospital por motivos muy parecidos. Por la violencia, porque no queremos que sus hijos ni ningún otro hijo tenga que salir todos los días a la calle preparado para una guerra de drogas, armas y muerte que se instaló furiosa, mientras algunos eligen mirar para otro lado.

Me contó que se quiere ir de Bahía al menos por un tiempo, que están buscando un trabajo para su marido donde sea, que a Enzo (un volante zurdo de 16 años, lleno de fútbol) lo amenazaron con una cuchilla, que no quiere que sus hijos más chicos corran ningún peligro. "No sé, estoy cansada", me dijo, mientras no descansa cuidando a Víctor.

Yo descanso en mi mujer. Cuando la conocí sabía que me iba a enamorar, pero nunca tuve tan claro lo que sentía hasta que la vi sufrir por primera vez. También fue en un hospital, adonde tuvimos que ir por una tontería que casi termina siendo gravísima.

Me importa que sea feliz, de mí no me importa nada si no es con ella.

Dentro de seis meses será el momento más intenso de nuestras vidas. Cuanto más agudo sea su dolor, más claro tendrán que se amarán para siempre.

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